Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
6- 7 D 7 LOS DOMINGOS DE Gabonés vive desde hace dos años en un bosque junto a la valla de Ceuta mañana, le pagan 15 dirhams (1,3 euros) y el derecho a recoger el género dañado o lo que se cae al suelo. Otros trabajan de jardineros, en la construcción o en las pequeñas fincas esparcidas por el valle del río Bou Regreg, junto a Rabat. Los gambianos Sambo, de 33 años, y Aliu, de 28, tienen más suerte. Llevan dos meses cobrando 80 dirhams (unos 7,3 euros) cada vez que van a sacar tierra que luego se emplea para hacer cemento en horario de siete de la mañana a tres de la tarde. A su jefe no le hace ninguna gracia que un periodista merodee por allí y menos que haga fotos. En los alrededores del mercado de la medina y en algunas esquinas del centro de la capital se puede encontrar a emigrantes mendigando. Algunas mujeres acaban prostituyéndose, aunque suelen negarlo, afirma Dumas. Estos son los que mantienen en vida la esperanza de salir de Marruecos. Otros mueren durante la espera, como los 26 clandestinos acumulados en la morgue de un hospital de Casablanca, fallecidos casi todos por enfermedades entre 2004 y 2005, y que hace unos días fueron enterrados por la Asociación de Familias y Víctimas de la Emigración Clandestina (Afvic) Susan, una refugiada congolesa espera una posible gestión de Acnur para ser trasladada a un tercer país junto a sus hijos, Rafa, de ocho años; Deborah, de cinco, y Sophie, de ocho meses. Se cumplen estos días el primer aniversario de la muerte del que era su primogénito, Tony, que falleció tras la complicación de una pequeña fractura de rodilla. La Organización Internacional de las Migraciones (OIM) que ya colaboró con la repatriación en avión de varios centenares de subsaharianos tras la crisis de 2005, cuenta ahora con oficina en Rabat. También Acnur tiene en cartera algunos proyectos de futuro, pero los emigrantes se quejan de que todo está atascado y pendiente de que el Gobierno otorgue a esta agencia de la ONU el denominado acuerdo de sede como anunciaron el pasado junio, lo les permitirá trabajar en plenas condiciones sobre el terreno. Hace dos años casi todos hubieran rechazado abrir el debate sobre cuál iba a ser su futuro en Marruecos, sobre dónde se iban a escolarizar sus hijos o dónde iban a encontrar trabajo. Ahora cada vez se habla menos de cómo pasar al lado europeo, y se habla más de qué hacer después de tantos meses en el país magrebí. Se trata de un estancamiento forzado añade la responsable de la organización Attac. En el fondo ellos no quieren esto. Lo rechazan pero no les queda otra elección mo que esto se convierta en un problema grave de racismo por la competencia que supone al mercado local apunta Lucille Daumas, de la organización Attac Maroc. La mezquita del barrio de Takadum, en Rabat, es uno de los puntos habituales de encuentro informal donde se puede contratar a primera hora de la mañana a trabajadores subsaharianos. El marfileño Sedou Fofana tenía apenas quince años cuando coincidió con este corresponsal durante la crisis de las vallas en el bosque de Beliones. Llegó a Marruecos a través de Argelia en diciembre de 2004 y ahora se gana la vida, al igual que muchos otros, empleado por marroquíes que buscan mano de obra barata. Son trabajos por horas, o por jornadas. Todo muy circunstancial, sin apenas continuidad. Lo último que Fofana ha hecho ha sido cargar y descargar un camión que trae cada madrugada verduras desde el campo al zoco. Por esta actividad, de tres a siete de la Un tapón de entre 15.000 y 30.000 personas Lo más parecido que se ha ofrecido a datos oficiales en los últimos meses ha sido el balance de la organización Médicos Sin Fronteras (MSF) que calcula, según cifras hechas públicas en marzo de 2007, que entre Marruecos y Argelia podría haber entre 15.000 y 30.000 emigrantes subsaharianos bloqueados después del incremento de seguridad en los perímetros fronterizos de Ceuta y Melilla. Frente a ese cierre en las vallas, las vías marítimas siguen estando abiertas a pesar de los esfuerzos de la Unión Europea por intentar poner puertas al mar. La salida de embarcaciones desde las costas marroquíes y saharauis hacia las islas Canarias sigue estando a la orden del día. El tramo de costa que va de Tarfaya a Bojador continúa concentrando la mayoría de las salidas. Más arriesgado es el viaje que tienen por delante los cayucos que parten de la ciudad mauritana de Nuadibú y, sobre todo, aquellos que emprenden su aventura desde la desembocadura del río Casamance, entre Senegal y Guinea Bissau. En aguas del Mediterráneo la instalación de Servicio Integral de Vigilancia Especial, en las costas gaditanas primero y más al este después, fue fundamental para reducir las salidas en el Estrecho de Gibraltar. La ruta argelina ha sido la última en incorporarse al organigrama de la emigración clandestina, aunque las mafias que trafican con ciudadanos de países subsaharianos siguen sin abrir brecha en el litoral del gigante magrebí.