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12- 13 D 7 LOS DOMINGOS DE Algunos cibervoluntarios, con su presidenta Yolanda Rueda en el centro, en la sede de la Fundación en Madrid luntarios se ha revelado como un auténtico crack, con más de 60 cursos a un alumnado compuesto, según explica a D 7 José Ignacio, en un 70 de amas de casa y un 30 de hombres, de los que el 20 son jubilados que no tienen otra cosa mejor que hacer y otro 10 es gente que trabaja en sectores como el de la hostelería, que no usa el ordenador, y que quiere aprender. El curso que damos en unas dependencias del ayuntamiento roteño desde hace seis años es teóricamente de Introducción a internet pero al menos dos clases hay que dedicarlas a ver cómo se enciende aquello, qué es el ratón y cómo funciona el teclado. A ver, dices, poner Rota y ahí ya se monta el jaleo, ¿y dónde está la erre? ¡Dios santo, he puesto dos aes! ¿y cómo se borra? Al final, el que más y el que menos manda correos, visita webs y hasta hace la compra por internet. Se trata de que lo vean útil El alumno de más edad que han tenido no cumple los 78- -en otros lugares los ha habido hasta de 93- y de menos de 17 no los quieren porque esos tienen que aprender en el instituto y si vienen aquí es para distraer y al lío Confiesa que sólo ha conocido 4 casos imposibles de 500 alumnos, y en tres de ellos influyó el estar rodeaditos de tanta mujer Cuando a José Ignacio, formado como informático, le preguntas en qué puede mejorar un ordenador la vida de un ama de casa, no lo duda: Internet es el futuro. Y, además, yo que soy anti televi- marse a los paisajes lejanos de sus pueblos, tener acceso a su canción favorita, ver las fotos de familiares, poder comunicarse por correo electrónico o, simplemente, sentir que también eran capaces. Es difícil saber qué pensaban cuando se enfrentaron por primera vez a un ordenador, pero le aseguro- -añade Belén- -que el día que entregamos los diplomas fue una fiesta. Cada uno llegó hasta donde pudo: unos sólo lograron poner su nombre en el bloc de notas, otros consiguieron mover el ratón por la pantalla y hay quién fue más allá usando con soltura el correo. Ellos, que son los grandes olvidados de las nuevas tecnologías y ante los que la sociedad vuelve la cara, han demostrado que querer es poder. Y nosotros debemos poner esas nuevas tecnologías, que son ante todo comunicación, a su servicio. No hay duda de que una empresa que vendiera aplicaciones para sordos haría el negocio del siglo Esta cibervoluntaria dedica ahora su tiempo, gratis et amore a un proyecto formativo a largo plazo para discapacitados físicos y psíquicos, previo estudio de cómo puede influir en ellos la innovación técnica. Está convencida, como todos sus colegas del ciberespacio, de que la inclusión social y digital se aúnan con el cierre de la brecha tecnológica. Porque en red no hay exclusión Ni para arrimar el hombro en esta comunidad aséptica en la que nos ha tocado vivir- -y que se empieza a acostumbrar monstruosamente a que la relación entre telemática y los sintecho es la de unos criminales grabando en un móvil cómo se prende fuego a un indigente- -hace falta moverse de la pantalla. Francisco José Muñoz, ingeniero informático, que antes de ser cibervoluntario iba a jugar con los niños hospitalizados por cáncer, está empeñado en mejorar el blog de Pedro Cluster (www. sinhogar. org) que también se vio en la calle y que hoy ya es parte del cibervoluntariado. ¿Y sin casa tienen ordenador? preguntamos. La gente sin hogar- -explica- -en uno de los sitios donde se encuentra mejor, recogidita por poco precio y calentita, es en un cibercafé, en donde nadie les mira raro porque suelen ser bastante tolerantes. En el fondo todos somos un poco bichos raros y allí a ellos, delante de una máquina que nos iguala, se sienten uno más. Precisamente ahí he visto uno de los ejemplos más claros de cómo usar la tecnología con responsabilidad y para un fin social. Y es que frente a la obligación de crear para vender, de crear necesidad de comprar tecnología todo empapado de mercantilismo, la técnica nunca fue mejor moneda de cambio: recibes más que das Sin casa pero con internet José Ignacio Sánchez, de pie, un prejubilado ocupado en digitalizar roteños sión lo propongo como sustituto de programas estúpidos, para poder investigar por ahí, relacionarte con otros, conocer grupos con tus mismos intereses... Además, ¿quién no tiene un familiar lejos? Pues con internet, además de hablar con él, puedes verlo A Adrián Rodríguez la jubilación le suena a chino: es el cibervoluntario más joven, que con 17 años ya era un activista de la fundación y con 18 se ha convertido en el tótem telemático del pueblecito leonés de Villaquejida, donde se hizo cargo el verano pasado del telecentro abierto en el municipio. Ha sabido encontrarles el punto débil a sus paisanos. A un agricultor- -cuenta- -que mantenía cierta disputa con el vecino por ver de quién era la finca más grande, le enseñé que con el programa Sigpac podía contar hasta los olivos. Ahora venera el ordenador. Hay que ir- -insiste como todos- -a lo que le resulta práctico a la gente Otros como Belén Santos, empresaria de 31 años, también de León, donde se dedica a proporcionar soluciones informáticas a empresas, regala lo que podía vender: sus conocimientos y su experiencia. En un alarde de valentía quiso empezar por lo más difícil: introducir en las nuevas tecnologías a enfermos mentales, la mayoría esquizofrénicos, muchos de ellos ingresados en instituciones. Fueron 40 personas, a través de Alfaem (Asociación de Familiares y Amigos de Enfermos Mentales) que tan pronto se ponían a llorar como a reír, y para los que la computadora se reveló como el objeto mágico que lo podía todo: les permitía aso-