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30- 31 D 7 LOS DOMINGOS DE ROSA BELMONTE Expediente Ñ El espinof de las señoras la lanzada carrera hacia la Casa Blanca de Hillary Clinton son un spin off de las presidencias de sus maridos (una, realidad; otra, proyecto) Un spin off es una deriva. Y a partir de ahora voy a escribir espinof. Otra deriva y un antojo lingüístico. Espinof. O sea, lo que Los Roper era de Un hombre en casa Lou Grant de La chica de la tele o Frasier de Cheers No deja de ser un más vale malo conocido que a veces sale rana y a veces mejora el original. Y el más vale malo conocido se da en la vida (si la política y las elecciones son la vida) y en el arte. No es sólo un concepto televisivo o empresarial, también es propio de la literatura. El espinof es casi un subgénero dentro de la novela. Este mes se ha publicado Rhett Butler s people (La gente de Rhett Butler) una secuela más de Lo que el viento se llevó de Margaret Mitchell. Ahora toca centrar la acción en el caballero (o lo que fuera) interpretado en el cine por Clark Gable. Tanto libro, tanta película y, como dice el autor, Donald McCaig, no sabemos por qué Rhett se va de la ciudad cuando se va, a qué se dedica y si tiene más amigos aparte de Belle Watling. Otras secuelas del libraco que dio lugar a la interminable película (es para ver cachitos, sobre todo los de Hattie McDaniels y Butterfly McQueen) fueron Scarlett de Alexandra Ripley y The Wind Done Gone de Alice Randall, contada desde la perspectiva de los esclavos, exactamente desde la de Cynara, medio hermana de Escarlata. Que, vaya, encima de ser negra en esa época, va y se llama Alcachofa Cynara scolymus de ahí lo de Cynar, el licor italiano de alcachofa) The Wind Done Gone no L a elección de Cristina Kirchner para la Casa Rosada y Isabel Preysler, siempre dispuesta a darse un baño de multitudes sin perder la sonrisa ni la apostura mientras siga casado) también le regaló importantes joyas durante todo este tiempo. A Doña Elena, como a la mayoría de las mujeres, le encantan las joyas y suele lucirlas en sus cenas de gala. La última vez que se la vio con unos pendientes impresionantes fue en la cena de los Telva donde posó por última vez con su esposo. Es más, cuentan que para Marichalar era muy importante estar esa noche con su mujer ya que a fin de cuentas el premiado era el diseñador John Galliano, la estrella del grupo LVMH del que forma parte como asesor y de ahí sus continuos viajes a París y la presencia esa noche en Madrid de la hija del emperador del lujo, Delphine Arnault. Pero volviendo a la fiesta de los Suárez, allí se habló y mucho de la separación real y la nueva vida del matrimonio. Mientras la Infanta ha seguido haciendo su vida normal con sus hijos (por las mañanas al colegio y luego a la guardería donde trabaja) al Duque se le ha visto menos y sus cercanos aseguran que no lo está pasando bien. Han surgido muchos comentarios sobre sus gustos y manías y algunos se han cebado en su figura aprovechando que ahora no cuenta con el apoyo, aun- ÁNGEL DE ANTONIO que sólo sea en la convivencia, de la Infanta. En el Urban estuvieron algunas de sus buenas amigas como son Nati Abascal y Cari Lapique así como la imagen de esa colección, Isabel Preysler, que se dio un baño de multitudes sin perder la sonrisa. También una joya fue la que se presentó en una gala celebrada en el Sporting de Montecarlo, organizada por la firma Montblanc. Se trata de la pluma realizada en brillantes y rubíes, creada en homenaje a Rainiero III, y cuyos beneficios irán en parte a la Fundación Princesa Gracia. El príncipe Alberto fue el anfitrión en la presentación mundial de esta pluma que sólo tendrá 81 ejemplares (la cifra es por la edad en la que falleció Rainiero) y de ahí que los mayores coleccionistas de todo el mundo se reunieran en esa cena de gala que tuvo a invitados estelares como el veterano actor Christopher Lee o la modelo Helena Christiansen y, por parte española, a la televisiva Anne Igartiburu a quien últimamente le han adjudicado un romance con un entrenador de baloncesto que niega rotundamente. Además, el susodicho está felizmente casado y sin ganas de cambiar de estado. gustó a los herederos de Margaret Mitchell. Todo lo contrario que la obra especialmente encargada a Donald McCaig, un tipo cuyo aspecto sureño es un cruce entre el de Mark Twain y el de Howard Duff, el corrupto sheriff Titus Semple de Flamingo Road La gente de Rhett Butler es tanto una secuela como (otro palabro va) una precuela ya que se muestra a Rhett doce años antes de que conozca a Escarlata. Y, francamente, más le valdría no haberla conocido porque menuda tía loca. Como Lev Grossman señala en una reseña en la revista Time libros como el de McCaig son una de las rarezas del actual momento literario. Así, recuerda March de Geraldine Brooks, una historia cuyo protagonista es el padre ausente de las Mujercitas de Louisa May Alcott. O el caso de Wicked el musical actualmente en cartel basado en la novela Wicked: The Life and Times of the Wicked Witch of the West de Gregory Maguire, que tira de las brujas de Oz antes de que Dorothy (Totó, me parece que ya no estamos en Kansas) pasara por el camino de baldosas amarillas montada en sus zapatos rojos. Para mí que de rarezas, nada porque, me repito, esa recreación de lo ya conocido es casi un subgénero en la novela. También pasa en las películas de Disney. Ahí está Cenicienta 3. Qué pasaría si... donde la madrastra, con un conjuro, revierte todo lo que (salacabula chachicomula) había hecho el hada madrina. Ni vestido, ni caballos ni carroza, arréglatelas ahora con los ratones y la calabaza para ir al baile. Dale Perico al torno. Al torno del malo conocido. Y es que, lo escribe el propio Grossman, estamos empeñados en conocer la historia completa desde todos los puntos de vista. Con extras y tomas falsas. Queremos saber, como en el programa de Mercedes Milá. Y extra (extra también por parte de labios) es Cristina Kirchner. Y quizá Hillary Clinton, que va como un trueno (para algunos como un petardo) Aunque le quede tanto. Contra sus rivales demócratas y contra el candidato republicano si llega a la gran final. Sólo por oír y leer la expresión de Primer Caballero dirigida al pecoso rijosillo merecería la pena. Quizá no en el caso de la argentina, que era tan política o más que su marido, pero en el caso de Hillary, a ver, si nos remontamos a los años de la Administración Clinton y hacemos el ejercicio de imaginar entonces que ella pudiera ser presidente volveríamos a Cenicienta 3. Qué pasaría si... En esas estamos. Entre ratones y calabazas, esperando el espinof presidencial.