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25 11 07 EN PORTADA Stalin y España Tragedia en dos actos (Viene de la página anterior) milicias. La desorganización de las filas republicanas es una de las constantes en los testimonios soviéticos de la época. Es muy interesante, por ejemplo, el informe del teniente de la Seguridad del Estado, Maleiev, incluido en los anexos de la investigación. Aparte de relatar las peripecias del periplo de su nave desde Leningrado a Bilbao, el agente subraya: El pueblo español es muy bueno, bondadoso y confiado, pero tiene poca organización y le falta atención y vigilancia... Los domingos no combaten, sino que rezan (estamos en el católico Bilbao) El Ejército, al parecer, carece de disciplina... No era un regimiento sino un rebaño de carneros, iban sin orden y llevaban sus fusiles de cualquier manera, vestidos con ropas dispares El oro de Moscú Capítulo aparte es el del famoso oro de Moscú. El autor cita un informe redactado por un agente del servicio de inteligencia polaco en el que se describe el acuerdo por el que el Gobierno de Caballero se obligaba a mantener en Moscú una reserva de oro... a cuenta de la cual Moscú se comprometía a suministrar armas a los rojos Aunque insiste en que la ayuda soviética comenzó a llegar a España bastante antes que el oro a la URSS. Los primeros suministros entraron en agosto, en tanto que las primeras menciones sobre el oro son del 15 de octubre. El caso es que más de 510 toneladas (parte del mismo en forma de monedas, incluidos raros ejemplares numismáticos) viajaron en cuatro buques soviéticos des- de Cartagena a Odesa. No deja de ser sintomático que, a la muerte de Stalin, en 1953, las reservas de oro de la URSS ascendieran a 2.050 toneladas. En 1991, en tiempos de Gorbachov, en cambio, éstas apenas llegaban a las 140 toneladas. En la actualidad, son de 401 toneladas. Oro español entregado para pagar el material bélico suministrado por la URSS. En parte viejas armas de la Primera Guerra Mundial, pero que funcionaban y en parte material de primera mano, el mismo que después se emplearía frente a los nazis. En realidad, aquella sería la única intervención por la que la URSS se cobró sus servicios. Todas las demás operaciones de ayuda exterior serían ruinosas para su economía. Esta investigación ha sido posible gracias a la parcial apertura de archivos históricos de Rusia. Pero poco duró aquella transparencia. En tiempos de Yeltsin se abrieron muchos archivos, aunque no todos... y ahora, otra vez vuelven a cerrarse No le puedo responder por qué... confiesa el teniente coronel Rybakov. Se ha dado incluso la paradoja de que sus investigaciones dieron pie a la celebración de una exposición pública, tras la cual los documentos exhibidos tornaron a ser secretos y guardados bajo siete llaves: ...Yo tampoco lo entiendo En esos papeles que aún duermen bajo el sello de lo prohibido se encuentran las claves de tan- tas vidas arrastradas por el vendaval de la historia. La de muchos de aquellos comunistas españoles seducidos por Stalin nunca dejó de ser una tragedia. José Díaz, secretario general del PCE, se suicidó arrojándose por una ventana de un hospital de Tiflis. Dicen que en una crisis de dolor por un cáncer terminal. Aunque no todos comparten esa versión. La humillación Más de 510 toneladas de oro viajaron desde España a la URSS. A la muerte de Stalin la URSS tenía 2.050 toneladas de oro; en 1991, con Gorbachov, la cifra se reducía a 140 Después de presentar la guerra civil como una heroica lucha contra el fascismo, los comunistas españoles exiliados en la URSS tuvieron que pasar por la humillación de justificar el pacto Molotov- Von Ribbentrop firmado por la Alemania nazi y la Unión Soviética. Fue la primera de sus múltiples sumisiones, silencios y acatamientos a la verdad oficial que convenía a un régimen que no era exactamente el soñado por muchos de los revolucionarios que allí acabaron sus días. El más sintomático de los silencios fue el de la Pasionaria, que trocó toda su rebeldía en una hermética impasibilidad, convertida en esfinge del régimen. con una prodigiosa habilidad, eso sí, para mantenerse a flote sobre tantos diversos y sangrientos vaivenes. A los niños de la guerra e hijos de exiliados les dieron estudios y un trato casi de privilegio. Pero el viento de la historia suele ser inclemente en Rusia. Recuerdo el relato de la hija de un exiliado, cuando evocaba su llegada a la URSS: Veníamos en el tren, y cuando vimos a unos hombres calzados con un montón de trapos sobre la nieve, mi madre exclamó: ¡Ay Antonio! ¡ay Antonio! ¿dónde nos has traído? Un grupo de niños de la guerra posa junto a Zapatero en el Centro Español en Moscú EFE Yuri Ribalkov, autor de Stalin y España CHEMA BARROSO