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21 10 07 EL LIBRO PREPUBLICACIÓN Aznar da su visión de la familia En su libro Cartas a un joven español José María Aznar expone su pensamiento político sobre la libertad, la Nación, el fundamentalismo o el terrorismo y la seguridad. Elige el género epistolar en forma de cartas de respuesta a un joven español. De ellas se desprende su visión del mundo. En estas páginas ofrecemos un resumen sobre su concepto y defensa de la familia Título: Cartas a un joven español Autor: José María Aznar Editorial: Planeta Páginas: 200 Precio: 22 euros Fecha de publicación: 23 de octubre uerido Santiago: Me alegro de que me hables de tu familia en tu última carta. La verdad es que no está de moda hablar de la familia como tú lo haces, y menos en defenderla. Curiosamente, suelen ser los mismos que dicen que se puede defender cualquier cosa los que nos niegan a los defensores de la familia la legitimidad para hacerlo. Ya sabes a qué me refiero. Se preconiza una libertad absoluta para hablar de todos los temas al tiempo que se niega que se puedan defender algunas opiniones. Quienes así razonan respecto a la familia dicen que se trata de una institución propia de una moral tradicional cristiana. Sabemos que no es así, y que ya el derecho romano trata de la familia como núcleo fundamental sujeto a leyes. Los griegos la consideraban el pilar fundamental de la sociabilidad humana. Otro argumento de quienes consideran la familia como algo que debe ser superado es que es algo anticuado. Así razonan los denominados progresistas, para quienes todo lo tradicional debe ser superado y destruido. Por todas partes se nos dice que hay que dejar atrás todo lo que sea tradicional, o relacionado con las costumbres. Lo que no es novedad no tiene buena prensa. Fíjate que en el asunto de la familia esta actitud va también acompañada de la marginación de las personas mayores, que parece que hoy nos molesten, cuando son parte fundamental de la sociedad. Eso sí, muchos de quienes así piensan no dudan en encargar a los abuelos el cuidado de los hijos cuando ellos no encuentran tiempo, o cuando tienen algo más interesante que hacer. Hay personas de mi generación que son especialistas en librarse de cualquier responsabilidad, tanto con respecto a sus padres como con respecto a sus hijos. Me pregunto si habrán sacado adelante a sus hijos sin los abuelos de éstos. Esta realidad demuestra, en Q otro plano, la profunda falsedad en la que se incurre cuando se opone progreso a tradición. En primer lugar, porque no hay verdadero progreso sin respeto por lo recibido de nuestros antepasados. Ya te he comentado que esto es lo que aproxima al tradicionalista del progresista. Son dos extremos, dos errores muy parecidos: creer que todo debe cambiarse y creer que nada puede cambiarse. Como tú dices, tener proyectos para el futuro, hacer planes y pensar que se puede avanzar no tiene por qué significar el re- chazo a lo que los tuyos te han enseñado. Y yo así diría más: es imposible progresar dejando de lado la tradición, que es precisamente lo que une el pasado con el futuro. Pero vayamos por partes. Hay muchos, como dices, a los que les da vergüenza defender la familia y los hay también que quieren destruirla sin que se note. En cuanto sale a relucir el asunto, responden con descalificaciones. Te acusarán de no respetar a los demás. Como siempre, unos pueden dar su opinión y otros no, aunque te diré que no es nuevo en la historia del hombre pretender acabar con la libertad entre gritos de liberación. En este caso, llama la atención cómo el primer factor de crisis de la familia es un factor claramente ideológico. Creo que esta actitud está relacionada con el sesentayochismo. Conoces cómo se ha convertido mayo de 1968 en algo mítico. Es cierto que entonces nuestras so- Se nos dice que hay que dejar atrás lo que sea tradicional. Fíjate que en la familia esta actitud va acompañada de la marginación de los mayores, que parece que molesten Quienes cuestionaron la familia en los años 60 y 70 eran hijos de la abundancia. No conocían los sacrificios que tuvieron que hacer sus padres para salir adelante ciedades habían sufrido importantes cambios económicos y sociales, y trataban de adaptarse a nuevos problemas. Había algo de legítimo en las protestas. Pero jamás he compartido esa sublimación del sesentayochismo. Valga como ejemplo lo que sucedió en Francia. Había motivos para la queja, naturalmente, pero aquello se convirtió en una especie de juego revolucionario, de oposición total al sistema... con la convicción, eso sí, de que el sistema no cambiaría demasiado. Los políticos e intelectuales que denunciaban el sistema vivían y siguieron viviendo cómodamente de él. Y sin remordimientos alguno, que se sepa. Históricamente, mayo de 1968 fue una tragicomedia, pero tuvo efectos duraderos. Creó una forma de pensar que se ha extendido en el tiempo hasta hoy mismo: la creencia de que se haga lo que se haga, nada tendrá consecuencias importantes. Es lo que quedaba plasmado en la famosa pintada Seamos realistas, pidamos lo imposible En nuestro país, este espíritu sesentayochista supuso también un rechazo a la dictadura. Un rechazo legítimo y de justicia, pero que se extendió hacia todo lo que significara la costumbre y la tradición. Aunque de hecho fuera anterior e independiente de la dictadura franquista. Desde entonces en España se mezcla todo. Se identifica la libertad política con la pretensión de que en lo personal se podría y se debía hacer de todo, sin pararse a pensar en las consecuencias. La propia evolución socioeconómica de nuestras sociedades ha influido considerablemente en la situación familiar. En primer lugar, la entrada de la mujer al mercado laboral ha sido un factor determinante. Hoy, en casi todas las familias jóvenes, el padre y la madre trabajan por igual, lo cual es un avance. Pero ya no hay nadie en casa para cuidar de los hijos, y ha caído la tasa de natalidad. A cambio, esto ha supuesto un incremento en los ingresos familiares, y un aumento de la cali-