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11 11 07 EN PORTADA Azaña Memoria de un fracaso El prosista Sobrio, ático y magistral POR MIGUEL GARCÍA- POSADA Cultivó la oratoria como un arte literario, como Cicerón o Fray Luis de Granada. Escribió una novela densa y delicada. Fue autor de un memorable Diálogo y un diarista sin igual. Un prosista deslumbrante anuel Azaña fue también un gran escritor. Este también hubiera indignado en vida del autor a sus caudalosos enemigos, dispuestos siempre a negárselo todo. Pero Azaña era una personalidad poderosa, que sumaba constantemente, ajeno a unos y a otros. En su actividad parlamentaria destacó como eminente orador, que tuvo intervenciones memorables, como su defensa de la ley de congregaciones religiosas o del estatuto de autonomía de Cataluña. Los manuales de literatura suelen orillar hoy el género oratorio, que todavía los más tradicionales abordaban bajo el epígrafe de literatura didáctica pero sin él no se entienden episodios capitales de la literatura de Occidente, como las piezas políticas de Pericles, la segunda catilinaria de Cicerón, las encantadoras reflexiones sobre la naturaleza de fray Luis de Granada, los sermones de Bossuet, las intervenciones durante la guerra mundial de Churchill y las oraisons fúnebres de André Malraux. En esta línea se inscriben los discursos de Azaña, construidos prodigiosamente, de plena eficacia suasoria y admirable coherencia, vertidos en un castellano conceptuoso, rico y apropiado, para los que muy a menudo utilizaba solo escuetas notas. Memorable fue su discurso de 18 de julio de 1938, donde, consciente del sombrío y previsible final de la guerra, pidió Paz, Piedad y Perdón el mensaje de la patria eterna Orador, sí; escritor. Y novelista, autor de una novela sobria, densa y delicada, El jardín de los frailes, donde las reflexiones del adulto se mezclan con las evocaciones del niño, protagonista siempre el propio Azaña. No existe argumento en la novela, carencia inadmisible para algunos, y eso quizá, y M Sus obras Ensayo sobre Valera, con prólogo de J. Marichal (Alianza) La velada en Benicarló. Diálogo de la guerra de España, con introducción de Manuel Aragón (Castalia) El jardín de los frailes, (Alianza Editorial) Causas de la guerra de España, con introducción de Gabriel Jackson (Ed. Crítica) Fresdeval, con introducción de José María Marco (Pre- Textos) Apuntes de Memoria, con introducción de Enrique de Rivas (Pre- Textos) El problema español y Un año de dictadura. José María San Luciano y Vicente- Alberto Serrano eds, Alcalá de Henares, Fundación Colegio del Rey Cartas 1917- 1935 (con Cipriano Rivas Cherif) Edición a cargo de Enrique de Rivas (Pre- Textos) Diarios, 1932- 1933, introducción de Santos Juliá (Grijalbo) Obras Completas preparadas por Santos Juliá (Centro de Estudios Políticos y Constitucionales) el sectarismo metodológico de otros ha determinado que ilustres (y no tan ilustres) historiadores de nuestra literatura hayan decidido eliminarla de sus inventarios, dentro de una visión de las cosas que acaba por suprimir al autor, si no lo persiguen, como han hecho los firmantes del manual de literatura española de Alianza, cautivos de una concepción restringida del fenómeno literario. Azaña cultivó el ensayismo con maestría, conjugando erudición y crítica, como en sus estudios sobre don Juan Valera, en quien admiraba el hedonismo dieciochesco, las cartas y el castellano ático, además del demócrata, lo que no suele decirse; o bien lanzándose a la crítica pura, como en su magistral La Invención del Quijote (1930) que es quizá el mejor estudio de conjunto que ha suscitado la novela de Cervantes. Ni que decir tiene que el cervantismo oficial, el que ofició, clerical, el reciente IV Centenario del gran libro, no se ha dado por enterado todavía. Es el suyo un análisis admirable y clarividente sobre la conjugación quijotesca de poesía y realidad. Es Azaña autor también de un memorable Diálogo (con el que restauró el añejo género, doctrinal, no teatral, La velada en Benicarló, 1939) donde se revisan a fondo las causas de la guerra civil y las razones- -o sinrazones- -por la que la República perdió la guerra. Los parlamentos de los diferentes interlocutores están compuestos en una prosa bruñida, densa en lo doctrinal pero no hermética, que llega a la raíz última de las tragedia de España, todo expuesto desde una perspectiva moral muy exigente, que no elude ningún asunto, por espinoso que sea. Antisectario, antidogmático, había alcanzado a esas alturas la madurez de gran estadista- -el mayor, con Cánovas del Castillo- -de la España contemporánea, que acabó engullido por el torbellino de la infausta guerra civil. Como los personajes del admirable Diálogo, que mueren, todos, aplastados por un bombardeo. Gran diarista, el diario, los diarios de Manuel Azaña abarcan, con algunas lagunas, todo el periodo de la República y la guerra civil, desde julio de 1931 hasta el fin de las trágicas hostilidades, es decir, desde uno de sus mayores momentos de gloria, cuando se convirtió en la encarnación de la II República, hasta su salida de España, ya presidente dimitido, en un final de tragedia griega, como se desprende de la turbadora carta dirigida a Ángel Osorio, que data de abril del 39. El diario, del que el general Causas de la guerra Sus discursos son de una prodigiosa construcción, de plena eficacia suasoria y admirable coherencia, vertidos en un castellano conceptuoso, rico y apropiado Rozamos el pasmo cuando vemos que Azaña escribía sur place apenas corregía, dejaba fluir su pluma en un ejercicio fascinante de dominio del castellano