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18- 19 D 7 LOS DOMINGOS DE lugar Fue triste. Triste y sobrecogedor. El 14 de noviembre de 1992 es un día que Sarajevo recordará. Me recordó a las películas que había visto sobre los judíos en la segunda guerra mundial. Hace frío. No tenemos suficiente leña, así que la estamos racionando. Hay leña en el mercado, pero, como todo lo demás, sólo puede comprarse con marcos alemanes, y eso es muy caro. Yo no puedo evitar pensar que quizá los tilos, abedules y plátanos de mi parque estén allí, con toda la otra leña Mamá trae el agua a casa y cuando llueve recogemos el agua de la lluvia; no estamos para desaprovecharla. Los días se van haciendo cada vez más cortos. Mamá, papá y yo jugamos a cartas a la luz de las velas, o leemos y hablamos, y a eso de las nueve de la noche Boda, Zika y Nedo vienen a escuchar la RFI, y así es como termina el día. Es lo mismo casi cada día. ...Mientras te escribo, Mimmy, alzo la vista y miro a mamá y papá. Están leyendo. Levantan los ojos de la página y piensan en algo. ¿En qué piensan? ¿En el libro que están leyendo o acaso intentan recomponer las piezas desperdigadas de este puzzle de la guerra? Creo que debe de ser lo segundo. En cierto modo me parecen toda- 29 de noviembre de 1992 vía más tristes a la luz de la lámpara de aceite (se nos han terminado las velas, así que nos fabricamos nuestras propias lamparillas de aceite) Miro a papá. Ha perdido mucho peso. La báscula dice que veinticinco kilos, pero viéndole yo creo que deben de ser incluso más. Creo que hasta sus gafas le están demasiado grandes. Mamá también ha perdido peso. Parece que se ha encogido; la guerra ha hecho que le salgan arrugas. Dios, ¿qué les está haciendo a mis padres esta guerra? Ya no parecen mi mamá y papá de antes. ¿Terminará esto algún día? ¿Terminará nuestro sufrimiento, y podrán mis padres volver a ser como eran: alegres, sonrientes, guapos? Está helando. El invierno ha llegado a la ciudad. Antes el invierno me gustaba mucho, pero en el Sarajevo de ahora es un huésped muy desagradable. Las flores se nos han congelado. Estaban en las habitaciones sin calefacción. Ahora vivimos en la cocina. Es la única habitación que calentamos y en la que logramos mantener una temperatura de 17 C. Cicko está con nosotros. Tengo miedo de que enferme, porque los pájaros son muy sensibles al frío. Hemos traído los colchones a la cocina y ahora dormimos aquí. (No me hagas decirte cuántos suéteres y jerséis nos ponemos encima del pijama. Ahora esta pieza es, además de cocina, sala de estar, dormitorio... y hasta lavabo. Tenemos una extraña forma de bañarnos. Extendemos las láminas de plástico y usamos la palangana como bañera, el jarro como ducha, etc. A papá se le han congelado los dedos al cortar leña en el sótano helado. Tienen un aspecto horrible. Tiene los dedos hinchados. Ahora le están poniendo una pomada, pero le escuece mucho. Pobre papá. Me he dado cuenta de que ya no te escribo sobre la guerra ni sobre los tiroteos. Debe de ser porque me he acostumbrado a ello. Lo único que me preocupa es que los proyectiles no caigan a menos de 50 metros de mi casa, que tengamos leña, agua y, desde luego, electricidad. No puedo creer que me haya acostumbrado a todo esto, pero parece que así es. No sé si será la costumbre, la lucha por la supervivencia o alguna otra cosa. Estoy junto a la ventana. Hace calor. Veo cómo la gente lleva agua a sus casas. Deberías ver las distintas carretillas que usan. Qué apañada es la gente. Carretillas de tres ruedas, de dos ruedas, de una rueda, carros de la compra, cochecitos de paseo, camillas de hospital, carritos del supermercado y, lo mejor de todo, un trineo sobre patines. ¡Y deberías oír los ruidos que hacen! Los diversos ruidos y chirridos de las ruedas. Éstos son los ruidos que nos despiertan cada mañana. Es divertido y triste al mismo tiempo. A veces pienso en todas las películas que podrían hacerse en Sarajevo. Aquí no faltan temas para una película. 30 de julio de 1993 26 de enero de 1993 6 de enero de 1993 17 de octubre de 1993 28 de diciembre de 1992 Y Nina ha muerto. Un trozo de metralla se le incrustó en el cerebro y murió. Fuimos juntas a la guardería. ¿Es posible que nunca más vuelva a ver a Nina? Miro a papá. Ha perdido mucho peso. La báscula dice que veinticinco kilos, pero viéndole yo creo que más. Creo que hasta sus gafas le están demasiado grandes ...Ayer la gente de la televisión canadiense y Janine vinieron a ver cómo habíamos sobrevivido al bombardeo demencial. Fue amable de su parte. Muy amable. Y cuando vimos que Janine traía los brazos llenos de comida, lloramos de tristeza. Alexandra también vino. La gente se preocupa por nosotros, piensan en nosotros, pero unos seres infrahumanos quieren destruirnos. ¿Por qué? No puedo dejar de preguntarme: ¿por qué? No hemos hecho nada. Somos inocentes. ¡Pero estamos indefensos!