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20- 21 D 7 LOS DOMINGOS DE M. FRANCISCO REINA Cultura El río que no cesa on este título de doble alusión cultural, El río que no cesa acaba de editarse por EH editores una nueva antología poética de la inconmensurable escritora Pilar Paz Pasamar. Paráfrasis de gran acierto la de la leyendas que precede la recopilación cuando se trata de una de las figuras más señeras de la poesía española del s. XX y lo andado del XXI, heredera por niña de la guerra de la literatura española de la Generación del 27- -Miguel Hernández y su Rayo que no cesa entre otros- y de la ingrávida tradición de la mística española- -Santa Teresa y San Juan de la Cruz siempre al fondo- -con ese último asceta panteísta llamado Juan Ramón Jiménez, que señaló a la poeta andaluza como heredera de esa senda, desde su primer libro, como depositaria de este bagaje inusual en nuestro panorama intelectual. No en vano, en este jovencísimo libro con el título bíblico de Mara ya nuestra poeta interpela a la divinidad cuando le dice: Tu peso duele mucho, y es muy grande Tu fatiga de Dios sobre mi cuerpo El poema, incluido en la selección junto a otros, fue lo que llevó al Nobel de Moguer a decir sobre ella y su libro en la famosa entrevista de Ricardo Gullón: Hay una muchacha, Pilar Paz Pasamar, que ha escrito un poema excelente, magnífico, sobre Dios. Entre los jóvenes poetas encuentro de vez en cuando cosas excelentes. Ese poema es una joya. Esa niña es genial Pero esa niña, que abandona por amor terreno y espiritual un Madrid convertido en hervidero de intrigas y maledicencias- -cosa que no ha cambiado sino a peor- -para dedicarse a su escritura sin perder el sosiego de su senda invisible, no dejó de asombrar por su obra sólida, lo que le ha valido el C reconocimiento internacional con varias tesis. El reconocimiento nacional es otro cantar- -tomen nota los que deban hacerlo- aunque despunten por fin algunos importantes como el del Instituto Cervantes por medio de su mano virtual, con un excelente monográfico, amén de los homenajes de la Asociación de la Crítica Andaluza, auspiciado por el escritor Antonio Hernández, o con incondicionales como el premio nacional de literatura Manuel Ríos Ruiz, que dice en un artículo sobre esta antología que es la poeta más importante de su generación, la del cincuenta afirmación que yo suscribo, o José Miguel Santiago Castelo, Director de la Real Academia de Extremadura y subdirector de este diario, auténtica biblioteca viviente de la Historia y la Literatura contemporánea española, que asegura que Pilar Paz Pasamar es la última poetisa verdaderamente grande que nos queda de aquella fabulosa generación Hablar de la poesía de Pilar, es hablar del pálpito de la divinidad sobre lo humano. No de una forma fácil o acomodaticia, sino de una manera comprometida y profunda, indagadora de la propia naturaleza del ser humano y su sentido de la trascendencia. Pero este pálpito de la divinidad como eje fundamental de su corpus poético deviene de una enorme diversidad de canales de transmisión o, si se prefiere, de una multiplicidad de tradiciones literarias que confluyen en sus libros y en su manera de entender la poesía. Este río poético es como el de Heráclito, ése en el que entramos y no entramos, pues somos y no somos los mismos o el de Cratilo, achacado por Platón al propio Heráclito, en el que no nos bañamos dos veces por su multiplicidad de tradiciones lecturas e intensidades. A punto de aparecer su nuevo libro, aún inédito, después de muchos años en silencio para la poesía, a sus poemas les suceden como a los metales preciosos, que se aquilatan y aumentan su valor con los años. En uno de los inéditos aparecidos en esta antología dice precisamente: Un varillaje de oro mece y refresca el mundo, abanica las aguas que corren con sigilo. El oro derretido, tan puro y tan caliente, ebrio en la pleitesía de la estación dorada, frente a tanta belleza, nos acerca al principio, al amor inicial escondido en espera, a la alquimia del beso, a la definitiva cita restauradora, final de travesía, inicio de otro gozo, plenitud infinita, retornada a los dedos orfebres que ya esperan transformar la materia de amor que se