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8- 9 D 7 LOS DOMINGOS DE ÁNGEL CÓRDOBA dad de vida como nunca han tenido las familias. Éste es el segundo factor, el de la abundancia económica de nuestras sociedades. Quienes pusieron en cuestión la familia, en los años sesenta y setenta, eran hijos de la abundancia de varias décadas de crecimiento. Cuando se pusieron a jugar a la revolución, no habían conocido los sacrificios que tuvieron que hacer sus padres para salir adelante después de haber sufrido una guerra, depresiones muy profundas, crisis sociales que estuvieron a punto de destruir hasta la raíz la misma civilización que luego reconstruyeron, entre los años cincuenta y los sesenta. Algo ocurrió para que la generación que tantos sacrificios asumió en los años cuarenta y cincuenta no consiguiera transmitir ese mismo espíritu a sus hijos. Quizá los padres buscaron evitar que sus hijos sufrieran las privaciones y dificultades que ellos sí vivieron. O los hijos dieron por sentado que la abundancia y el bienestar eran algo natural y que se podría experimentar sin ningún coste con nuevas formas de vida. Por mi parte yo creo, Santiago, en una familia compuesta de un hombre y una mujer, con hijos y extendida a todos los miembros que por costumbre, por consaguinidad o integración, pertenecen a ella. Desde luego existen otras for- mas de convivencia humana, homosexuales o heterosexuales. A todas ellas, te diré, hay que dar una solución justa y equilibrada. Son naturales en la medida en que existen, y es absurdo ignorarlo. No sólo eso sino que hay que respetarlo. La familia ha sido un gigantesco avance social, y sobre ella se funda la estabilidad y el progreso de nuestras sociedades. También, y en muy buena medida nuestra propia libertad. No te equivoques: no estoy en contra de que se regulen otras formas de convivencia. El modelo que te he descrito antes puede cambiar: una madre o un padre separado que se hace cargo de sus hijos constituye evidentemente una familia. Requiere el mismo sacrificio, la misma solidaridad, el mismo apoyo incondicional. Pero no estoy de acuerdo en que se considere cualquier situación equivalente a la familia de la que te hablo. Lo mismo en cuanto al matrimonio. No me parece correcto que se le dé el carácter de matrimonio a una unión que no sea entre un hombre y una mujer. Es algo respetable, pero no forma un matrimonio. Ni equivalente, ni alternativo. ¿Acaso crees que el divorcio express, la separación sin obstáculos, el saber que todos los compromisos se pueden deshacer en cualquier momento hace más felices a los seres humanos? ¿Estás seguro que todas las madres que han te- nido que asumir solas la maternidad son más felices por eso? ¿Piensas de verdad que la posibilidad de abortar con tanta facilidad como se da en muchos países occidentales proporciona a las mujeres, y a los varones, una vida más plena y satisfactoria? De hecho, se trata más bien de fracasos humanos, y sin embargo nuestras sociedades tienden a identificar este tipo de cambios con la felicidad, con el progreso, con lo natural En cuanto a España, ese mismo divorcio express nos ha situado a la cabeza de los países occidentales en cuanto al número de familias rotas. Por supuesto que es imposible evaluar cuántas separaciones están propiciadas por esa ley, aunque han aumentado considerablemente desde que entró en vigor. Pero ¿te crees que hay algún motivo de orgullo en encabe- Hay otras formas de convivencia. Hay que respetarlas. Pero no me parece correcto que se dé carácter de matrimonio a una unión que no sea entre un hombre y una mujer En España los hospitales públicos no podrían funcionar si no fuera porque muchas familias no dejan a los enfermos solos ni un momento. La sociedad se basa en la familia zar ese ranking? En el fondo, entre naturaleza y sociedad se establece un vínculo que no podemos romper. La familia está basada en la naturaleza biológica del hombre, y la sociedad está basada en la familia. No se trata de un asunto de derechos individuales, sino del propio futuro de la sociedad. En España, los hospitales públicos no podrían funcionar si no fuera porque muchas familias no dejan a los enfermos solos ni un solo momento. Les acompañan y les ayudan a levantarse, a comer, a todo lo que sea necesario. La realidad es que sin las familias, las que se sacrifican por los padres, por un hijo o por un hermano en apuros, el sistema sanitario público estaría colapsado. Y una última pregunta. ¿Por qué acudes a tu familia? ¿Es por puro instinto biológico? ¿O porque eres consciente de todo lo que tu familia ha invertido en ti y sabes que estás en deuda permanente con ellos? ¿No será también porque es tu familia la que te enseñó antes que nadie lo que es la confianza, la lealtad, el compromiso a largo plazo? ¿Y porque lo que así se te ha inculcado es tu propia dignidad como persona? Así es como la familia forma seres adultos, responsables de sus propios actos. Y por lo que me dices, Santiago, veo que tu familia cumplió. Puedes estar orgulloso de ella.