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7 10 07 EN PORTADA Maulets Fanáticos en Cataluña (Viene de la página anterior) máximo nivel de representación es una mesa nacional. En la línea, pues, de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) si nos ceñimos a la política catalana, o de Batasuna, si ampliamos algo más el círculo. Y, en cuanto a la militancia, Buch calcula en su libro que la de Maulets andará rondando el millar de personas- -el resto de las organizaciones: Endavant, CAJEI, PSAN y MDT, todas juntas, a duras penas alcanzan esta cifra- Otra cosa, claro, es el número de simpatizantes que consiguen movilizar en las grandes ocasiones, es decir, el 11 de septiembre en Barcelona o el 25 de abril en Valencia. Y otra, aún, la amplificación que los hechos de los que son protagonistas obtienen en los medios, sobre todo en la radio y la televisión autonómicas, siempre tan proclives a ensalzar lo propio. Y otra, en fin, el grado de influencia que sus postulados han adquirido en determinados ámbitos, como por ejemplo en la universidad, donde sindicatos estudiantiles afines, con el beneplácito de los distintos órganos de gobierno, ejercen una verdadera tiranía ideológica, hasta el extremo de que profesores como Fernando Savater o Gotzone Mora no han podido pronunciar una conferencia allí donde un delincuente cuasi iletrado como Arnaldo Otegi ha podido expresarse con absoluta libertad. En el fondo, si bien se mira, el paisaje descrito no difiere de- Un delincuente casi iletrado masiado del que ofrece, desde hace décadas, el País Vasco. Es verdad que en Cataluña, a Dios gracias, no existe ninguna ETA. Y es verdad que, al contrario de lo que ocurre con el mundo de Batasuna, el independentismo radical catalán no tiene quien le represente en el Parlamento autonómico. Pero también lo es que, en este segundo aspecto al menos, las cosas están empezando a cambiar. O eso parece. En las últimas elecciones municipales las Candidatures d Unitat Popular (CUP) obtuvieron unos resultados discretos- -una treintena de concejales, la mayoría en la Cataluña profunda- pero sensiblemente mejores que los de 2003. Y las CUP son la marca electoral de este (sub) mundo del independentismo extraparlamentario. Por otra parte, al aumento experimentado por dichas candidaturas de unidad popular en el ámbito local no es ajena la crisis interna de ERC. No sólo la ya tradicional entre el sector de Josep- Lluís Carod y el de Puigcercós, sino también la ocasionada por la aparición de la corriente crítica encabezada por el ex consejero de Go- bernación de la Generalitat, Joan Carretero. Para cerciorarse de hasta qué punto unos y otros compiten por un mismo espacio electoral, basta consignar los gestos respectivos a raíz de la quema de retratos del Rey en Gerona. Así, mientras representantes de las CUP mostraban en el Colegio de Periodistas de Cataluña su apoyo a los primeros procesados- -su manifiesto llevaba por título, en catalán, Nosotros también quemamos la corona española un diputado, un jurista y un líder asociativo de ERC, pertenecientes los tres a la corriente carretera, se apresuraban a autoinculparse como pirómanos en una comisaría de los Mossos d Esquadra. Está claro que, aquí, el que no corre vuela. Y es que ERC, por mucho que lo intente, no puede sustraerse a los vaivenes de esa doble personalidad que le acompaña desde que abrió sus puertas, hará un par de décadas, a la panda de activistas callejeros encabezada por Colom, Carod, Benach y compañía, y que hace que un día aparezca como un partido de gobierno, con todo lo que ello conlleva, y al día siguiente como un movimiento de carácter asambleario cuyo máximo sueño es subvertir el orden establecido e instaurar una República Catalana. De ahí que en el partido militen muchos jóvenes a los que nada o casi nada separa de los que integran Maulets y demás organizaciones afines. Esta misma semana, sin ir más lejos, hemos podido comprobarlo con la detención de dos miembros de las juventudes de ERC acusados de fabricar el artilugio de porexpán con la foto del presidente de Ciutadans, Albert Rivera, y la bala incrustada en su frente, y de enviarlo a su domicilio. Y, si bien la dirección del partido ha anunciado de inmediato la expulsión de ambos descerebrados, la noticia no ha hecho sino confirmar lo porosas que pueden llegar a ser las fronteras entre los distintos grupos o grupúsculos independentistas. Aunque tal vez todo sea mucho más sencillo y se reduzca, al cabo, a una estricta cuestión de transversalidad. La del nacionalismo, que, con la ayuda de la izquierda más o menos radical, va socavando, poco a poco, los pilares de esta democracia nuestra, lo mismo en Cataluña que en el conjunto de España. En este sentido, el independentismo, sea cuál sea su color- -no olvidemos que Convergència también posee su porción- no deja de constituir una excrecencia. Y, como toda excrecencia, tiene tratamiento. Ahora sólo falta que alguien se lo quiera aplicar. Doble personalidad En el fondo, si bien se mira, el paisaje descrito no difiere demasiado del que ofrece el País Vasco. Es verdad que en Cataluña, a Dios gracias, no existe ninguna ETA En Esquerra Republicana militan muchos jóvenes a los que nada o casi nada separa de los que integran Maulets y demás organizaciones afines El independentismo vandálico tiene tratamiento. Sólo falta que alguien se lo quiera aplicar AFP