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28 10 07 EL LIBRO PREPUBLICACIÓN Malvania, una pieza de jazz Malvania es una ciudad ficticia. Tras una apariencia sofisticada y divertida, la urbe guarda una sombría carga de miedo, locura y frustración. La novela de Royo- Villanova describe los callejones más recónditos de una sociedad clasista en la que los clones salen del armario y la esquizofrenia es pandémica. De trama imprevisible, Malvania vuela como una pieza de jazz a calle Pompadour despide el olor agrio de sus dueñas, mujeres taciturnas de mirada ávida y plana que se entregan para sobrevivir a cambio de cualquier cosa. Es una calle estrecha, de colgaderos inciertos con un caos de ropas viejas. A su sombra, arrapiezos y putas apuestan cada tarde a las tabas en medio de una chamuchina de voces, gritos y onomatopeyas, mientras los más pequeños se entretienen escondiéndose y jugando con chapas, combas y diábolos. Los pies descalzos de una niña corren dejando atrás la calle. Ha ganado un par de monedas, y, sólo al pisar el limo de las marismas, su hierba crecida y fresca, los charcos, sólo entonces se detiene a coger aire. Una cuadrilla de gatos está hurgando en las basuras. Más cerca, la pared del viejo galpón cobija a un hombre que exhala con indiferencia la humareda de un cigarro. En el cielo, una bandada de fumareles bate sus alas en dirección al océano. El sol apunta al horizonte y una brisa más fresca anuncia que en el desierto ya ha entrado la noche. Cuando llega a casa, su padre, mostrando la helgadura de unos dientes minúsculos, sonríe y le guiña un ojo, verás qué bien le dice. Hay con ellos un hombre cuya mirada azul le da miedo, y, por un momento, a la niña todo le parece un sueño. -Así que tú eres Danita- -dice el hombre de la mirada azul arrodillándose y obligándola, gracias a la considerada, casi gentil presión de sus dedos, a mirarlo a los ojos- Mi nombre es Príncipe Axel Lumn, soy un señor, ¿sabes lo que eso significa? Un señor de Malvania L Título: Malvania Autor: Jaime Royo- Villanova Editorial: Ediciones del Viento Páginas: 268 Precio: 18 euros South y la divisoria con el sector III, a tan sólo medio minuto de la mansión de su padre, el señor Vasievelich. Louis Pernier podía estar horas y horas observando ejecutar al velero las maniobras que él ordenaba. Gran parte de la fascinación de aquellas tardes en el Dönner Canal consistía en imaginarse gobernando un 15 metros de eslora con dos palos hacia las playas de Rocambola: se veía con un jersey a rayas blancas y rojas, gorro marinero, la barbilla alzada y una bella dama en bikini sonriéndole con admiración. De dónde sacaba el niño esta idea no es fácil averiguarlo. Louis Pernier, rubicundo y pecoso, de lánguidos ojos marrones, había sido un encargo del señor Vasievelich a la ya desaparecida Tellman Walker BioKids Co El respetable señor Vasievelich deseaba un entretenimiento con el que despistar los días de una vida ociosa sin otros alicientes que su gusto por los muchachitos púberes, las apuestas en el hipódromo, las tardes en el Stanford Club y un vicio espectacular por los bombones de licor. Cuando a la edad de cinco años, Louis Pernier le pidió por favor papá, un barco teledirigido Vasievelich sonrió, pellizcó las mejillas del niño y pensó que había sido una excelente idea la de hacerse con aquel personaje. Él en persona le acompañó al canal, y juntos, padre e hijo, navegaron el fun boat mientras comían bombones y gritaban, ¡avante, timonel! ¡descubramos qué hay más allá de Ernie Island! Sin embargo, al tercer día le encargó a su asistente que fuera él quien Jaime Royo Villanova Escritor, periodista Louis Pernier: Ejemplo De Niño Malvanio Y De Las Vicisitudes Que Padecen Louis Pernier disfrutaba navegando su fun boat por control remoto sobre las tranquilas aguas del Dönner Canal. Lo hacía cada tarde sentado en un viejo malecón a la altura del sector I, en la confluencia de West Village Se veía con un jersey a rayas blancas y rojas, gorro marinero y una bella dama en bikini sonriéndole. De dónde sacaba el niño esta idea no es fácil averiguarlo Él en persona le acompañó al canal, y juntos, padre e hijo, navegaron el fun boat mientras comían bombones y gritaban, ¡avante timonel! descubramos qué hay... acompañase al niño. Louis Pernier, cuyo nombre le fue adjudicado por el impecable comercial de la Tellman Walker ante la incapacidad confesa de su futuro padre para decidir, sentía predilección por la mermelada de naranja, los batidos de chocolate y las canicas. Louis Pernier poseía una extraordinaria colección de canicas que guardaba en bolsas de terciopelo. Después de la merienda, el niño arrojaba contra el mármol jaspeado de su cuarto de juegos el contenido de las bolsas originando un alegre y caótico repiqueteo. ¡Cómo disfrutaba Louis Pernier aquel momento! Luego, una vez que el universo multicolor de pequeños planetas detenía su dispar trayectoria, él se tumbaba en medio y a base de lentos, rítmicos, estudiadísimos movimientos, provocaba una música que terminaba con ligeros clic- clic por las esquinas del cuarto. Música de canicas le decía al pálido y ensimismado asistente de su padre. Sin duda respondía éste. Y juntos caminaban hacia el baño, como cada noche. Resulta anecdótico que Louis Pernier sea el mismo niño del colegio Mil Mares que fracturase las dos piernas de su compañero de pupitre atropellándole una y otra vez con un triciclo. Y resulta anecdótico que las autoridades escolares hicieran la vista gorda considerando el ataque como un mero accidente, con lo que el bueno de Louis continuó acudiendo a clase y tuvo oportunidad de mostrarse y demostrarse tan sosegado y abstraído como de costumbre. Ahora, Segismundo Nezval observa a Louis jugar a ricos y pobres mientras en su interior, por fin, de una vez, decide retomar contacto con el caballero Joseph Boghol. Tan pronto como el timbre conduce a los niños a sus respectivas aulas, Nezval entra en secretaría, pide un teléfono y llama a la editorial. ¿Karmer es nombre o apellido? le pregunta la voz atildada de una señorita. No lo sé, trabaja en la planta 56 vuelve a hablar él, y por toda respuesta recibe la inconfundible música