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4 11 07 CLAVES DE ACTUALIDAD Todo son cautelas en la participación de Bill Clinton en la campaña de su esposa. El ex presidente irradia carisma, pero los asesores de Hillary cuidan de que éste no eclipse la escasa simpatía de ella. Por no hablar de la alargada sombra de su mujeriego pasado Clinton- X TEXTO: PEDRO RODRÍGUEZ FOTOS: AP Y EPA Tensión sexual La aseveración póstuma de Gerald Ford sobre la obsesión sexual de Bill Clinton recuerda lo complejo de su peculiar papel en la campaña presidencial de su mujer a viñeta publicada esta semana por el Orlando Sentinel cuenta cómo los Clinton están sentados en el salón de su casa frente al televisor, viendo las noticias del triunfo electoral de Cristina Fernández de Kirchner en Argentina. Hillary pregunta a su marido qué le parece. Y Bill, genio y figura, responde con un escueto: Creo que está buena Por supuesto, para L la campaña presidencial de la senadora por Nueva York, la reputación de su esposo no es una broma, dado el estilo familiar de hacer política en EE. UU. Todas las cuestiones sobre el peculiar y complejo papel asignado a Bill Clinton en los esfuerzos de su esposa para llegar a la Casa Blanca por méritos propios se han multiplicado esta semana con la publicación de un libro con declaraciones póstumas del presi- dente Gerald Ford Write It When I m Gone ed. Putnam) Una colección de conversaciones con el veterano periodista Thomas DeFrank bajo la condición de no ser publicadas en vida de Ford y que incluyen la aseveración de que Bill Clinton está enfermo, tiene una adicción sexual, necesita tratamiento Este diagnóstico desde la tumba ha servido para airear una vez más el bagaje negativo que Bill puede suponer para Hillary, esforzada en presentarse como una candidata presidencial con méritos propios, pero necesitada a la vez de la ayuda de la figura más formidable en el panteón del Partido Demócrata. El dilema reducido a términos de copla podría titularse ni contigo ni sin ti tienen mis penas remedio pero en el caso de EE. UU. entremezcla toda una serie de espinosas cuestiones sobre puritanismo, feminismo, imagen electoral y las aristas de un matrimonio que quiere volver a hacer de la Casa Blanca su casa Desde un comienzo, la disciplinada campaña de Hillary no ha ocultado sus preocupaciones ante la cuestión de qué hacer con Bill. Con empeño en evitar que el ca-