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4- 5 D 7 LOS DOMINGOS DE Deborah, refugiada congoleña, vive junto a su madre y dos hermanos en la población de Salé, junto a Rabat Marruecos TEXTO Y FOTOS: LUIS DE VEGA. RABAT CASTILLEJOS (MARRUECOS) Inmigrantes atrapados Dos años después de la crisis de las vallas de Ceuta y Melilla, la seguridad fronteriza ha aumentado y el Reino alauí se ha convertido en un callejón sin salida para miles de inmigrantes que deambulan y sobreviven con precarios trabajos retribuidos con pagas de miseria eza por mí, por favor. Me voy a Ceuta Abubakar Dumbía, maliense de 33 años, no soporta más vivir escondido como un animal en un bosque de los alrededores del perímetro fronterizo de la Ciudad autónoma. Algunas noches se acerca a la verja iluminada soñando con saltarla como ocurría con frecuencia hasta hace dos años, pero la seguridad y la altura de la verja han aumentado desde la sangrienta crisis de las vallas de Ceuta y Melilla de hace dos años. Ya mucho antes de llegar, los perros nos intimidan ladrando. Es imposible explica. Por eso, gracias a un contacto R marroquí y al pago de 300 dirhams (unos 28 euros) se ha agenciado un chaleco salvavidas y un par de aletas de segunda mano- -no llegó a reunir los 800 dirhams que le pedían por el traje de neopreno- -con los que intentará entrar en España a nado. Sé nadar y el otro día algunos lo han logrado comenta. Se refiere al grupo de cuatro subsaharianos que fue rescatado por la Guardia Civil en aguas de Ceuta la semana pasada. Eran En su desesperación, Dumbía se ha agenciado un chaleco salvavidas y un par de aletas de segunda mano con los que intentará llegar a Ceuta a nado tres hombres y una mujer. Uno de ellos no pudo ser reanimado. Dumbía, conocido como Gabonés por los años que pasó trabajando en ese país, coincidió con ellos, lo que parece que le empuja aún más en su decisión. Pasaron dos noches con nosotros en el campamento y se fueron al mar sin decirnos que iban a intentar llegar a España Es madrugada del jueves y escuchando a Gabonés, que viste la misma sudadera y el mismo gorro negro ajustado a la cabeza que cuando este corresponsal lo fotografió por vez primera hace un año, uno tiene la impresión de que habla de un viaje largo, cuando en realidad las luces de Ceuta se perciben entre la vegetación con una cercanía apetecible. Es ese mismo reflejo el que le ha acompañado cada noche desde que llegó al monte de Beliones en el verano de 2005. Unos días después, en la madrugada del 29 de septiembre, participó junto a medio millar de subsaharianos en el que hasta ahora ha sido el mayor asalto a la verja que separa Marruecos de España. Aunque Gabonés no estaba entre los más de 200 inmigrantes que, a la carrera, lograron quedarse en Ceuta, otros corrieron mucha peor suerte. Cinco de ellos murieron en el intento a causa de disparos que aún hoy nadie ha aclarado de qué lado salieron. Los cuerpos de algunos quedaron colgados de las alambradas, como chorizos en sarta, mientras se desangraban en medio de los gritos de sus compañeros y la actuación de las Fuerzas de Seguridad de los dos países. El campamento de Beliones, que llegó a tener calles, pequeños colmados y más de mil habitantes a las mismas puertas de Ceuta, fue desmantelado mientras Rabat ponía fin, y de una manera más que expeditiva, a los intentos masivos de asaltar las vallas. Centenares de subsaharianos entre los que había sin papeles demandantes de asilo y refugiados fueron detenidos en redadas no sólo en los bosques, sino en ciuda (Pasa a la página siguiente)