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24- 25 D 7 LOS DOMINGOS DE Annecy TEXTO Y FOTO: JUAN FRANCISCO ALONSO Una Venecia en los Alpes Los canales abrazan esta ciudad cargada de historia, zurcida con callejuelas, con el runrún del agua y con las imponentes cumbres de los Alpes a su alrededor. En Annecy se respira el encanto de la Francia tranquila. Su lago, dicen que el más limpio de Europa, es un imán para millones de turistas ista desde dentro, la vieja cárcel de Annecy tiene un aspecto siniestro, más por lo que i mag i na mos que por lo que vemos. L os muros de la vieja prisión del Palacio de la Isla, las cuatro paredes en las que los reos penaban sus desgracias, f ueron un símbolo de poder en los tiempos del Conde de Ginebra o del Gran Duque de Saboya. En la cárcel se muestran hoy los proyectos culturales de la ciudad, por ejemplo, aunque en cualquier momento nos asalta su pasado, la historia de los presos de la resistencia encerrados por los nazis, o ese i nstante del siglo XIX en el que el edificio estuvo a punto de ser derribado por inútil. Afortunadamente, no hubo dinero público para el destrozo, y empezó su vida c omo icono turístico, una de las fotografías más conocidas de Francia. El Palacio de la Isla es la esqui- de de Francia (14,6 Km de largo) En este entorno en el que, si nos descuidamos, podemos intoxicarnos de aire puro y paz, destaca la agitación de un c arril bici construido sobre el trazado de la antigua vía ferroviaria Annecy- Albertville, pegado al agua. A media tarde, los visitantes van y vienen, a pie, en bicicleta o en patines, quizá después de haber visitado cercanos pueblos con encanto como Sevrier, Saint- Jorioz o Duingt. Y a dormir, a Annecy, una tierra que perteneció a la Casa de los Saboya hasta 1860, cuando se incorporó a Francia. V Desde la cárcel al castillo na que buscan todos los viajeros nada más llegar a Anncey, un idílico rincón de la Alta Saboya francesa acunado entre las cumbres de los Alpes, a unos pocos kilómetros de Ginebra (Suiza) por un lado, y de Mégeve, el Mont Blanc y Chambéry por otro. Estamos en un clásico del veraneo de lujo en Francia, junto a un lago bellísimo, en un casco histórico abrazado por canales que comunican el lago con tres ríos. La Venecia de Saboya bulle en verano, quizá demasiado, ra zón por la que cada vez abundan más los visitantes fuera de la temporada alta, en otoño, cuando los bosques próximos son una tentación. En realidad, la c omunidad de la comarca de Annecy agrupa a trece municipios, unidos p or el mismo paisaje, por muchos servicios comunes y por una hilera de casonas de esas que provocan envidia p oco sana, colgadas sobre el lago, el segundo más gran- Agenda El viaje: Ginebra está a apenas 50 Km. Otra buena opción: Easy Jet (www. easyjet. com es) inauguró recientemente un vuelo Madrid- Lyon, una de las capitales gastronómicas de Francia, a 125 Km de Annecy. Se pueden encontrar billetes de ida por 11,99 euros, tasas incluidas. De película: Annecy es la sede del reconocido Festival Internacional de Cine de Animación, en junio (www. annecy. org) Un hotel con vistas: Les Trésoms (www. lestresoms. com) se halla en una de las laderas que rodean Annecy. No es barato (habitaciones a partir de 180 euros) pero el entorno permite pensar que vale lo que cuesta. Se pueden buscar otras opciones bastante más económicas en la página web de la Oficina de Turismo, www. lac- annecy. com. Para saber más: Turismo de Francia (es. franceguide. com, 807 11 71 81) La esquina de la vieja prisión de Annecy es uno de los rincones más fotografiados de Francia Junto a la prisión empieza cualquier paseo por el casco histórico, rodeados de canales que en su momento fueron similares a los de Venecia, aunque en el siglo XIX se modificaron para evitar las crecidas e inundaciones. Ahora es imposible un romántico paseo en góndola, pero el impacto visual que provoca su belleza en los viajeros no avisados sigue siendo el mismo. La ruta debe incluir sus cuatro iglesias principales, como la de San Mauricio, del siglo XV y por supuesto, el castillo, residencia de los condes de Ginebra que, como la cárcel, ha sobrevivido a infinidad de avatares, desde un incendio devastador hasta la época en que sirvió de refugio a los sin techo Como el Palacio de la Isla, corrió el riesgo de desaparecer, circunstancia que hoy se antoja imposible. Desde el mirador del castillo, los viajeros observan el intrincado laberinto de callejuelas del centro, cruzadas por los correspondientes canales, y también la importancia que tiene el lago en la vida de Annecy, quizá el principal reclamo para los millones de turistas que por aquí pasan cada año. Dicen que es el más limpio de Europa, después de que la ciudad emprendiera una hercúlea labor de regeneración a mediados de los sesenta. Hay muchas formas de apreciar su belleza, desde una zambullida en una de sus playas a un tranquilo recorrido por los 35 kilómetros de pistas preparadas para el cicloturismo. Y, por supuesto, durante unas horas de navegación en uno de esos bateaux que lo surcan al atardecer, con cena y baile incluidos. Annecy, conservadora y elegante, salpicada de coquetas terracitas junto a los canales, ve pasar la vida a años luz del ajetreo, aunque estén relativamente cerca los aeropuertos de Ginebra (50 Km) y Lyon (125) En las callejuelas huele a pan recién hecho, a café humeante, a las flores que cuelgan de los balcones. Sólo el pedaleo de una bicicleta interrumpe la charla del desayuno, cuando acaban de llegar los periódicos con las noticias del mundo exterior