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D 7 14 10 07 Es un joven de 87 años, quizás porque, tras dos condenas a muerte y más de dos décadas en la cárcel (de 1939 a 1961) todavía le quedaba mucho que aprender, que vivir, que descubrir. Y aún sigue en el empeño. Marcos Ana (bautizado bajo el nombre de Fernando Macarro Castillo, lo cambió en homenaje a sus padres) cimentó en la poesía uno de los pilares de su supervivencia. Ya en libertad, y con el apoyo de algunos de nuestros grandes talentos artísticos y literarios del siglo XX, recorrió Europa y América para dar voz a los presos políticos durante el franquismo. Hoy ofrece buena parte de lo que ha vivido en las páginas de Decidme cómo es un árbol un conmovedor libro que, en medio de la tormenta desatada por el proyecto de Ley de la Memoria Histórica, emerge como una necesaria rareza totalmente ajena al rencor y la amargura GUTIERREZ Y DE LA FUENTE 32 D 7 LOS DOMINGOS DE Marcos Ana POETA Las ideas están por encima de los partidos y de nuestros fracasos ISABEL GUTIÉRREZ- ¿Cómo se enfrenta uno a su propia memoria cuando guarda episodios dolorosos? -Siempre fui reacio a escribir mis memorias. En su día quería hacerlo Vázquez Montalbán, y eso me ponía contento pues hablar de uno mismo siempre es difícil. Como mi existencia ha sido un tanto especial, no quería que al contarla pareciera un botafumeiro. Pero comprendí que no tenía derecho a no hablar de mí mismo, porque mi vida es un pedazo de la memoria histórica. -Usted mismo reconoce en su libro que hay cosas que no recuerda. ¿Es el olvido un arma para no sufrir? -No, simplemente es un deterioro de la memoria. El pasado no me molesta, lo sufrí y forma parte de mí mismo. He tenido la vida dura pero noble de un revolucionario. Y lo que yo he pasado ha sido la consecuencia de mi vida. No me molestan los recuerdos. ¿Y por qué los cuenta? -Porque creo que las nuevas generaciones deben saber lo que hemos vivido, saber que una guerra es una tragedia nacional. Todos tenemos que hacer un esfuerzo para que en España eso no sea posible nunca más. ¿Qué le parece que estemos tirándonos los trastos a cuenta del proyecto de Ley de la Memoria Histórica? -La política es el arte de lo posible, y no siempre se puede. Yo me tomo esto como una satisfacción moral tras tantos años de encarcelamiento. Pero ni con este régimen ni con otro pediría responsabilidades, pues qué culpa tendrán los hijos o los nietos de quienes ejercieron la represión. -Tiene usted algo en común con otros que han padecido largos años de prisión por motivos políticos o ideológicos: la ausencia de rencor y de amargura en el relato de su encarcelamiento. ¿Cómo se consigue? -Un delincuente común, en la cárcel, se pasa la vida pensando en salir para rajar la barriga de En capricho del poeta Salí de la cárcel con Canto general de Neruda, camuflado en un libro de versificación religiosa. En París se lo regalé a Teodulfo Lagunero. Y cuando a Neruda le dieron el Nobel, Lagunero, que estuvo presente en la ceremonia, le enseñó el libro. Neruda se empeñó en que se lo regalara. Insistió mucho, pero Lagunero no se lo soltó. Debió de ser la primera vez que le negaban algo, porque Pablo era bien caprichoso. Su casa era como un museo SIGEFREDO quien le denunció. La diferencia está en las personas de ideas. Si no hubiera sido comunista, si no hubiera tenido ideal alguno, seguramente no habría podido soportar tantos años de prisión, humillación, torturas, vejaciones... Sin embargo, al igual que aquellos cristianos que morían por lo que creían, cuando hay ideales to- do es más fácil. Existe una fuerza sumergida que tira de uno en momentos de adversidad. Esa es la fuerza de las ideas. -Y ahora que ya no existen los carceleros de antaño, ¿dónde están los enemigos del idealismo? -Tal vez en ese falso bienestar o en la hipotecas (risas) El capitalismo tiene un poder de captación tremendo y muchas trampas. ¿Pero usted convive bien con este mundo? -Bueno, es el mundo en el que vivimos y hay que tratar de comprenderlo para seguir luchando para que nuestra ideas encuentren una vía. Y ha cambiado tanto, ¡que no podemos seguir con los mismos métodos del pasado! ¿Comparte esas inquietudes con los viejos camaradas? -Mire, de las reuniones de presos políticos salgo malo, porque sólo se habla de enfermedades y cosas por el estilo. ¡Yo me siento como un extraterrestre! Me da pena, porque parece que están esperando el fin. Yo digo que mientras haya proyectos habrá juventud- -Conecta con los jóvenes, ¿no? -A los jóvenes no podemos hablarles como si fuéramos mártires o apóstoles. Si tú quieres que la juventud te comprenda, lo primero que tienes que hacer es comprender sus ideas. Cada generación tiene la razón de su tiempo y si no te acercas a los jóvenes, no puedes descifrar las claves del futuro. Recuerdo reuniones con personajes históricamente interesantes, cargados de honores y de medallas; siempre les decía que la experiencia es conservadora y contrarrevolucionaria porque impide que la gente abra nuevos caminos. Tengo confianza en la juventud, en sus surcos hemos sembrado nuestra historia. ¿Y qué hay del estrepitoso fracaso de buena parte de los regímenes socialistas? -Las ideas están por encima de los partidos, de nuestros fracasos y de la prostitución a la que se han sometido esas ideas. Quiero a mis ideas y moriré con ellas. ¿O es que usted me propone algo mejor?