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4- 5 D 7 LOS DOMINGOS DE Hay ahora un indigenismo vindicador que hace más bien poco por los indígenas. En la imagen, Evo Morales asciende la pirámide Akapana para congraciarse con los dioses ABC Indígenas El indigenismo es un mito fraguado en Europa que manipulan políticos populistas de Iberoamérica Un mito contra la Hispanidad para arremeter contra la herencia e influencia de España POR MANUEL LUCENA GIRALDO INVESTIGADOR CIENTÍFICO DEL CSIC tó a mirar de lejos, no fuera a ser que Colón se defendiera) desde que el presidente venezolano, Hugo Chávez, declaró finiquitado el tradicional día de la raza instaurado a comienzos del siglo XX, en aquellas latitudes una celebración del mestizaje y el común origen hispánico (es decir, de la pertenencia de Iberoamérica al mundo occidental, que tanta ira produce al retrógado pero influyente académico norteamericano Samuel P Huntington) para sus. tituirlo por el día de la resistencia indígena Todo esto sería de risa, si no tocara tomárselo en serio (qué remedio) Porque indios en Venezuela, uno de los países iberoamericanos con un mestizaje más importante y una emigración más numerosa, la verdad es que hay que reconocer que hay muy pocos. El censo de 1992 recogía tan sólo unos 300.000 (en la actualidad los venezolanos son más de veintisiete millones) pero las estimaciones recientes son al alza (medio millón) pues pertenecer a un pueblo originario tiene ventajas y subvenciones, de mo- De risa, pero en serio ste año la celebración del 12 de octubre en Caracas va a tropezar con un grave problema logístico: ya no tienen estatuas de Colón que derribar, pues la que existía en el paseo consagrado a su nombre, realizada por el conocido artista Rafael Cova, erigida en 1904 E para conmemorar la llegada del almirante a Venezuela en 1498, fue juzgada hace tres años por genocidio derribada y destruida. ¿Qué harán esta vez las masas populistas vestidas de rojo? ¿Quemarlo en efigie, como hacía la Santa Inquisición? Aquello se veía venir (la policía, cuentan las crónicas, se limi- do que muchos quieren pasar por nativos: es lo mismo que ocurre en España con apuntarse a ser nacionalista con deuda histórica, una bicoca. Pero es que, además, en Venezuela la política estatal y educativa, financiada por un Estado petrolero incluyente que hizo importantes esfuerzos por integrar a las minorías, y subsidiador, fue respetuosa de las tierras comunales e introdujo ya en la década de los ochenta, bajo un gobierno socialcristiano, la educación bilingüe. El efecto de todo esto es paradójico. El reciente furor indigenista del chavismo, multiplicado miméticamente por Evo Morales en Bolivia (ni de lejos el primer presidente indio de América, ya lo fue en México el gran Benito Juárez, un liberal y zapoteca puro que gobernó para todos los mexicanos dos veces entre 1858 y 1872) y veremos pronto si replicado en Ecuador- -donde la poderosa Conaie (Confederación de Nacionalidades Indígeneas de Ecuador) fundada en 1986 se ha constituido en un actor político muy importante- -puede implicar un verdadero (Pasa a la página siguiente)