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7 10 07 CLAVES DE ACTUALIDAD Marruecos Atrapados (Viene de la página anterior) des como Tánger, Rabat y Casablanca para ser literalmente abandonados en el desierto. Muchos fueron localizados a centenares de kilómetros por algunas ONG como SOS Racismo o Médicos Sin Fronteras junto a la frontera de Argelia y por el Frente Polisario más allá del muro construido en la ex colonia española. Aquellos desgraciados sucesos, aceptados como solución al problema por el Gobierno español, fueron el punto de partida de la nueva política en materia migratoria. Se desplegó al Ejército en las ciudades autónomas durante semanas, se elevaron las vallas a seis metros, se planeó la denominada sirga tridimensional en el pasillo de la verja de Melilla y Marruecos levantó puestos militares fijos con una presencia más nutrida de efectivos y material. Pero fue echar el candado a Marruecos y abrirse la vía de los cayucos desde costas mauritanas y senegalesas, con un incremento importante del riesgo. La distancia desde la región senegalesa de Casamance, uno de los sitios más habituales de partida, es unas diez veces mayor que desde Alhucemas a Andalucía o de Tarfaya a Canarias. Por eso, el Gobierno español ha pedido que la Unión Europea se tome en serio la presencia permanente del operativo del Frontex, la agencia europea de fronteras, frente a las costas africanas. Los emigrantes que son apresados por las autoridades marroquíes en el mar, sobre todo en aguas del Sahara Occidental, que controla Rabat desde la ocupación de la ex colonia en 1975, son a veces repatriados en grupos a sus países, como ha ocurrido esta misma semana con más de un centenar de gambianos y senegaleses desde el aeropuerto de Dajla. Cuando se echó el candado Sambo y Alui, gambianos ambos, trabajan en la extracción de tierra a las afueras de Rabat Pero frente a ese incesante movimiento en el mar, desde 2005 sólo unos cuantos emigrantes han logrado superar los reforzados obstáculos de Ceuta y Melilla y ya no hay grandes concentraciones de subsaharianos en los bosques. El poblado en el que vive Gabonés apenas acoge a media docena de personas, diez como mucho en ciertas épocas. Algunos más quizás en la zona de Melilla por su proximidad a Uxda, puerta de entrada desde Argelia y por la que son expulsados por las autoridades marroquíes cuando son detenidos. Más allá de esas idas y venidas por la frontera argelina, en un movimiento que llegó a ser bautizado como jugar al pin- pon Marruecos está dejando de ser un país de paso para convertirse en un país en el que miles de emigrantes sin papeles se ven obligados a quedarse por periodos más prolongados de tiempo. No hay estadísticas oficiales de cuántos subsaharianos esperan de manera clandestina dar el salto de una u otra manera a Europa. Tampoco se sabe cuántos desesperados arrojan la toalla y buscan en vano una manera de regresar a su país y afrontar ante su familia el fracaso de no haber podido alcanzar el sueño de instalarse en el primer mundo. Se sabe únicamente que el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) tenía registrados en Marruecos antes de este verano a 638 refugiados y 1.060 demandantes de asilo, aunque las autoridades de Rabat no reconocen sus derechos y con frecuencia son tratados como clandestinos y expulsados del país. Entre esos derechos debería estar el de trabajar, que es lo que acaban haciendo muchos al amparo de la descomunal economía sumergida y gracias a que las autoridades están haciendo la vista gorda no llevando a cabo detenciones sistemáticas en el tajo. Los emigrantes ofrecen sin embargo una mano de obra de la que está bien nutrido el país. En Marruecos hay ya gente de sobra. Te- Susan, congoleña, junto a su hija Sophie nacida hace ocho meses En Marruecos hay ya gente de sobra. Temo que esto se convierta en un problema grave de racismo por la competencia que supone al mercardo laboral local señala Lucille