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8- 9 D 7 LOS DOMINGOS DE -Estamos asistiendo, a principios del siglo XXI, a los resultados prácticos de los planes de estudio de finales del siglo XX, de las campañas de normalización, de la conversión de la historiografía catalana (que fue una historiografía muy moderna, muy europea, muy abierta al mundo) en una historiografía cerrada en ella misma. Estamos viviendo el éxito de la nacionalización de la lengua, la cultura, la política, la historia, la literatura. Estamos viendo aflorar el radicalismo de una sociedad profundamente nacionalizada y encerrada en sí misma. Con unos espejismos trágicos. Se da por supuesto que Cataluña no tuvo nada que ver con España. Que se puede construir una Cataluña al margen de España. Se piensa que se puede saltar del catalán al inglés, saltando sobre el español. Ese el resultado de lo sembrado desde principios de los años 80 del siglo pasado. -Para mi sensibilidad, es difícil entender Cataluña, entender el País Vasco, entender España, sin leer los Episodios nacionales de Galdós o buena parte de la obra de Valle- Inclán. ¿Leen los estudiantes catalanes a Valle o Galdós? -Yo creo que poco o muy poco. Se trata de un problema general, quizá en toda España. En Cataluña y el País Vasco es donde se ha llegado más lejos en ese proceso de ignorancia de la gran literatura. En Cataluña se va hacia una sociedad que se piensa ella misma aislada del resto del mundo. En Cataluña hay un desconocimiento profundo de la cultura española, porque se considera cada vez más ajena. Se lee cada vez menos a Galdós, Valle- Inclán, Unamuno, etc. con el riesgo que eso comporta. No se está perdiendo el uso del español en la calle. Pero sí es cierto que los niños catalanes cada vez hablan menos y peor el español. Entre los nacionalistas hay quienes piensan que Cataluña es pensable al margen de España. Esa es la gran trampa. En el terreno de la cultura y la historia se llega a grandes barbaridades. ¿Cómo pensar el siglo XIX sin España? Una barbaridad. A eso estamos llegando. No iré más allá. Pero ¿cómo explicar el siglo XIX catalán sin España cuando los catalanes participaron de manera capital en la historia de España? En el caso vasco se llega a la misma y catastrófica situación, cuando la mayor parte de los grandes exploradores, los grandes conquistadores de la época moderna fueron vascos. Ese proceso de reinvención fabulosa de una historiografía nacional, aislada de España, es sencillamente ahistórica. Imposible pensar Cataluña al margen de España. -Sin embargo, ese determinismo intelectual nacionalista choca con la realidad social. En el referéndum catalán de junio del 2006 se ve que no hay una mayoría electoral independentista y que una gran mayoría de catalanes apoyaban proyectos muy alejados del radicalismo. -En el caso catalán las cosas son mucho más sutiles que en el vasco. El nacionalismo se ha impuesto culturalmente. Y, por tanto, la cultura nacionalista excluye, silencia otras visiones del mundo y la realidad. Quienes no participan del mesianismo nacionalista son excluidos culturalmente. Con respecto a los resultados del referéndum... de entrada, a mi modo de ver, la reforma del Estatuto era una cuestión política, de los políticos y para ellos mismos. Al margen de los intereses de la gente de la calle. No había demanda de Estatuto en la sociedad catalana. La demanda llegó cuando los partidos lanzaron su carrera a ver quién era más nacionalista. -Son procesos que coinciden con intentos paralelos de apropiación y legislación política sobre la historia. Estamos viendo, a principios del siglo XXI, los resultados de los planes de estudio del finales del XX. Vivimos el éxito de la nacionalización de la lengua, la cultura, la política y la historia -La legislación en materia histórica me parece una muy mala vía. Todo parte de dos problemas. Uno, el intento de apropiación política e interesada de la historia. Y dos, la confusión entre historia y memoria. Llaman historia a cosas que poco tienen que ver con ella. La tarea del historiador no va por ahí. También es cierto que muchos historiadores se suman a ese juego. En el caso de las leyes sobre la memoria de la guerra civil se intenta rehacer la transición política. Muchos sectores han intentado imponer la tesis interesada de una imaginaria vuelta al franquismo hace pocos años, presentándose ellos mismos como genuinos rompedores con el franquismo. Hay algo absolutamente perverso en denunciar como franquistas a unos gobiernos democráticos, elegidos por mayoría absoluta. Y esa perversidad ha funcionado y el gobierno Zapatero la ha promovido e intentado aprovecharse de tal perversión. ¿Una nueva lectura de la historia? -Hay una nueva lectura de la II República y la Guerra civil. Cuando, en Cataluña, por ejemplo, se plantea el Memorial Democrático, la pregunta clave es ¿quiénes son y quienes fueron los demócratas? Y los inspiradores del proyecto presentan como demócratas a los partidarios de la izquierda en la II República. Claro, ¿qué concepción de la democracia tenían los comunistas. ¿Fueron democráticas muchas decisiones del gobierno de la Generalitat. Pienso en octubre de 1934 y la actuación de Companys. Companys fue víctima de un fusilamiento terrible. Pero también ha habido un proceso de mitificación del personaje. Mirado fríamente, octubre de 1934 fue un rechazo del juego democrático de la II República, negándose a reconocer los resultados electorales, y una apropiación partidaria del nacionalismo y de la República. De ahí mi preocupación por los nuevos intentos de apropiación política de la historia, para legislar. -Ante un panorama tan shakespereano, ¿ve un profesional de la historia como usted algunos indicios más o menos optimistas? -Es difícil no ser pesimista. Es preocupante el independentismo. Es preocupante la irresponsabilidad del gobierno. A la vez, cuando se deja de pensar en los elementos más inmediatos, creo que hay elementos para el optimismo. España ha avanzado sensiblemente. Si se mira desde Francia, todavía se ve más claro. España es capaz de reaccionar con más vitalidad. Francia tiene una sociedad inmóvil y un Estado en crisis: los franceses no están dispuestos a hacer sacrificios.