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14 10 07 EN PORTADA La Segunda República fue un mal experimento para la convivencia ABC La otra Memoria Nuestra dolorosa historia (Viene de la página anterior) tencia de las fuerzas progresistas Ni la declaración de obediencia al nuevo régimen del periódico católico El Debate impidió la quema de iglesias en 1931. Ni la militancia confesional de miembros del gobierno como Alcalá Zamora o Miguel Maura atenuó el anticlericalismo de una Constitución vista como una amenaza a las formas de vida, creencias y actitudes morales de buena parte de los españoles. Los resbalones de los republicanos de izquierda en lo que atañe a la cuestión religiosa fueron numerosos y llevaron a los católicos a superar sus divisiones políticas y a organizarse en un poderoso movimiento de masas de muy diversa procedencia: la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) Para cometer un acto atroz, piensa un personaje de Borges, lo mejor es imaginar que ya ha sido cometido y que, por tanto, antes de suceder, ya es irreparable. Los socialistas Largo Caballero e Indalecio Prieto pensaron en 1934 que la destrucción de la democracia era irreparable si el fascista Gil Robles- -que no lo era- -llegaba al poder y montaron la revolución para destruirla ellos antes. La insurrección de octubre de 1934, en la que también participaron los nacionalistas de Companys, fue un trágico error porque el presidente Alcalá Zamora tenía la obligación de llamar a la CEDA, el partido más votado, al gobierno y porque, rebelándose ante tal decisión, la izquierda perdió la autoridad moral para condenar cualquier sublevación que viniera de la derecha. Error imperdonable... como lo fue el que, rota la coalición de la CEDA con el Partido Radical de Lerroux, a finales de 1935, el presidente de la República no llamase a Gil Ro- bles a formar gobierno y prefieriese adelantar las elecciones antes que darle el poder. El adelanto electoral empujó España a la bipolarización del Frente Popular y el Frente Nacional. El vendaval de huelgas, las luchas callejeras y atentados, las venas abiertas de la España campesina, hambrienta de tierras y utopías, la radicalización del discurso de Largo Caballero, enfermo de un izquierdismo ridículo e infantil, la impaciencia anarquista, el murmullo patológico de una Europa hechizada por el auge de los fascismos y el frente populismo... Todo aquel magma de fracasos y provocaciones también son historia de la II República. Como lo es el asesinato del líder de la derecha parlamentaria, José Calvo Sotelo en julio de 1936. El historiador Bullón de Mendoza lo ha investigado recientemente. Amenazado de muerte por el diputado socialista Ángel Galarza- -que posteriormente, siendo ministro de la República tuvo el descaro de afirmar: El asesinato de Calvo Sotelo me produjo un sentimiento ...el sentimiento de no haber participado en su ejecución fue sacado de su casa por militantes del PSOE, protegidos por Guardias de Asalto que, tras asesinarlo, relataron el crimen al menos a tres diputados socialistas que en vez de denunciarlos optaron por encubrirlos. Gómez de la Serna contó de alguien que tenía tan mala memoria que un día se olvidó que tenía mala memoria y se acordó de todo. Olvidar el olvido, recuperar la memoria veraz... no para que los vivos seamos ventrílocuos de los muertos sino para vacunarnos contra los relatos torticeros que utilizan torpes memorialistas, demagogos y tiranos. Olvidar el olvido para enfrentar las fantasías con la realidad, los mitos con la verdad, nuestros lutos con los ajenos. Quizás de esa manera podamos decir sin sonrojarnos: en vano prospera Nerón pues Tácito ya ha nacido en el imperio. La verdad frente al mito Incierta gloria VALENTÍ PUIG Barcelona ha sido una ciudad pródiga en turbulencias y convulsiones sociales, pero la propensión siempre ha sido contrastarla con una España desasosegada, como si fuera un oasis, el oasis catalán. Ocurrió con la Segunda República aunque incluso hubo que lisonjear a Macià para que se olvidase que el 14 de abril había declarado al mediodía la República y unas horas después la República catalana como Estado integrante de una confederación de pueblos ibéricos. Incierta gloria es el título de una novela de Joan Sales, de las mejores sobre la Cataluña republicana y la guerra civil. Significativamente, el título proviene de un verso de Shakespeare que habla de la incierta gloria de un día de abril. De aquellos años, el agujero negro de la memoria histórica del antifranquismo y de la Cataluña nacionalista ha sido soslayar que el 6 de octubre de 1934 la Generalitat presidida por Companys se rebotó contra el orden constitucional. Fue un pacto del Companys de ERC con el conjunto de la izquierda española para derrocar el gobierno legítimo de la República. Los héroes de la revuelta acabaron huyendo por las cloacas después de que Companys proclamase el Estado Catalán de la República Federal Española. Aquella absurda ruptura de la legalidad republicana alteró la convivencia posible. El oasis no era tal, ni lo fue la persecución religiosa en la Cataluña revolucionaria durante la guerra civil. Así la gloria y la memoria prefieren el silencio y la nada.