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21 10 07 CLAVES DE ACTUALIDAD Afrogallegos Nuevo paisanaje en la costa Casimiro y Álex a bordo del Mirando o mar un pesquero de Foz (Viene de la página anterior) Sus compañeros de fatigas los miran divertidos. Vaya elementos. ¿Que si hablan gallego? Bueno, mezclándolo con el portugués. Pero cuando cotillean entre ellos no hay quien los coja El Mirando o Mar y el Ollo do Mar patroneados por los hermanos Rey, van a por la sardina y el jurel. Alberto, patrón mayor de Foz, cuenta que los caboverdianos son iguales que los españoles en cuanto a trabajo y sueldo. Les pides lo mismo. No obstante, esta generación no es igual que aquella que vino hace treinta años. Los primeros eran más dispuestos. Supongo que ocurre con todo el mundo, tenga la procedencia que tenga. Los jóvenes parece que tienen menos capacidad de sufrimiento. Ésta es una labor muy dura y poco valorada Sus barcos se alejan un par de millas Treinta nacionalidades asomadas al mar En Burela están empadronados 871 extranjeros de una treintena de países. Constituyen el 9,5 por 100 de la población total. La comunidad más numerosa es, por supuesto, la caboverdiana (251) seguida de cerca por la peruana (228) Ambas compiten por formar parte de las tripulaciones de la flota pesquera. El número de unidades familiares netamente extranjeras es de 188, y el de unidades mixtas es de 143. Las reagrupaciones son abundantes, lo que prueba el hecho de que haya 214 inmigrantes menores de edad. Según los últimos datos del padrón municipal, en toda Galicia hay 73.756 extranjeros, de los que 2.256 proceden del África negra. de la costa. Un trabajo de noche al alba. Dependiendo de cómo se dé la cosa, echan las redes una o dos veces. Alberto Rey se queja de los tres años de parón de la anchoa del Cantábrico. Una de sus fuentes de ingresos boquea exhausta a causa de la sobreexplotación. La Comisión Europea ha dictaminado que la veda debería continuar en 2008, ya que la actual biomasa de anchoas, 30.000 toneladas, está muy por debajo del nivel en el que podría reiniciarse la pesca comercial sin peligro para la supervivencia de la especie (en un año bueno hablaríamos de 125.000 toneladas) Una crisis que afecta, por supuesto, a los marineros llegados de África en busca de oportunidades. Los tres senegaleses que enrolé conmigo están en el paro. Supongo que andarán en La Coruña buscando algo en el sector de la construcción se lamenta Luis Insua, pescador de Finisterre. Junto a sus cuatro hermanos es propietario de dos barcos actualmente amarrados en el puerto. Uno de ellos lleva parado desde junio. No hay buenas perspectivas hasta primeros del año próximo, así que hemos decidido tomarnos vacaciones por obligación. Fuimos a la zona del Golfo del Vizcaya en busca de merluza y de bonito y regresamos con las bodegas prácticamente vacías. Llevamos dos temporadas nefastas. Esperemos que los senegaleses estén disponibles cuando salgamos de nuevo, porque los necesitamos. Sin estos inmigrantes no hacemos nada. De todos modos tengo la terrible sospecha de que nuestra generación de pescadores es la última en Galicia ¿Una expresión de melancolía propia de los habitantes de esta tierra o un puñetazo de cruda realidad? El recorrido por los bares de Burela muestra un paisaje de inmigrantes acodados en la barra, apurando cervezas mientras esperan una plaza en un barco. Casi siempre, hacia el Gran Sol. Un tal Pedro suelta un mitin a sus compadres hablando del respeto por la diferencia y de la dignidad en el trabajo. Lleva tres años sin ver a su familia (tiene una hija de 14 años) Pasado un rato, habla solo mientras los colegas mueven la cabeza mecánicamente. El mar no está garantizado para nadie repite con insistencia. Tal vez se vaya a Alemania, donde vive su hermana, para buscar otros caladeros laborales. Pero la mayoría llegó para quedarse. Para echar raíces. Para tener hijos aquí. Esta é a miña casa, a miña terra, nacín aquí dice Angélica. Dentro de unos años, su acento ligado al color de su piel dejará de sorprender. Malos tiempos Igualdad de trato Angélica y Cristina, afrogallegas de pura cepa, son hijas de uno de los primeros caboverdianos que llegaron a Burela