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28 10 07 CLAVES DE ACTUALIDAD Los recién casados brindan sobre estas líneas por su felicidad durante el banquete de bodas. Ella vestida de gris perla, con mantilla y zapatos de raso a juego; él, de sobrio negro flamenco con camisa blanca bordada y con chorreras. A la derecha, una familia feliz, los González Flores en una imagen de los años sesenta; de izquierda a derecha, Antonio González, Lolita, Rosario, Lola Flores y Antonio La boda del año de hace medio siglo A las seis de la mañana del 27 de octubre de 1957, se casaron en El Escorial Lola Flores y Antonio González. La racial artista sentaba la cabeza con una boda cuyos detalles siguió España entera POR JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN FOTOS ABC Lola Flores icen que hacía frío aquella mañanita en El Escorial y que algunos copos de nieve temprana ponían fondo de tarjeta de Navidad a la culminación del romance entre la cantante y su guitarrista gitano. Los calendarios marcaban la fecha del 27 de octubre de 1957 y las manecillas de los relojes dividían en dos la esfera, convertidas en diámetro del círculo horario: eran las seis de la mañana. Antes de llegar a la capilla de la basílica del Monasterio, ambos contrayentes, ella con 34 años cumplidos y él con 31, habían cubierto por separado las etapas de sus respectivos currículos senti- D mentales, agitados y nutridos. El de Dolores Flores Ruiz era una suerte de páginas amarillas del mundo del espectáculo y los deportes, en el que podían encontrarse nombres de toreros de postín, flamencos de tronío y hondura, futbolistas de campanillas, actores, cantantes, un anticuario y algún potentado, aparte de episodios fugaces. ¿Nombres? Rafael Gómez Gallito Manolo González, el Niño Ricardo, Manolo Caracol, Gustavo Biosca, Gerardo Coque, Rubén Rojo, Rafael Romero Marchent, Ricardo Montalbán, Carlos Thompson... El novio, Antonio González Batista, incluía en su ajuar un historial amoroso con sus correspondientes roman- ces y dos hijos: Antoñita, fruto de su relación con Dolores Amaya, sobrina de la gran Carmen Amaya, y Antonio, nacido de sus devaneos con la bailaora jerezana Carmelita Santos, quien, por cierto, había sido novia de Manolo, el hermano menor de Lola Flores fallecido a temprana edad. La verdad, no había mucha variedad onomástica en esta prole preescurialense del Pescaílla. Dolores Amaya y su hija, aunque sin bendición eclesial de por medio y según el mandato de la tradición gitana, vivían con la familia de Antonio González en el barrio barcelonés del Charco de la Pava. Cuando los rumores de la anunciada boda entre la racial artista multifacética y el guitarrista llegaron a la ciudad condal, una contariada delegación femenina de los Amaya se acercó al número 9 de la madrileña calle de En el agitado currículo sentimental de la Faraona había toreros de postín, futbolistas de campanillas, flamencos de tronío y hondura, actores, cantantes, un anticuario...