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D 7 11 11 07 Esta semana, la alarmante subida de precios en ciertos productos de primera necesidad está produciendo urticaria y hasta pesadillas en el grueso de la ciudadanía. El consumo, habitualmente dominado por una cómoda despreocupación, empieza a instalarnos en el desasosiego permanente. Como portavoz de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) Ileana Izverniceanu, una abogada con antepasados rumanos, traza el perfil de cómo somos los españoles a la hora de gastar. Y el análisis es para echarse a temblar GUTIERREZ Y DE LA FUENTE 32 D 7 LOS DOMINGOS DE I. Izverniceanu PORTAVOZ DE LA OCU ISABEL GUTIÉRREZ- -Los consumidores españoles resultamos vociferantes, pero con poca iniciativa para la reivindicación. ¿Algo así como perro ladrador poco mordedor? -Somos unos consumidores indisciplinados. Y lo malo es que la gente piensa que sigue funcionando aquello del ¡no sabe usted con quién está hablando! A diferencia de otros países, los consumidores españoles no creemos en la administración. Pensamos que reclamar no vale la pena, que vamos a gastar un tiempo precioso para no obtener resultados. Y reclamar sí sirve. -Y eso de asociarnos, cuesta un triunfo, ¿no? -Somos muy individualistas, nos gusta ir por libre. Aquí el asociacionismo casi no sirve para nada. Nos acordamos de santa Bárbara cuando truena. -Y a los políticos, ¿verdaderamente les interesa el consumo? -Hasta la fecha, como del consumo no se suele sacar rédito electoral, parece el hermano pobre, el gran olvidado. Y se funciona a base de parches. -Pero que se disocie el consumidor del ciudadano y del elector, ¿no es una incongruencia? -El consumo es transversal, depende de la economía general, del comercio... No hay una verdadera defensa. Es más, la administración ve con buenos ojos que existan organizaciones privadas, porque les quitamos algo de trabajo. -Nuestro perfil de consumidor, ¿cuadra con alguien hedonista y despilfarrador? -Vivimos muy al día, pero vivimos muy bien. Aunque se hable de peligro de recesión, de una mala situación económica... Las hipotecas están subiendo, la gasolina está por las nubes, pero algún remanente debemos tener, porque los restaurantes siguen llenos. Es que tiramos mucho de tarjeta de crédito, demasiado. Eso se ve en la proliferación de empresas de reunificación de deudas o de dinero al instante. La gente piensa que con chascar los dedos ya tiene el crédito, pero ¿qué hay En el consumo, los españoles estamos cavando nuestra propia tumba -Es que en eso estamos perdidísimos. Ante una urgencia, el cobro se dispara. Arreglar un simple enchufe podría costarte 400 euros, si andas con prisas... Lo que pasa es que la gente, una vez que ha pagado, se olvida. Y también hay quien le da vergüenza reclamar, porque piensa que ha sido víctima de un timo. Éste es un sector que pide a gritos una regulación. ¿Acabar con el redondeo ha sido meternos en la ratonera? -Sí, pero estamos en un mercado libre. Aunque se regule por ley, se siguen imponiendo precios abusivos. ¿Y no habría que hacer una huelga a la italiana, como aquello de no comer pasta ni pizza durante un día para protestar contra la subida del precio de la materia prima? -Aquí no lo veo. Lo de estar un día sin hablar por el móvil o sin llenar el depósito... No soy partidaria de los boicots. Si hoy no comes pasta, si no compras gasolina, es que ya lo hicistes ayer o lo harás mañana. Además, en España eso jamás funcionaría por puro individualismo. ¿Es que yo voy a ser el único borrego que lo haga? No hay que promocionar el boicot. -Pues ganas no faltan con la subida del precio de ciertos alimentos- -En lo referente a los alimentos básicos, hay que controlar a los distribuidores, los intermediarios, que son quienes está haciendo el caldo gordo. Se están aprovechando, nos están engañando como a tontos. ¿Qué momentos son especialmente críticos durante el año? -Hay que tener en cuenta que, desde que nos levantamos y ponemos un pie fuera de la cama hasta que nos acostamos, hacemos actos de consumo. Pero, por períodos del año, en Navidad, que nos volvemos locos; en rebajas, que nos dan gato por liebre; y en vacaciones, que vamos con mucha alegría y pasamos todo por alto. Un buen consumidor no es el que más consume, sino el que lo hace con más sentido común. El comprador del futuro El niño es el objetivo de todos los anunciantes, porque es el consumidor del mañana. Y es totalmente vulnerable. En torno a él ha aumentado considerablemente el consumo, lo que supone un gran gasto en la cesta de la compra. Además, parece imprescindible que tenga la última peli, que tengan ropa de marca, que le lleven de vacaciones cada vez más lejos... Seguramente sería más feliz sin tantas cosas IGNACIO GIL de las comisiones, de las cuotas? Los españoles estamos cavando nuestra propia tumba. ¿En qué campos se castiga más al consumidor? -Vivienda, telecomunicaciones, impuestos, vacaciones y automóviles. ¿Y todo el asunto de las reparaciones urgentes?