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16- 17 D 7 LOS DOMINGOS DE Marichalar, o la notoria discreción Educado, afable, pero muy diferente de los Borbones, al Duque de Lugo se le ha colocado bajo los focos por su afición a la moda, al tiempo que ha sabido ocupar un reservado segundo plano junto a la Infanta POR BLANCA TORQUEMADA uizá porque en la finca de su familia en Soria aparecieron las ruinas de Numancia, algo de épico hay en el carácter (tan desconocido, por otra parte) del Duque de Lugo, resistente tras la grave isquemia cerebral que sufrió en 2001. Hace ahora trece años justos, en noviembre de 1994, la figura de Jaime de Marichalar Sáenz de Tejada irrumpió en la vida pública española al hacerse oficial su compromiso con la Infanta Elena, en un momento en el que no se avistaba un enlace próximo del Príncipe, decidido a no improvisar en la elección de su esposa. Así, el anuncio de la primera Boda Real tras la instauración de nuestra Monarquía parlamentaria fue acogido con satisfacción y, por qué no, con alivio, por lo que representaba como cauce para la continuidad de la Institución. Pero, una vez devorado por la sociedad española el primer titular de la noticia, brotó el interrogante inevitable, aún no despejado del todo, pese a la década larga transcurrida: ¿Cómo es él? Con las primeras fotos robadas a la pareja en París, donde se consolidó su relación, ya trascendió que aquel joven, que por entonces trabajaba para Credit Suisse en la capital francesa, era el cuarto de los hijos del fallecido Conde de Ripalda, Amalio de Marichalar, y de María Concepción Sáenz de Tejada. Una vez conocido su currículo académico y laboral (su formación en la Yago School de Dublín, completada con varios máster en Economía y Gestión de Empresas) Marichalar se reveló, en sus primeras apariciones públicas junto a la Infanta, como un hombre afable y educado, enamorado de la que iba a convertirse en su esposa: al ser preguntado por las cualidades de Doña Elena no dudó en asegurar que la Infanta es tan magnífica, que sería larguísimo de explicar Con el nacimiento en 1998 de su primogénito, Felipe Juan Froilán, primer nieto de los Reyes, Jaime de Marichalar fue obli- Q Enamorado sus hijos Felipe es de Lugo, junto a Navidad de los Duqua imagen que ya es pasado Felicitación de ria Federica. Un Juan Froilán y Victo paración de hecho, que no de derecho, han sido ellos mismos quienes han adoptado de mutuo acuerdo una serie de decisiones, y la primera y más importante ha sido garantizar el bienestar afectivo de los pequeños, de forma que aunque vivan con su madre en su nueva residencia de la Fuente del Berro, de Madrid, muy próxima al Pirulí sigan viendo a su padre con la frecuencia habitual. Doña Elena, que ocupa el cuarto lugar en la línea de sucesión al Trono (por detrás del Príncipe de Asturias y de sus dos hijas, las Infantas Leonor y Sofía) continuará alternando su trabajo como profesora en la guardería Micos del madrileño barrio de El Viso, con su actividad institucional en representación de la Corona. Y su marido podrá seguir utilizando el título de Duque de Lugo mientras no haya una separación legal o un divorcio. Jaime de Marichalar también podrá asistir a actos institucionales, como son aquellos a los que acude la Familia Real al completo. EFE gado pionero (después se vería en estos trances a Iñaki Urdangarín y al Príncipe de Asturias) en lidiar con los informadores para brindar detalles sobre el feliz acontecimiento. Fue una faena meritoria aunque desigual, en la que aprendió de sus errores para bordar su segunda comparecencia cuando vino al mundo Victoria Federica en 2000. Al tiempo, desarrollaba su vida profesional como presidente de la fundación Winterthur y se iba haciendo cada vez más patente su exquisitez de dandi y afición por el arte y la moda, al convertirse él mismo en percha de las últimas tendencias, tanto en los actos oficiales como en los momentos de ocio o acontecimientos sociales: de los pantalones estivales estampados con amebas a las corbatas de tonos vistosos, los fulares y los pantalones tobilleros. Detalles indumentarios que, junto a su afición a los desfiles de alta costura, constituían la única nota llamativa de su discreto saber estar (siempre en un asumido segundo plano) junto a la Infanta y el resto de la Familia Real. También le ha arropado el extraordinario comedimiento de la numerosísima familia Marichalar, pese al protagonismo eventual de su hermano Álvaro, jinete de los océanos a lomos de moto náutica, El día a día sin sobresaltos de los Duques de Lugo se quebró cuando Don Jaime sufrió un severísimo episodio de isquemia cerebral, al borde de la Navidad de 2001, que hizo temer por su vida. Fue un momento que marcó un antes y un después y que puso de manifiesto su capacidad de superación, pues sólo dos meses más tarde, pese a las secuelas patentes, reanudó su actividad al frente de la Fundación Winterthur. Después, Don Jaime completó su rehabilitación en el Hospital Monte Sinaí de Nueva York, junto a la Infanta. antes de que el curso de los acontecimientos marcara el paulatino distanciamiento. En este cese temporal de la convivencia el esposo de la Infanta Elena seguirá ejerciendo como padrazo y sabrá ocupar el lugar adecuado. Como hasta ahora.