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14- 15 D 7 LOS DOMINGOS DE Ágil portero en partidos contra la AFP droga, siempre ha estado cerca de causas solidarias res estratégicos de las Fuerzas de Seguridad. No fue así, y sólo pudo acompañar su acta de diputado con una ramplona designación como delegado del Plan Nacional Antidroga con rango de secretario de Estado pero escasas competencias reales. Once meses después, renunció a su cargo y a su escaño y solicitó su reingreso en la judicatura, no sin quejarse, sotto voce de la pasividad del Gobierno frente a la corrupción. Con estos precedentes, se interpretó como una venganza en toda regla su instrucción del caso GAL por el que terminaron condenados y encarcelados Amedo y Domínguez y que, al pasar al tejado del Supremo, rozó muy de cerca al propio Felipe González cuando se procesó y condenó al ex ministro José Barrionuevo y al ex secretario de Estado Rafael Vera. Agriado su romance con el Partido Socialista, el tiempo ha logrado restañar parcialmente la herida, según se manifiesta en las fluidas relaciones de Garzón con José Luis Rodríguez Zapatero, alimentadas por los encendidos pronunciamientos públicos del magistrado contra Aznar en los días del No a la guerra Esos precedentes allanaron el camino para que, a principios de este año, ambos, mano a mano, protagonizaran en la madrileña Casa de América la inauguración de los Diálogos sobre Derechos Humanos y seguridad jurídica en Iberoamérica organizados por La Caixa. En un formato insólito y distendido (recostados los dos en sendas butacas de piel) el magistrado entrevistó al presidente del Gobierno. Algunos tildaron la sesión de peloteo de cámara justo en los mismos momentos en los que el juez, en sintonía con la Fiscalía de la Audiencia Nacional, engrasó el proceso con la creación de la entelequia de la izquierda abertzale El auto sobre Otegi fue insólito- -comentan fuentes jurídicas- -porque en él Garzón desautorizó su doctrina anterior, la recogida en el sumario 18 98, sobre la identificación de Batasuna con ETA quienes han frecuentado su trato. Algunos de sus allegados ven también en él a una especie de niño grande, extraordinariamente sensible y amigo de sus amigos Esa vertiente le aporta el plus (idealista, para unos, y alimentado por su afán de protagonismo, en opinión de otros) que le ha llevado a no ponerse límites y a romper las fronteras de la Justicia, con casos tan sonados como su auto de procesamiento contra Augusto Pinochet en 1998, la persecución legal de los torturadores de la dictadura argentina o su acoso a Silvio Berlusconi. En España, ha marcado la pauta en las dos últimas décadas con más de veinte sonadas actuaciones contra ETA y con operaciones contra el narcotráfico como Nécora fallida por una pésima instrucción del sumario según los detractores del magistrado. Una decisión que lo bajó de los altares de la lucha antiterrorista, de la que siempre se le había considerado un adelantado, igual que del desmantelamiento del narcotráfico o de la ofensiva contra la corrupción, a escala universal. Ése es otro error de concepto en el que incurre el propio Garzón- -dicen algunos de sus críticos- siempre se enfoca su trabajo en la lucha contra... cuando ése es un cometido de la Fiscalía. A veces se olvida de que es juez Y es que las filias y las fobias que Garzón desata brotan por igual entre ciudadanos, contertulios, políticos, y entre sus propios compañeros en la judicatura, algunos de los cuales le buscaron las cosquillas por uno de los libros que ha escrito Un mundo sin miedo compendio de cartas dirigidas a uno de sus tres hijos) en el que le acusaron de la revelación parcial de secretos de sumario referidos a ETA. El CGPJ terminó por archivar la denuncia, formulada por el entonces fiscal jefe de la Audiencia Nacional Eduardo Fungairiño. Más como virtud que como defecto, quienes conocen bien a Baltasar Garzón destacan que de aquel joven que estudió Derecho en Sevilla a la vez que trabajaba en la gasolinera de su padre queda mucho Discreto en su vida privada y aficionado a las sevillanas y a los toros, guarda en la trastienda de su intimidad algunas generosas iniciativas humanitarias que no le gusta airear. Sí se siente a sus anchas, sin embargo, con la notoriedad internacional que adquirió gracias al caso Pinochet En América es una celebridad y, de hecho, se vuelve más locuaz en cuanto cruza el Atlántico. Hasta se ha desnudado (metafóricamente) en público ante un auditorio repleto en el Instituto Cervantes de Nueva York, hace ahora dos años. Allí, él mismo trazó su perfil, determinado, según dijo, por los relatos de su tío Gabriel, un católico, apostólico y romano que fue a parar al bando republicano durante la guerra y sufrió tres condenas a muerte Memoria histórica individual e intransferible de un magistrado que no ha tardado en recobrar el protagonismo en la que considera su casa la Audiencia Nacional. El jueves, al borde del puente festivo, se le vio almorzando en un restaurante a dos pasos de su despacho. Todo ha vuelto a su sitio. También sus decisiones judiciales. Grande- Marlaska, entrevistado en Punto Radio D. G. LÓPEZ Dos magistrados y, ahora, un mismo destino Desde que Fernando GrandeMarlaska (Bilbao, 1962) lidió con escrupuloso rigor jurídico la sustitución de Garzón al frente del Juzgado Central de Instrucción número 5 y, ajeno a toda coyuntura, cercó al brazo político de ETA cada vez que se saltaba a la torera la Ley de Partidos, este magistrado se ha forjado una sólida trayectoria que hoy continúa en el Juzgado Central de Instrucción número 3 de la Audiencia Nacional, del que es titular desde el pasado mes de enero. Después de la notoriedad que alcanzó en 2005 con el procesamiento del etarra De Juana Chaos o las imputaciones a cabecillas batasunos por participar en actos ilegales, a Marlaska se le reconoce una ejecutoria sólida, con el mérito añadido de que lleva todos los asuntos prácticamente al día, gracias a una capacidad de trabajo casi estajanovista. Es, además, muy meticuloso y ordenado Tímido y amante de la vida familiar, a Grande- Marlaska no le entusiasma salir a escena. Concede pocas entrevistas y, cuando lo hace, intenta que no interfieran en su labor judicial. En una de ellas, publicada en un semanario, quiso abrir brecha en la normalización social de los matrimonios homosexuales al hacer público su enlace con Gorka, con quien mantiene una relación estable desde hace años. Ahora, la trayectoria de Baltasar Garzón confluye de nuevo con la suya propia en la vía de la estricta aplicación de la ley como única receta frente ETA. El peso del tío Gabriel Devaneo político en 1993 Pero, sobre todo, hay un antes y un después de Garzón determinado por su fugaz incursión en la política, tras solicitar una excedencia en la carrera judicial. Felipe González se sacó un vistoso conejo de la chistera en 1993 al colocarle como número dos del PSOE en la lista de Madrid, en una maniobra que pareció situar al superjuez como ministrable en Interior o, al menos, como factótum con mando en plaza sobre secto- Casi 20 años después, Garzón sigue sin apearse de la montaña rusa de su forma de entender el ejercicio de la judicatura, a lomos del vértigo y de una cierta osadía