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30 9 07 EL LIBRO PREPUBLICACIÓN Mujeres por y para el placer Fueron osadas, audaces e inteligentes. Y vivieron su sexualidad al límite, por encima de usos y convenciones. En Sexoadictas o amantes. 21 mujeres radicales Paula Izquierdo se adentra en la intimidad de quienes eligieron ser ellas mismas. De ahí su radicalidad. De Catalina la Grande a Lola Montes, de Mata Hari a Joan Crawford o de Alma Mahler a Janis Joplin, entre otras Catalina la Grande Estratega del sexo Su brindis preferido era Que Dios nos conceda nuestros deseos y que nos los conceda pronto Princesade origen alemán, gobernó Rusia de forma autocrática durante treinta y cuatro años. A los dieciséis se casó con su primo Pedro, un año mayor que ella, sobrino y heredero de la emperatriz de Rusia. Al no haber tenido descendencia esta última, se esperaba de Catalina que la tuviera ella, sin embargo, la impotencia sexual de su nuevo marido no ayudó en tal empresa. La noche de bodas, ella esperó en sus aposentos la llegada de Pedro, y cuando éste apareció, bebido, se metió en la cama y se durmió, tal como explica Henri Troyat. La indiferencia que su joven marido mostró nada más casarse, provocó que Catalina se sintiera inmensamente sola y desamparada en la corte. Ella estaba dispuesta a amarle, pero él continuamente la rehuía. La futura emperatriz, como suele ocurrir a menudo en una relación de pareja, se sentía culpable y se preguntaba: ¿Acaso le parezco fea? ¿Acaso lo intimido? La joven no lograba entender su comportamiento, su desdén. En un primer momento, y ante la pasividad de Pedro, la princesa tuvo fantasías suicidas, pero más tarde comprendió que podría encontrar mayor placer poniendo en práctica otro tipo de fantasías más gratificantes; las sexuales. Ya que el hombre con el que se había casado la ignoraba, buscó amor y sexo en otros brazos. Transcurridos diez años de matrimonio, Catalina se quedó embarazada de su primer hijo, probablemente resultado de sus relaciones adúlteras con un joven aristócrata ruso, llamado Serguéi Saltikov. En aquel momento, la situación dinástica era para Catalina de lo más delicada, ya que la enfermedad mental de su marido se había ido haciendo cada vez más evidente y, por tanto, él había ido perdiendo popularidad. Para colmo, el gran duque Pedro amenazaba a Título: Sexoadictas o amantes. 21 mujeres radicales. Autor: Paula Izquierdo Editorial: Belacqua Páginas: 208 Precio: 16 Euros Catalina con divorciarse de ella. Sólo cabía una solución, y la intrépida e inteligente Catalina no dudó en llevarla a cabo de forma eficaz; se trataba de una decisión peligrosa y consistía en diseñar y poner en marcha un golpe de Estado. En el año 1762, mientras Pedro estaba empeñado en hacer la guerra a Dinamarca, Catalina aprovechó para afianzar su poder en la capital, que entonces era San Petersburgo haciéndose proclamar emperatriz. Su marido fue inmediatamente arrestado y asesinado. Una noche de tormenta, en una isla del mar Báltico, la doncella de Catalina, probablemente instigada por ésta, la dejó sola en su dormitorio junto al joven aristócrata Saltikov. Él era un hombre moreno, de mediana estatura, complexión fuerte y bien proporcionado. Pero no tan apuesto ni tan brillante como afirma Catalina enfervorecida de amor: Era hermoso como el día y, sin duda, nadie podía comparársele en la corte, y menos aún en la nuestra Él le había prometido que la haría llegar al éxtasis, y así debió de ser, ya que, a partir de entonces, el deseo sexual de la joven se incrementó. Durante este período de tiempo, tanto la emperatriz Isabel, la mujer que tan despóticamente la trataba, como su heredera Catalina compartían la potencia sexual de Saltikov, quien se sentía estimulado y halagado al recibir los favore s no sólo de la zarina, sino también de la heredera del imperio. El conde polaco, aristócrata y Paula Izquierdo Escritora. Autora de La Falta Finalista del Premio Quiñones cosmopolita de veintitrés años, Estanislao Augusto Poniatowski fue el segundo en caer en su cama, en 1755. En una ocasión, fueron pillados in fraganti por Pedro cuando el conde abandonaba los aposentos de Catalina en su casa de campo, ataviado con un disfraz. Poniatowski fue acusado por el emperador de haber mantenido relaciones sexuales con su mujer y ésta arrastrada fuera de la cama, tal vez por los pelos. Como castigo, no les cortó la cabeza, sino que los obligó a cenar con él. Pedro lo consideró suficiente castigo; quizá los amantes lo valoraran como excesivamente cruel... Lola Montes La preferida Fue una mujer que supo utilizar su capacidad de seducción para conseguir todo aquello que se proponía. A pesar de no estar dotada para el baile, logró hacer famosa una danza llamada la danza de la araña o de la tarántula Dicha danza consistía en que Lola aparecía en el escenario con una serie de velos, de los que iba despojándose con cierta gracia. El motivo de ir quitándose los diferentes velos y revelar así su esbelto cuerpo, era que entre aquéllos se encontraba supuestamente una araña que amenazaba con picarle. Pasados los años, cambió los escenarios por el trato personal. Organizaba recepciones para sus admiradores. El que quisiera hablar con ella diez minutos debía pagar un dólar por tal placer, y si a la conversación se le añadía un apretón de manos, la tarifa era de cincuenta centavos más. Éstas eran sus condiciones, y a pesar de lo rocambolesco del negocio, parece ser que le dio buenos resultados e importantes frutos económicos. Lola vivió gracias y por el sexo, pero en los últimos años de su vida, convertida en una devota episcopaliana, ayudó y dio amparo a las prostitutas para sacarlas del camino del mal, de la perdición. En su época de joven provocativa y descocada bailarina, an- La indiferencia que su marido mostró en la noche de bodas provocó que Catalina se sintiera desamparada. La princesa tuvo fantasías primero suicidas y luego sexuales Quien quisiera hablar con Lola Montes diez minutos debía pagar un dólar por tal placer. Si a la conversación se le añadía un apretón de manos, la tarifa subía 50 centavos más