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28- 29 D 7 LOS DOMINGOS DE El circuito de Mugello era una fiesta para los amantes de los coches deportivos de esta emblemática marca culo así no es cualquier cosa. Esta carrera, que coincide con el final de la temporada de Fórmula 1, y que este año ha ganado la escudería italiana, es una cita obligada para los históricos de la marca. Allí estaban todas las viejas glorias de la Casa (pilotos, mecánicos, campeones, ingenieros y clientes de lo más elitistas) para participar o asistir a una competición en la que muchos de los pilotos eran antiguos corredores profesionales que vienen desde los cinco continentes a tumbar la aguja en el circuito de Mugello (con los FXX no se puede salir por carre- tera) porque siguen queriendo experimentar el placer de la competición y porque viven por y para las carreras de esta marca, la más legendaria de la Fórmula 1. Un capricho que pocos pueden permitirse, máxime cuando al precio del vehículo hay que añadirle el continuo goteo de los gastos de mantenimiento. Pero al fin y al cabo son coleccionistas, capaces de todo por sus bólidos y si ellos no pueden pilotarlos se los dejan a los profesionales que, como David Franklin, procuran no pensar (si hay un percance) en lo que vale el coche que, encima, no es suyo y así Los ferraris clásicos, una joya de la vieja e impecable mecánica deportiva C. F poder arriesgar al máximo para ganar. Un dilema que a muchos les crea tensión, pero que se compensa con el incremento de seguridad que hoy llevan estos modelos con respecto a los originales. Ferrari es un icono y todos los años tira la casa por la ventana en este acontecimiento único. Primero, los equipos de todos los países pasan por las verificaciones deportivas y técnicas; después, efectúan las pruebas de clasificación para los coches históricos tomando en cuenta si los frenos son de tambor (anteriores a 1970) o de disco. En la competición también había viejos Maserattis (la marca de la competencia hasta que la compró Ferrari) y Alfa- Romeo (cuya relación con Ferrari se prolongó durante veinte años) y unos monopostos (una plaza) de 1935, verdaderas joyas y en perfectas condiciones que, más que correr, volaban. Hay pilotos a quienes no les gusta correr los Fórmula 1, sino otras categorías. Es el caso del modelo FXX (sólo para circuito) el colmo de la exclusividad, un coche que como no está homologado para ir por carretera, Ferrari se encarga de llevarlos con sus mecánicos de circuito en circuito. Así es este mundo, una pasión, que la Casa sabe cuidar muy bien pues mima a sus clientes como a la niña de sus ojos. Y es un mundo muy masculino. Son pocas las mujeres pilotos que acuden a este tipo de eventos. Vimos a la mexicana de padres españoles Manuela de Castro, en su FXX, que competía con su marido, Ricardo Vega, que tiene un Ferrari de Fórmula 1, otro apasionado de estos motores. Aunque la mayoría de los pilotos son italianos, la representación española estuvo a cargo de Javier Arias y Ángel Santos, que repiten todos los años. Y por allí paseaban las viejas glorias, como Emerson Fittipaldi; y las del momento, con Kimi Raikkonen y Felipe Massa, además del gran campeón Michael Schumacher y del español Marc Gené, piloto probador de Ferrari. La marca también ha creado en torno a ella un shopping con su anagrama el inconfundible caballito, que está generando un buen mercado. Y desde hace apenas dos años se ha unido con la prestigiosa marca italiana de relojes Panerai (patrocinador de la la Shell Ferrari para crear piezas únicas y con mecanismos complicados que llevan la marca Ferrari y su famoso símbolo. Se fabrican en Suiza con la manufactura Panerai y ya han elaborado dos líneas de relojes: Scuderia y el Granturismo que son otro capricho más de la emblemática casa. Por algo se empieza: unos por el coche; otros por el reloj, y muchos por ambos. Sus relojes, con Panerai