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20- 21 D 7 LOS DOMINGOS DE M. FRANCISCO REINA Cultura El Otoño Alemán recisamente porque acaba de salir a la arena de las mesas de las novedades editoriales- -que a menudo son peores y más crueles que los cosos taurinos o los antiguos espectáculos romanos de circo- -el último libro galardonado con el premio Ateneo de Sevilla, cuya factura firma Espido Freire, quiero rescatar de los cantos de las librerías de las grandes superficies la novela anterior, la de Eugenia Rico, con el título contemporáneo a nuestra estación de El Otoño Alemán que publicó la editorial Algaida. No es que Eugenia Rico necesite rescates, su trayectoria en premios, críticas y ventas sobradamente la avalan, pero esta novela, que acaba de salir en las ediciones de Círculo de Lectores, es una rara pieza en la tradición española que merece una reflexión y ser recomendada. Para los maledicentes de los mentideros literarios, que son muchos, que criticaban las formas híbridas y poéticas- -como si esto fuera un defecto y no un logro- -de la narrativa de Eugenia Rico, esta novela, premiada con el Ateneo de Sevilla, va a ser un disgusto. Apunto esto porque, además de ser una novela magnífica, digámoslo de entrada, es según mi opinión, la más madura, y la más canónicamente narrativa como artefacto novelesco de su autora. Sin perder la apuesta arriesgada de La muerte Blanca -que fuera la deslumbrante puesta de largo de su autora con el premio Azorín- en el que el clima emocional y poético impregnaba de una manera fragmentaria toda la narración, en esta nueva novela, se incorpora esta construcción a una historia más ortodoxa en el planteamiento pero llena de hallazgos y destellos. Temporalmente se enmarca tras la caída del Muro de Berlín, en Alemania, en la que unos ami- P gos: Ilse, Fátima, Werner y Ulrich, que pertenecen a la generación Erasmus, paradigma de la idealizada generación JASP irán descu, briendo cuan parecidos son a los jóvenes de otras generaciones perdidas de Europa. Una muerte, como una especie de sacrificio ritual los marcará a todos, con el claroscuro, palabra clave de toda la historia de no estar seguros de haber sido un accidente o un asesinato. Según la propia autora, es una novela sobre la memoria- -que es la peor de las mentiras- -y la indiferencia, -como la peor forma de crueldad- Quizá por eso es una novela que nos alerta de las condenas a repetir los errores históricos del pasado por inacción. Se establecen una serie de curiosas dualidades entre los personajes y los momentos históricos, en los que las apariencias se vienen abajo. La inclusión del personaje de la abuela de Ilse, una mujer despreciada en su propia familia por ser supuestamente nazi, que le manda unas cartas contándole su historia antes de morir a su nieta, la única que la trata, al ver reflejada en ella y su amiga española su propia historia y amistad con una chica judía en la terrible época de preguerra, añade toda una trama de alumbramiento de mentiras e injusticias históricas. En un momento de la novela dice: Dejé que mi propio hijo creyera que fui nazi, que todos pensaran que era una nazi recalcitrante, de la primera hornada. Porque tanta gente mintió sobre ello, tanta gente que fue nazi lo negó, que alguien tenía que pagar por ellos y yo quería pagar Una reflexión sobre la culpa, la memoria, sobre los ciclos históricos y la mentira, sobre las falsas apariencias y el dolor de sobrevivir, contado con precisión y hermosura, lleno de homenajes literarios sin ampulosidades como el de los trenes con el Rojo y Negro de Stendhal de fondo, en lo que es un elegante y cosmopolita ejercicio de saber hacer narrativo. Su propia autora arguye sobre las trampas de la historia, falseada en algunos casos por manipulación y, en otros, por vergüenza asegurando que: Nunca se conoce la verdad. Hay que dudar de la verdad de la Historia, porque posiblemente no fue como nos la han contado. Quizá ni como nos la han contado en nuestra propia familia. Lo que ocurre es que siempre alguien reinventa la Historia para nosotros Una pieza más que recomendable, bellísima en sus descripciones de los paisajes y los sentimientos, donde palpita, sin crudezas, el horror del género humano, a veces más terrible por omisión que por acción