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8- 9 D 7 LOS DOMINGOS DE Así lo reconoce un asesor de Hillary: recurrir a Bill es como usar una bomba nuclear en vez de armas normales su habilidad estelar para recaudar donaciones electorales y ha empezado a participar en mítines conjuntos. Pero en las antípodas del papel de Hillary en la carrera política del ex presidente, Bill no es una presencia permanente y obligada en el cuartel general de la campaña de la senadora, en las afueras de Washington. En la campaña de su mujer, Bill mantiene contactos con solo tres personas de responsabilidad dentro de Hillaryland el portavoz Jay Carson, el jefe de estrategia Mark Penn y Patti Solis Doyle, la manager de la campaña. Pese a estos vínculos, se supone que los consejos, directrices y análisis del ex presidente para su esposa son trasmitidos en conversaciones directas, sin intermediarios. Por las regulaciones financieras que gobiernan las elecciones presidenciales en EE. UU. la campaña de Hillary también se ve forzada a hacer un uso más limitado que el resto de los aspirantes a la Casa Blanca. Además de un especial cuidado en no agotar su impacto. Como ha reconocido uno de los asesores de la candidata, recurrir a Bill Clinton con sus envidiables índices de popularidad es como usar una bomba nuclear en vez de armas convencionales Ante el reto de su tercera campaña, los Clinton también parecen haber aprendido de errores del pasado al evitar, por ejemplo, cuestionables promesas de dos por uno como hicieron durante su salto inicial de Arkansas a Washington en 1992. Al mismo tiempo, el equipo de Hillary tampoco quiere tropezar de nuevo en el percibido error del vicepresidente Al Gore en los comicios de 2000, con una puesta en escena electoral que ignoró por completo a Bill Clinton. una rubia de buen parecer fue suficiente para poner en marcha rumores, cotilleos y conjeturas. En este sentido, la Prensa de EE. UU. tanto la de calidad como la otra, persigue con puntillosa atención todos los avatares matrimoniales de los Clinton. El año pasado, el New York Times no tuvo reparos en dedicar una historia de 2.000 palabras, con arranque en portada, a examinar la situación de la pareja, en la que calculó las ocasiones en que pernoctaban juntos (una media de 14 días al mes desde 2005) Eso sin contar una creciente bibliografía, compuesta por casi 40 volúmenes, dedicados exclusivamente a la pareja más diseccionada en la historia del gigante americano. Durante unas recientes y muy comentadas declaraciones a la revista Essence la ex primera dama reflexionaba- -quizá en un tono demasiado francés- -sobre su matrimonio de esta manera: Obviamente hemos tenidos nuestros retos y todo el mundo lo sabe. Pero yo nunca he dudado que era un matrimonio en el que merecía la pena invertir, incluso en mitad de esos retos. Y estoy realmente feliz de haber tomado esa decisión. Pero reconozco que no es una decisión para todo el mundo risma del ex presidente eclipse la limitada simpatía de su esposa y que, al mismo tiempo, Bill se adapte a la difícil situación de conformarse con un papel secundario. Sin olvidar el peligro de que la mala conducta marital de él, según expresión utilizada esta semana por el Washington Post vuelva a convertirse en parte del debate político en EE. UU. Hasta la fecha, el papel de Bill en la campaña de su esposa se podría definir como de colaborador de lujo. Participa en ocasionales reuniones de estrategia, representa a su mujer en lugares donde ella no puede estar, pone a prueba Bimbo eruption La Prensa vigila cada incidencia de la vida marital de la pareja. El New York Times ha llegado a contabilizar las noches que pasan juntos: una media de 14 al mes desde 2005 No obstante, el temor a otro escándalo sexual (a un bimbo eruption no deja de ser una constante en la campaña de Hillary. En 2005, las alarmas se dispararon al publicarse una foto de Bill Clinton saliendo de un restaurante de Manhattan con un grupo de amigos, entre los que se encontraba la atractiva y multimillonaria política canadiense Belinda Stronach. El grupo estaba formado por una docena de personas, pero la imagen del ex presidente junto a Sus mujeres Clinton siempre expresó su admiración por el presidente John F. Kennedy. Consiguió en 1963 estrechar su mano en un viaje escolar a la Casa Blanca. Como Kennedy, el historial de Clinton está entreverado de escarceos extramaritales. Pero, a diferencia de Kennedy, las indiscreciones de Clinton han sido del dominio público desde que anunció su candidatura presidencial. El maestro Kennedy Al comienzo de las primarias en 1992, Clinton ya tuvo que admitir indirectamente he causado dolor en mi matrimonio) su furtiva relación con Jennifer Flowers durante sus años como gobernador de Arkansas. El otro affair reconocido de forma inevitable fue el mantenido con Mónica Lewinsky, la más famosa becaria del mundo. Sin olvidar, la querella por acoso sexual presentada por la funcionaria Cuando supera al maestro de Arkansas, Paula Jones, punto de partida para la saga del impeachment pese al pago de una compensación de 850.000 dólares. La lista La larga lista de sospechados adulterios incluye a dos ex Miss Arkansas, una abogada de Little Rock, una periodista y diversas empleadas del gobierno estatal. Más los testimonios sobre avances no correspondidos y abusos sexuales formulados por Kathleen Willey, esposa de un financiero del Partido Demócrata, y Juanita Broadderick, una voluntaria electoral en Arkansas. Además de los rumores nunca confirmados sobre un hijo con una amante afroamericana. En 1998, Hillary Clinton afirmó que estas controversias de cintura para abajo fueron fruto de una vasta conspiración de la derecha contra la gestión de su esposo. Y Hillary