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18- 19 D 7 LOS DOMINGOS DE Las nuevas catacumbas de los cristianos En Seúl, la capital de Corea del Sur, opera una red dedicada a ayudar a quienes se atreven a escapar del régimen estalinista de Pyongyang, el más hermético y aislado del mundo. Su sede se halla en una pequeña galería de arte situada cerca del Museo de la Guerra de Corea, que se ha convertido en las nuevas catacumbas de los cristianos de Asia. Cada martes, aquí se reúne una treintena de rescatadores surcoreanos, universitarios estadounidenses y desertores norcoreanos. El día en el que ABC acudió a uno de estos encuentros, una mujer que acababa de llegar de Pyongyang, y que prefirió ocultar su identidad por temor a represalias, dio los datos de sus hijos para que fueran rescatados. Una vez recibido el encargo, la organización Helping Hands dirigida por el misionero evangélico Tim Peters, se puso de inmediato manos a la obra para colar a uno de sus hombres en el Reino Eremita Su misión; sacar del país a los niños de la mujer e iniciar un largo y arriesgado viaje hacia la libertad. Una de las jóvenes norcoreanas que se refugiaron en la Embajada española en Pekín saluda al partir hacia Seúl nación que impone este régimen estalinista, unos 10.000 refugiados se han instalado en Corea del Sur desde el final de la guerra que dejó dividido al país (1950- 53) Las fugas se dispararon durante la Gran Hambruna que azotó a mediados de los años 90 a esta pequeña nación asiática, que pudo costar la vida a casi dos de sus 23 millones de habitantes. Aunque la situación general, todavía dramática, ha mejorado ligeramente, cada mes llegan a Seúl cientos de desertores (1.542 hasta octubre del año pasado) pero muchísimos más siguen ocultos en China a la espera de poder dar el salto a la libertad. De ellos se encarga la red que dirige Moon Gook- han, que atiende a buena parte de los 400.000 evadidos norcoreanos que se calcula pueden estar escondidos en el gigante asiático, ya que Pekín no duda en extraditarlos al considerarlos inmigrantes ilegales y no refugiados políticos. La mayoría cruza la frontera por el río Tumen, que es poco profundo y puede atravesarse con facilidad explica el activista, señalando en un mapa un punto del noreste de China limítrofe con Corea del Norte a la altura de la ciudad de Yanji. Aunque la línea divisoria está fuertemente vigilada por el Ejército, los desertores pasan al otro lado arriesgándose a ser detenidos, o bien pagan a los guardias unos sobornos que oscilan entre los 30.000 y los 500.000 won (entre 30 y 500 euros) Muchos de los que escapan lo hacen por sus propios medios y sin ningún tipo de ayuda, pero también hay otros cuyos familiares han huido previamente a Corea del Sur y, desde allí, contratan a unos brokers que, por casi 3.000 euros, les facilitan el viaje hasta Seúl y les proporcionan un pasaporte falso. A unos y otros les espera un largo periplo por China que, en el caso de los evadidos sin dinero ni contactos, puede prolongarse hasta cinco años. Mientras tanto, los refugiados se esconden en cuevas en las montañas o en pisos e iglesias clandestinos, viajando en tren en pequeños grupos hasta un destino seguro indica Moon. Ahí entra en juego su compañero Choi Young- hoon, quien guía a los refugiados hasta Mongolia, cuya frontera cruzan ilegalmente para dirigirse a la Embajada surcoreana en Ulan Bator, o en dirección a algún país del Sureste Asiático. Aunque esta ruta es más larga porque hay que atravesar toda China, es la más utilizada, ya que si podemos llegar hasta Tailandia a través de Laos o Vietnam, resulta fácil pedir asilo en Bangkok desgrana Choi. La facilidad de la que habla implica esquivar los disparos de los soldados norcoreanos, evitar los controles de la Policía china y volver a entrar de forma clandestina en dos países comunistas como Vietnam o Laos, cruzando a pie durante días unas escarpadas montañas que a veces se cobran la vida de los más mayores. Todo ello sin contar con las redadas de la Policía china, en una de las cuales cayó este maestro de fugas quien fue liberado hace pocos meses tras pasarse entre rejas casi cuatro años. Me detuvieron el 18 de enero de 2002 en la provincia de Shandong, donde cinco ONG y dos misioneros ha- AFP bían organizado una fuga masiva de 82 refugiados, que iban a huir en un carguero a Japón y en un barco de pescadores a Corea del Sur detalla Choi. Simulacro de crucifixión Mongolia, Tailandia, Laos... Su periplo por China puede durar cinco años durante los cuales viven en cuevas en las montañas o en iglesias clandestinas mientras viajan hacia un destino seguro Pero hubo un soplo y me capturaron, por lo que fui condenado a cinco de años de cárcel en China se lamenta el activista, quien cumplió la sentencia en la prisión de Wipang, a 150 kilómetros de la ciudad de Qingdao. Allí sufrió abusos y torturas a manos de otros reclusos cuando descubrieron que profesaba el cristianismo. Me golpeaban y ataban a la cama como si estuviera crucificado y me inyectaban somníferos que les proporcionaban los funcionarios, por lo que perdí la conciencia durante quince días debido a los fármacos y las palizas relata Choi, quien coincidió con otros reos también perseguidos por sus creencias religiosas, como los miembros de la ilegalizada secta Falun Gong. Tras regresar a Seúl, y pese a que tiene prohibida la entrada en China, el maestro de fugas ya ha vuelto al trabajo para ayudar a los refugiados norcoreanos en su huida hacia la libertad.