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D 7 28 10 07 No es una celebridad, pero un vistazo a su apabullante currículo (cuajado de decenas de títulos de largometrajes, además de documentales, cortos, series de animación... hacen de él un creador imprescindible en la historia de la cinematografía española; y, más allá del cine, en la publicidad y la ilustración. Dice Pablo Núñez (Madrid, 1930) que él nació dibujante. De hecho, a los 14 años ya publicó su primera historieta en la revista Maravillas En 1961 fundó Story Film, una factoría desde la que ha realizado infinidad de títulos de crédito, tráilers y trucajes ópticos y digitales. Acaba de recibir la Medalla de Oro de la Academia de Cine, que él se toma como un reconocimiento a quienes no somos la cara visible de este trabajo GUTIERREZ Y DE LA FUENTE 32 D 7 LOS DOMINGOS DE Pablo Núñez ILUSTRADOR Y ANIMADOR Los niños son los críticos más feroces ISABEL GUTIÉRREZ- -Como pionero de la animación en España, ¿a qué tuvo que plantar cara? -Lo único que el pionero tiene que hacer es hallar la compresión de la gente a la que se dirige. Los títulos de crédito han existido siempre y el dibujo animado está mucho antes que yo. Se trata de hacer entender qué es todo eso a lo que te dedicas. ¿Existe hoy más capacidad de comprensión que cuando usted empezó? -Sí, pero por algo elemental. Yo tengo nietos que leen en imagen. Yo también leía en imagen, pero mal, porque carecía de un televisor delante de mi nariz. Los jóvenes de ahora, a través de la imagen, poseen una maravillosa capacidad de percepción. ¿Y qué tal se lleva con ellos? -Me encanta conversar con los jóvenes. No hay cosa que más rabia me dé que esa gente mayor que piensa que, por el hecho de serlo, tiene la razón. Se creen con el derecho de apabullar. -Pero ante esa gran capacidad que dice que tienen, ¿no se corre el riesgo de que se entierren la sorpresa y la ilusión? -Estoy de acuerdo en que hay cierta saturación. Es que cuando uno pasa hambre y come, aunque sea poco y de una manera poco selecta, pues le parece fenomenal. Pero cuando ya se ha saciado el apetito y se tiene facilidad de escoger, elige lo mejor. Los niños son los críticos más feroces. No se meten con nadie, pues su crítica cobra forma de una indiferencia absoluta. ¿Y qué hay que hacer para comprenderles? -Hay que convivir con ellos, hay que aceptar los mensajes que ellos nos mandan y reconducirlos. En cuanto se les habla con su mismo lenguaje, con esa reconducción, que no es manipulación, se conecta bien. ¿Qué le llevó usted a dibujar? -Soy dibujante desde que nací. Mi infancia fue muy feliz, aunque tuvo ciertas penas. Un día, una tía me llevó con mi abuela a pasar unos días a su pueblo, Villada, en Palencia; mi madre me dijo que iría a recogerme 15 días más tarde. Fue el 18 de julio de 1936. Mis criaturas favoritas Saul Bass es el padre de todos los tituleros quien mejores títulos de crédito ha hecho en todas las épocas. De mis cabeceras, a mí me gustan Soltera y madre en la vida de Javier Aguirre, cuyo guión de cabecera, a cargo de Mingote y Dibildos, es un despropósito maravilloso. También, Las viudas de Pedro Masó; La colmena y Los santos inocentes de Mario Camus; o la última de Garci, Luz de domingo SIGEFREDO Estuve cuatro años sin mis padres y, claro, cuando fueron a buscarme, no quería irme con ellos. Al pueblo llegaba el tebeo Flechas y Pelayos En cuanto lo vi, me dije: Esto es lo que yo quiero hacer Así que cuando por fin regresé a Madrid, en 1940, seguí enredando. A los 14 años publiqué mi primera historieta en la revista Maravillas y empecé a dibujar y a dibujar... Primero en la Escuela de Artes y Oficios y, más tarde, en las clases libres del Círculo de Bellas Artes. -Con respecto a la animación, el suyo no sería un camino fácil... -Teníamos muchas dificultades y éramos muy ignorantes. Carecíamos de elementos para trabajar, pues se trataban de materiales caros y difíciles de encontrar. Recuerdo que descubrí una ortopedia de la calle Carretas donde se vendían al peso las radiografías del Hospital San Carlos. Y compré unas cuantas, porque, al fin y al acabo, aquello era un soporte transparente para dibujar. Lo único que había que hacer era quitar de ellas el apéndice o la vesícula, así que las metía en agua y venga a fregarlas. Puede imaginarse cómo quedaban. Intentábamos muchas cosas, pero no conseguíamos nada más que hacer extraños experimentos. ¿Y qué hay de la censura? -Peor que la censura, era la autocensura: te pones la venda antes de que te den la pedrada. Yo he sido muy consciente de ello. ¿Su trabajo siempre le ha dado satisfacciones? -He tenido la gran suerte de hacer en un 98 por 100 lo que quería. Sé que si hubiera tirado por otros derroteros, sería millonario, cosa que no lo soy. Pero vivo bien, tengo una familia con cinco hijos... Y no necesito más. No traje nada y no quiero llevarme nada. ¿Está usted de vuelta de muchas cosas? -Yo no estoy de vuelta de nada. Voy camino de los 78 años y estoy abierto a todo. ¿También a las novísimas tecnologías? -Todas las tecnologías son herramientas. Me da igual que una película esté en 3 D o en 35 milímetros. Me da igual dibujar en papel y luego escanear, que en una paleta gráfica. Lo que hay que saber es utilizar estas herramientas. Hay que quitar de la cabeza de la gente esa perpetua queja de esto está hecho por ordenador ¡No señor! esto está hecho con el talento de quien lo ha hecho. El ordenador es sólo una herramienta. Yo tengo una máquina de escribir en mi casa y si me pongo a escribir con ella, no me sale un libro de Javier Marías ni de Gala ni de nada. Se trata del talento, ¿a mí que más me da lo demás? Lo que importa es lo que hay que decir.