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4- 5 D 7 LOS DOMINGOS DE Loas al padrecito Alberti. Stalin ha muerto Padre y maestro y camarada: quiero llorar, quiero cantar. Que el agua clara me ilumine, que tu alma clara me ilumine en esta noche en que te vas... Neruda. Camarada Stalin Stalin es el mediodía la madurez del hombre y de los pueblos... Stalin alza, limpia, construye, fortifica preserva, mira, protege, alimenta... N. Guillén. Canción a Stalin Stalin, Capitán, a quien Changó proteja y a quien resguarde Ochún A tu lado, cantando, los hombres libres van... El poeta Rafael Alberti es felicitado por la Pasionaria. Dos compañeros de un largo viaje con un accidentado periplo EFE POÉTICO IDILIO BOLCHEVIQUE A la vez que se llevaban a cabo las más sangrientas purgas, los intelectuales se solidarizaban con la URSS, y María Teresa León alababa las manos blancas, nobles y leales de Stalin a revolución rusa alumbró un tipo radical de cambio social y político cuya naturaleza modélica y universalista movilizó a gran parte de la intelectualidad occidental, que no percibió cabalmente la realidad soviética, sino que la interpretó de forma selectiva en función de las expectativas transformadoras que el ejemplo bolchevique despertaba en cada país concreto. Como en los periplos exóticos emprendidos por los románticos en el siglo XIX, los viajes que los progresistas europeos rindieron a Rusia en los años veinte y treinta se plantearon como una peregrinación hacia una utopía remota que permitía compulsar el grado de modernización de las sociedades de posguerra y sus posibilidades de adaptación a un modelo canónico de sociedad comunista. Los intelectuales y políticos españoles no fueron una excepción. A la experiencia de la corresponsal de ABC Sofía Casanova en plena revolución o las visitas pioneras de Fernando de los Ríos y Ángel Pestaña siguieron a fines de la déca- L Eduardo González Calleja Historiador da los periplos de Julio Álvarez del Vayo, Josep Pla, Rodolfo Llopis o Diego Hidalgo. Aunque algunos mostraron una actitud comprensiva, ninguna gran figura política o intelectual se dejó seducir por el mito revolucionario soviético, que sin embargo se convirtió en catalizador del inconformismo de algunos escritores que comenzaron su andadura literaria durante la Dictadura primorriverista. El compromiso intelectual con el comunismo se vinculó a la difusión de una literatura de acusado tono militante, opuesta al elitismo cosmopolita y deshumanizado de las vanguardias. La URSS alcanzó sus mayores cotas de prestigio en los círculos progresistas de Occidente en los años treinta, cuando Stalin consolidó su tiranía. En la España republicana el compromiso literario dejó paso a la acción política, a través de la multiplicación de viajes a Rusia (como los de Sender y Alberti en 1933- 34) y de asociaciones intelectuales de apoyo, como la Unión de Escritores y Artistas Revolucionarios de España (UEAR) creada en 1933 con el apo- yo de Joaquín Arderius, Alberti, María Teresa León y José Bergamín. En la primavera de 1933 se constituyó la Asociación de Amigos de la Unión Soviética, organización del Frente Antifascista de la que formaron parte Benavente, Victorio Macho, Valle- Inclán, Marañón, Manuel Machado, Concha Espina, Luis Bagaría, José Díaz Fernández y García Lorca. Los jóvenes intelectuales de la generación del 36 frecuentaron revistas de combate como Octubre, dirigida por Alberti y León, sufragada en parte desde Moscú y defensora del arte de masas soviético frente al decadentismo burgués La acción disciplinada, la coherencia ideológica y la proyección internacional fueron los atractivos que impulsaron a estos escritores hacia el comunismo, pero esta penetración en el mundo de la cultura no se tradujo en un incremento de la influencia política del PCE. El giro hacia los frentes populares operado tras el VII Congreso de la Comintern de agosto de 1935 posibilitó un acercamiento de la UEAR hacia los escritores bur- gueses En este nuevo ambiente conciliador se celebró en París en junio de 1935 el primer Congreso Internacional de Escritores, con participación de Álvarez del Vayo, Andrés Carranque de Ríos y Arturo Serrano Plaja. La inmediata disolución de la UEAR abrió el camino a la constitución de la Asociación Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, organización unitaria de la intelectualidad antifascista mundial de cuyo Comité Internacional formó parte Valle- Inclán. El 30 de julio de 1936 se fundó en Madrid su sección española: la Alianza de los Intelectuales Antifascistas para la Defensa de la Cultura, que tuvo como miembros, entre otros, a María Zambrano, Rosa Chacel, Manuel Altolaguirre, Max Aub, Gómez de la Serna, Cernuda, Bergamín, García Lorca o Sender. Se organizaba en áreas temáticas como un ateneo, y mantuvo una intensa actividad cultural y política por medio de manifiestos y charlas antifascistas. En consonancia con la retórica frentepopulista, la búsqueda de tradiciones populares en la cultura española fue un leit motiv que caracterizó la actuación cultural comunista durante la guerra civil. El segundo Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura celebrado en Valencia, Madrid y Barcelona en julio de 1937, en coincidencia con las purgas sobre el trotskismo y el Ejército Rojo, fue la culminación de este proceso de mundialización del compromiso político de los escritores de izquierda con la excusa del conflicto español. En ese ambiente de forzado compromiso de solidaridad de la República con la URSS no resultó sorprendente que María Teresa León alabara en abril de 1937 las manos blancas, nobles y leales de Stalin, y que un año más tarde Antonio Machado viera en la Rusia soviética la mano abierta y generosa, el corazón hospitalario para todos los hombres libres