avecina Poesía como diamantes en un mundo de oropeles contrachapados. Quien la leyó lo sabe. JESÚS GARCÍA Economía SubvencioneZ s en plena crisis energética, en 1978, cuando se produce la última recesión reconocida del sector de la vivienda. Ya en octubre de 1977 los Pactos de la Moncloa dedican un capítulo en el contexto del acuerdo sobre el programa de saneamiento y reforma de la economia, a la política de urbanismo suelo y vivienda. Lo recuerda Luis Gamir en su libro Política Económica de España y subraya que no dejan de surgir voces que denuncian a la construcción como un sector insolidario respecto al resto de la economía, al no querer aceptar la reducción de excedentes empresariales y constituirse así en uno de los impulsores de la inflación. El Gobierno de Adolfo Suárez sale en defensa del sector reconociendo la grave contracción, la inadecuada financiación que le asiste y la necesidad de relanzar la política de vivienda. No era entonces el mundo plano, como lo entiende Thomas Friedman, en su breve historia del mundo globalizado. En pleno siglo XXI, hierve el petróleo en 90 dólares con la amenaza de provocar otro shock, el dólar se debilita como en el crack de 1987 aunque impulsado por las autoridades, la crisis inmobiliaria sacude a la economía estadounidense. El Ministerio de la Vivienda creado en 1957, engullido por el MOPU 20 años después, recobra fuerza ahora con una nueva titular Carme Chacón a pocos meses de las elecciones. Es un momento delicado para el sector por que han cambiado las condiciones de financiación. Se acabó la era del dinero barato y se pagan los excesos del apalancamiento desmesurado, del negocio de pedir dinero. A tal grado ha llegado la preocupación que el sector inmobiliario ha creado un lobby. Con E gran éxito, a juzgar por los resultados obtenidos. Un grupo de interés en el que están las grandes inmobiliarias, en cuyos consejos se sientan algunos de los hombres más ricos del país. Hombres que, en defensa de sus empresas, han levantado en plena fiebre crediticia más de 2.000 millones en una semana. Fortunas individuales que consiguen préstamos en 2006 por importe similar a todo el agujero de los siete grandes de la banca en 1992, tras el no danés a Maastricht. Esa es la España en la que la construcción alcanza el 18 del PIB, un monocultivo peligroso para la economía. Una situación propiciada por una subida del suelo en diez años de hasta el 500 y una incremento del precio de la vivienda de hasta el 130 con una demanda pujante por la entrada masiva de inmigrantes y una especulación creciente ante las magníficas condiciones del crédito, con tipos de interés en mínimos históricos, por debajo de la inflación. La Ley del Suelo de 1956 fue el primer intento para frenar la especulación en España, pero ni siquiera fue operativa por que no se desarrolló su reglamento. El cese de las condiciones que permitieron el auge de la vivienda ha desembocado en un ajuste que amenaza el futuro del sector hasta tal punto que han situado al Gobierno de su parte. En el Banco de España se quedaron ojipláticos cuando escucharon a Zapatero en el foro de ABC instar a las entidades a abrir el grifo de los préstamos. Han conseguido trasladar al presidente su preocupación, y de qué modo. Hasta tal punto que en Vivienda están dispuestos a ayudar a algunas empresas, con dificultades para financiar promociones terminadas, a colocar sus viviendas en el mercado del alquiler. Incluso en el ministerio sufren cierta ansiedad por que la vivienda de protección oficial resulte rentable para las constructoras. Eso después de que las empresas se hayan negado en los últimos años a hacer este tipo de vivienda. Un mercado el del alquiler con mucha demanda y una oferta que el Gobierno azuza por la vía pura y dura de las subvenciones. Pretender que el Gobierno rescate a las promotoras con dificultades, en general, es tan chusco como dar ayudas a todo aquel que tenga problemas en el pago de sus créditos. Cuando todos ganan manda el mercado, cuando algunos pierden, se tira de la Z de subvencioneZ. EZto no eZ Zerio, ZeñoreZ, aunque algunos no se les caiga la cara de vergüenza al subrayar que la crisis inmobiliaria debe ser tratada como una cuestión de Estado.