Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
21 10 07 VIAJES La Potsdamer Platz era en aquellos tiempos tierra minada y alambrada. Hoy es fastuoso escaparate de una ciudad futurista ABC Berlín Nido de espías (Viene de la página anterior) se, está el Hostal Adler, un antiguo hotel de espías y un buen observatorio del Berlín Este, donde tuvieron lugar muchas entrevistas discretas entre agentes de distintos bandos. En la esquina de la Kurfürstendamm y la Uhlandstrasse estaba la Casa de Francia. Allí, el 20 de julio de 1954, el jefe del contraespionaje de Alemania Occidental, Otto John, tenía previsto entrevistarse con un agente británico. Una cita a la que nunca llegó porque John, quizás borracho y drogado, fue conducido ese mismo día al hospital de la Caridad, situado en el lado germano- oriental del Muro, antes de ser trasladado al cuartel general soviético en Karlhorst. Deserción o secuestro, nunca se ha sabido con seguridad, porque John, que había trabajado para el SIS, se escapó de la R. D. A. y regresó poco después a Alemania Oeste, donde fue juzgado por traición y condenado a 4 años de prisión. Inevitable en cualquier viaje por la memoria del Berlín dividido es el Muro que partía la ciudad. Construido en 1961, zigzagueaba toda la capital y unas 800 personas murieron al intentar cruzarlo. Felizmente derribado, hoy sólo siguen en pie algunos tramos. El mayor, de 1,3 kilómetros, a orillas del río Spree, es el denominado East Side Gallery, en Mühlenstrasse 24- 26, aunque quedan también restos en las cercanías de Checkpoint Charlie y del Bundespress (Centro de Prensa) cerca del remozado Parlamento (Bundestag) En los números 4 y 6 de A la vera del Muro Schenellerstrasse estaba la sede del contraespionaje militar de la Stasi; y en el 13 de la Tschaikovskistrasse, en Berlín- Pankow, la Oficina para la Investigación Nuclear (H. A. 6) el departamento secreto que protegía las industrias de armamento de la R. D. A. En una de las arterias urbanas más castigadas de Berlín durante la contienda se levanta la estación de metro y ferrocarril urbano de Friedrichstrasse. Un sitio de referencia ligado a la épica del Muro y la Guerra Fría, centro de una zona de restaurantes y teatros como el mítico Berliner Ensamble, donde Berthold Brecht representó sus obras más famosas. Friedrichstrasse era el paso fronterizo más utilizado por los berlineses. Quedaba dentro de Berlín Este, y cuando llegaban los trenes de la parte occidental los pasajeros debían pasar un férreo control aduanero en un edificio anexo que, por las dolorosas despedidas, recibió el triste nombre de Palacio de las Lágrimas. Hoy, además de seguir siendo un centro principal del transporte urbano berlinés, la estación dispone un amplio espacio ocupado por una galería comercial. Un lugar relacionado con procesos y oscuras causas en los tiempos de la Guerra Fría es el distrito de Moabit, en la ribera norte del Spree, entre los canales y el puerto fluvial de Westhafen. Barrio tradicional de cárceles y tribunales, se ha transformado re- cientemente en zona residencial. Su edificio más célebre es el Tribunal de lo Criminal, de impresionante arquitectura decimonónica que aún parece esconder muchos secretos entre sus gruesos muros, donde se celebraron los juicios contra los miembros de la banda Baader- Meinhof y estuvo preso el jefe de la Stasi, Erich Mielke, enviado por Stalin a la guerra civil española de 1936 como oficial asesor, que falleció en una clínica de Berlín en mayo de 2000, a la edad de 92 años. En 1954 el servicio secreto de EE. UU. excavó un túnel de 425 metros desde la parte oeste al otro lado de Berlín, para interceptar las conexiones telefónicas entre la embajada soviética y su cuartel general en Karlhorst. Una notable obra de ingeniería que funcionó desde febrero de 1955 hasta abril de 1956 y cruzaba la demarcación fronteriza al lado de un cementerio. Desde ahí se internaba en el Berlín oriental hasta alcanzar el cableado telefónico bajo la avenida Schönefelder Chausée, en el distrito de Treptow, no lejos del aeropuerto de Schönfeld. Lo que durante mucho tiempo pasó por una hazaña, no lo fue tanto. De acuerdo con las últimas apreciaciones, basadas en archivos de la CIA y el KGB y en testimonios de agentes que intervinieron en la operación, los soviéticos supieron del túnel por el espía doble británico George Blake, incluso antes de que estuviera terminado. Eso hizo que la mayor parte de la información que los norteamericanos recogieron fuera de escaso valor o falsa. Pura desinformación en muchos casos. En el campo de la ficción, sin embargo, no hay duda de que los vencedores en el espionaje berlinés resultaron ser los británicos. Ellos fueron quienes mejor supieron sacarle partido literario a la embrollada situación de la dividida capital. Sobre todo en las novelas de dos escritores de talla: Len Deighton, con el agente Bernard Samson y su excelente trilogía sobre Berlín, y John Le Carré, que adquirió fama mundial con El espía que surgió del frío Una obra de atmósfera alucinante y angustioso realismo, que presenta a los espías como marionetas dolientes manejadas por hilos invisibles. Su personaje muere al intentar cruzar el Muro al norte de la Bernauerstrasse, cerca de Pankow, pero Berlín sobrevivió a su muerte y a la de otros muchos espías. Los secretos de antaño parecen ahora papel mojado y sueños lejanos frente a la persistente realidad de esta ciudad, vencida y ocupada, que aprendió a superar las peores crisis y nunca se resignó a la partición y al ultraje. Pura desinformación La CIA, el KGB, el SIS británico, la Stasi germano- oriental y el BND del Oeste fueron los antagonistas de la batalla de espías de Berlín. Sus huellas permanecen aún visibles