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12- 13 D 7 LOS DOMINGOS DE El muro de granito de 156 metros de longitud tiene inscritos los nombres de 10.000 polacos- -y se siguen añadiendo- -víctimas del levantamiento Varsovia Memorias de la resistencia Un lugar especialmente silencioso en el centro de Varsovia, el Museo del levantamiento, recuerda a las víctimas de la ocupación TEXTO: JUAN M. AMORÓS FOTO: ROCÍO BELASCO n el centro de Varsovia el Muzeum Powstania Waszawskiego (El museo del levantamiento) rinde homenaje a las víctimas del alzamiento del 1 de agosto de 1944, un intento a la desesperada de liberar Varsovia antes de que ésta cayera en manos soviéticas, que se saldó con la muerte de más de un cuarto de millón de civiles, la mayor parte de ellos ejecutados por los nazis, y la reducción a escombros de casi toda la ciudad. El museo entero se vertebra alrededor de un monolito dentro del cual un gran tambor golpea 60 veces por minuto como si fuera el E corazón de todos los que perdieron la vida durante los 63 días que Varsovia aguantó el asedio del Ejército de Hitler Operación tempestad Planificada por el Ejército territorial polaco, fiel al Gobierno, que permanecía exiliado en Londres, la Operación Tempestad se diseñó para, con la ayuda aliada, evitar que la URSS liberase Stalin prefirió que Varsovia fuese aplastada en vez de detener al Ejército alemán el tiempo suficiente- -y hubiera podido hacerlo- -para que los aliados pudieran liberar la ciudad Varsovia. El levantamiento contra las tropas nazis tuvo lugar el 1 de agosto de 1944. La capital polaca, sin embargo, no recibió finalmente la ayuda de los aliados y sucumbió después de resistir durante dos meses al Ejército alemán. La rebelión terminó el 2 de octubre con un aplastamiento total de la ciudad que fue dejada a su suerte. Las tropas del Ejército Rojo llegaron a la orilla oriental del Vístula el 16 de septiembre, pero se negaron a intervenir aduciendo que sus líneas de abastecimiento estaban destrozadas. Los historiadores estiman que Stalin prefirió que Varsovia fuese aplastada en vez de detener al Ejército alemán el tiempo suficiente- -algo que la URSS hubiera podido hacer a pesar de sus problemas logísticos- -para que los aliados liberasen la ciudad. Durante aquellos 63 días Varsovia vivió en el infierno nos comenta un guía. Mientras, el monolito emite sonidos directos de alarmas, ametralladoras, cañones, fusilamientos, gritos de batalla y cantos de guerra en la voz aterradora de los batallones de soldados. En las paredes del museo están pegados pasquines y carteles con las órdenes de las tropas de ocupación que eran de obligada lectura y cumplimiento para los judíos. Repartidos por todos el edificio, calendarios con almanaques que ofrecen los partes de cada uno de los 63 días del asedio. Armas perdidas por los soldados de la Armia Krajowa (Ejército territorial) y de los invasores. Fotografías de detenciones, fusilamientos y soldados en plena batalla. Listas interminables con nombres de muertos, material de guerra y propaganda, la reconstrucción de un búnker, una imprenta clandestina... y un infinito etcétera de piezas encontradas entre los escombros de Varsovia y cedidas por los ciudadanos que sobrevivieron a la matanza y por las familias de los que perecieron. Un escalofrío recorre el cuerpo al pasear por el jardín exterior del museo, bautizado con el nombre de Parque de la Paz. Aquí destaca una especie de altar tras el que se alza un impresionante muro de brillante granito negro de 156 metros de longitud y 2,5 de altura. Ordenados alfabéticamente, grabados en piedra, se alinean sobre el imponente muro más de 10.000 nombres de polacos que murieron en el alzamiento... y se siguen añadiendo. Una campana de bronce cuelga en el centro. Está dedicada a la memoria de Antoni Chrusciel Monter general en jefe del Ejército territorial polaco que dirigió el alzamiento sobre el terreno. Fue apresado por las tropas alemanas, ingresado en un campo de prisioneros cerca de Nuremberg y liberado en 1945 por las tropas norteamericanas. Un escalofrío