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18 11 07 CLAVES DE ACTUALIDAD Así son Doña Elena, como su padre Educada con afecto, pero también con disciplina, primera Infanta de España con licenciatura universitaria y que cotiza a la Seguridad Social, comparte muchos de los prontos, aficiones e impulsos de Don Juan Carlos POR ALMUDENA MARTÍNEZ- FORNÉS icen que es el ojo derecho de su padre, pero de lo que no hay ninguna duda es de que la Infanta Doña Elena es la que más se parece al Rey, tanto físicamente como en el carácter. Comparten ese sentido del humor que caracteriza a algunos de los Borbón, las mismas bromas, también los mismos prontos y muchas de sus aficiones. Una complicidad que muchas veces ha ido acompañada en público de gestos de ternura del Monarca hacia su hija mayor. Don Juan Carlos y Doña Sofía, que además de Reyes son padres, no pueden evitar en estos momentos la tristeza que en esta familia, como en cualquier otra, produce la noticia de una separación, aunque de momento sea temporal. Lógicamente, no les ha sorprendido la decisión, pues ellos eran los que mejor conocían los problemas de la pareja y también sus esfuerzos por superarlos. La respuesta, por tanto, ante esta nueva situación ha sido la de ofrecer todo su apoyo y cariño a Doña Elena y a sus hijos, con quienes se han volcado no sólo sus padres, sino también sus hermanos, primos y cuñados. Aunque la Infanta es una persona con gran sensibilidad, el empeño de sus padres por educarla desde muy pequeña como una niña normal la ha preparado para afrontar con entereza las adversidades que, de cuando en cuando, se presentan en la vida. Apenas tenía cinco años cuando su madre la llevó por primera vez a la guardería Santa Elena, alejada de cualquier privilegio y con el deseo de inculcar en su hija la disciplina y el espíritu de trabajo. Una formación que continuó en los co- D legios Rosales y Santa María del Camino, donde tuvo que repetir un curso, y, más adelante, en la Facultad, donde se convirtió en la primera Infanta de España con una licenciatura universitaria. Después, cuando empezó a trabajar como profesora, fue también la primera Infanta que cotizó a la Seguridad Social. Todo ello le costó los mismos esfuerzos que a la mayoría de los españoles, pues el deseo de los Reyes era que no se hiciera con ella ninguna excepción. Un viaje que cambió su vida Como una niña normal Un viaje a París, para perfeccionar sus conocimientos de francés, cambió la vida de esta Infanta de España. Allí conoció al que siete años después se convertiría en su marido, Jaime de Marichalar, cuarto hijo del conde de Ripalda y de Concepción Sáenz de Tejada y Fernández de Bobadilla, pero también allí aquella joven divertida y deportista toma contacto con los mejores modistas franceses y empieza una transformación que acaba por convertirla en una de las mujeres más elegantes del mundo. De su boda, el 18 de marzo de 1995 en la catedral de Sevilla, siempre se recordará como anécdota que se olvidó de pedir la venia al Rey antes de responder el tradicional sí, quiero Cinco años después de casarse, Doña Elena afrontó uno de los momentos más difíciles de su vida cuando en las Navidades de 2001, el Duque de Lugo sufrió un infarto cerebral, mientras practicaba deporte, del que se recuperó parcialmente. Esta enfermedad, que el propio Marichalar calificó de drama de difícil comprensión para quien no lo conoce marcó un antes y un después en la vida de la familia. Ahora, el principal objetivo de Doña Elena, y también de su esposo, Jaime de Marichalar, es que sus dos hijos, Juan Felipe Froilán, de nueve años, y Victoria Federica, de siete, no se vean afectados por la decisión de sus padres. Como se trata de una se- Apenas tenía cinco años cuando su madre la llevó a la guardería Santa Elena, alejada de cualquier privilegio y con el deseo de inculcar disciplina y espíritu de trabajo