y, desgraciadamente, a la luz de lo que vemos cada día en los medios, de absoluta actualidad. JESÚS GARCÍA Economía Nuevos colosos l financiero le gustaba acompañar en su barco la langosta con ginebra antes de cada trato. Después le vimos con su bocadillo en la cárcel. Eran los tiempos de la manguera de KIO, el brazo inversor del Gobierno kuwaití, que llegó a tener participaciones en el Banco Central- -cuando su cartera industrial representaba el 1 del PIB español- -en algunas petroleras, papeleras y empresas del sector de fertilizantes. Hasta que quebró el Grupo Torras. Los ingresos del petróleo no se quedan bajo las alfombras de las jaimas del desierto, van directamente a las arcas del Estado y a la compra de participaciones en los mercados de valores occidentales, Europa y Estados Unidos, especialmente. El 10 de los ingresos de crudo de Kuwait llegan a KIO para que los distribuya a su libre albedrío. Fondos de Abu Dhabi han comprado participaciones en la bolsa de Londres y en la gestora de bolsas sueca OMX. Con el petróleo cada vez más cerca de los 100 dólares el barril en Nueva York, los exportadores árabes están alcanzando cotas de ingresos del doble que hace un año, aunque perjudicados por la debilidad del dólar frente al euro. Forman parte de una nueva estirpe de inversores, los fondos soberanos. China, Rusia, India y los países árabes mueven dinero a espuertas desafiando cada día al libre mercado y a los nacionalismos europeos. Mientras que el comisario McCreevy trata de abrir los mercados, los nuevos buitres del dinero- -ajenos a la crisis crediticia, y a los efectos del bluf inmobiliario americano- no dejan de comprar participaciones estratégicas. Sólo Abu Dhabi Investment Authority maneja un fondo estimado de 875.000 millones de dóla- A res, una cifra similar al 60 del PIB español. China, la fábrica del mundo, con un crecimiento trimestral anualizado del 11,5 tiene que dar aire a las ingentes cantidades de inversión extranjera que anegan sus reservas de dólares. Y para ello ha puesto a trabajar al mayor banco del mundo en capitalización, al ICBC. La última semana, los chinos han comprado uno de los mayores bancos sudafricanos y una participación en Bearn Stearns, uno de los mayores bancos de inversión del mundo. Hace ahora un mes comenzó a operar formalmente China Investment, el fondo de inversión del gobierno chino que maneja un potencial de 200.000 millones de dólares. Rusia, en el reinado de Putin, que quiere instalarse de nuevo en el poder tras las elecciones de marzo, ha descabalgado a toda una clase económica surgida de la tardoperestroika y ha colocado a sus más cercanos empresarios y amigos. Yukos, la mayor empresa petrolera rusa cuando estaba en manos de Jodorkovsky, fue desmantelada y vendida a Rossnef, después de haber metido al magnate en la cárcel de Chita, en Siberia. Un banco estatal ruso tomó hace menos de un año un porcentaje de la aeronáutica europea EADS. Gazprom, aparte de contar con la llave del gas de Ucrania, es el dueño de la manivela del gasoducto ruso alemán, para el que trabaja el ex canciller Schroeder. Acaba de firmar como socio mayoritario con la publica StatoilHydro de Noruega un acuerdo para explotar el campo de Shtokman, considerado la futura primera fuente de energía de Europa y Norteamérica. Rusia, China y países árabes colocan su dinero estatal en empresas privadas, con vistas a rentabilizar sus inversiones, que están haciendo más eficaces unos mercados occidentales encasquillados ahora por la crisis crediticia. Son los nuevos ricos, opacos por excelencia, los dueños de la manguera, los colosos de la inversión, capaces de comprarlo todo, por supuesto, tirando con pólvora del rey y manteniendo sus grandes empresas bajo el manto de la propiedad del Estado. Yo puedo comprarte pero tú a mí no, podría ser su lema, de gran éxito por que mueven cantidades estratosféricas en algunas ocasiones superiores a los grandes bancos de inversión, del club de los dos billones de dólares. Muchos de ellos surten de gasolina a los hedge funds. Chinos comunistas con armas de inversión capitalista, ricas monarquías del Golfo Pérsico, nuevos empresarios rusos recauchutados por la pátina estatal forman parte de este ejército de inversores incontrolados, ajenos a las leyes del mercado.