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16- 17 D 7 LOS DOMINGOS DE Humilde, pero emotivo monumento al escritor nen desde que era apenas un poblado. Así es como ha llegado hasta aquí el vendaval de festivales culturales que sacuden el reino en los últimos años. El Primer Festival Internacional de Tarfaya. Las noches musicales de Cabo Juby aterrizó en el pueblo con toda su parafernalia la primera semana de octubre. Se plantaron elegantes jaimas para llenar el estómago de invitados y periodistas, se instaló un mercadillo popular y varios escenarios en los que actuó, entre otros, la Orquesta Filarmónica de Marruecos. Todo está ya recogido. Se mantiene sin embargo el empeño del proyecto de la denominada Agenda 21 que pretende reflotar algunas localidades especialmente desfavorecidas, como explica Monceyf Fadili, su coordinador nacional y consejero en Marruecos de la agencia de la ONU para el Hábitat. Entre las olas que bañan el litoral de Tarfaya se yergue aún firme pero en ruinas el edificio que dejaron los británicos del antiguo Puerto Victoria y que se conoce como Casamar. Por los callejones se encuentra algún vestigio de la época española como la sede de los antiguos juzgados, también en desuso, y el fuerte, con su perfil almenado y su torreón, convertido en un cuartel. Cabo Juby no es sin embargo un lugar en el que el paso de España salte a la vista a diferencia de otros lugares del Marruecos de hoy. Nada que ver con Sidi Ifni o con ciudades del antiguo protectorado como Larache, Tetuán o Alhucemas. Uno de los escenarios del Festival, como lamenta Shaibata Sadat, se levantó en el espacio que hasta 1990 ocupaba la antigua iglesia española, que fue destruida. De ella no quedan más recuerdos que algunas fotos y la mano mutilada de Sadat, que perdió varios dedos entre sus cascotes. Vestigios españoles Fue Pierre- Georges Latécoère, nacido en 1883, el que puso en marcha la compañía que llevaba su nombre y que después pasó a llamarse Aéropostal. Mi abuelo quería ganar tiempo con los aviones para correo y pasajeros y que dejaran de ser un objeto de guerra cuenta Marie Vicente Latécoère, presidenta de la Fundación que recuerda a su abuelo. Los primeros pilotos, cuenta, fueron expertos de la Primera Guerra Mundial pero eso no evitaba que las pérdidas, los accidentes y los ataques de moros y bereberes fueran frecuentes Pero cuando llegaban a Rabat con los periódicos del día dejaban a las autoridades de la colonia sorprendidas Las autoridades marroquíes quieren aprovechar el tirón del autor de El Principito para sacar a Tarfaya del arenal en el que sus calles sin asfaltar la mantie- Bachir, de 91 años, recibe el saludo de su hijo. Ambos guardan un grato recuerdo de España