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23 9 07 VIAJES Praga TEXTO Y FOTOS: MANENA MUNAR Espíritu bohemio Calles repletas de historia y cultura. Mezcla explosiva de arte y desenfado callejero, la capital de Bohemia es una de las ciudades más fascinantes de Europa. Es su corazón encendido, gótico y barroco El historiado y barroco reloj astronómico del Ayuntamiento e paseo por Praga es inevitable pasar por el Puente de Carlos una y otra vez. No importa. Es el más antiguo (1380) el más espectacular de los 18 puentes que cruzan el río Moldava. Y en cada travesía encontramos algo nuevo. Aunque para siempre perdurará en el recuerdo el primer golpe de vista: la ciudad vieja, el Castillo, Mala Strana, la isla de Kampa y el rojo chillón de los tejados que contrasta con el negro ceniciento de las torres y de las agujas de las iglesias. Las treinta estatuas vigías del Carlos se yerguen imponentes. La primera la colocaron los jesuitas en honor a San Juan Nepomuceno. Para atraer la buena fortuna hay que besar al perro que está a sus pies, brillante de tanto sobe. Las demás figuras reflejan el fuerte peso de las órdenes religiosas en la historia de este país. Después, superada la primera impresión de belleza del puente, se empiezan a percibir otros detalles encantadores de la zona. La ciudad se agazapa a un costado del Carlos y, si nos apostamos en el Café Marnicz, al borde del canal, observaremos las casas alzadas sobre el agua, muy a lo veneciano. El aire de la mañana es limpio e invita a recorrer la ciudad. Hay que ver la ciudad vieja, y la nueva, el barrio judío, el cementerio judío, Mala Strana, la Catedral de San Vito, el Callejón del Oro, centro de orfebrería, y más, más... y mucho más. Tranvías de dos cuerpos, coches de época para turistas y algún que otro skoda de los tiempos del Pacto de Varsovia evocan el pasado reciente en un entorno histórico, en una ciudad variopinta y ávida de disfrutar de su belleza. De camino hacia la Ciudad Vieja, por las calles adoquinadas y entre casas de hermosas fachadas, atraen nuestra atención los varios cafés protegidos por atractivos y coloristas toldos. La mayo- D ría anuncian la bebida nacional: Pilsen ¡la más voluptuosa de las cervezas! servida en jarras de medio litro, con la espuma justa y ese color dorado que incita a beber y no parar. Impresionantes las jarras acompañadas de suculentas salchichas con chucrut que sirven en el restaurante del Soldado Schweik protagonista de la comedia antibelicista de Jaroslav Hasek, que parodia los desatinos de un hombre común metido a soldado. La ordenación gremial de la ciudad sigue en pie y, si en una calle los escaparates de las tiendas sólo ofrecen cristal de bohemia, en la siguiente se suceden los carteles del famoso Teatro negro -sombras chinescas, pantomima y expresionismo- al tiempo que en la calle de al lado alguna que otra sex- shop se camufla entre los bazares. A veces se observa en las fachadas de las casas un curioso relieve que indica el oficio del inquilino que la habitaba. Si el grabado representaba uvas, vinatero... si pan, panadero... ¿Será un espejismo? Entre callejuelas serpenteantes aparece la hermosa plaza de la Ciudad Vieja. En el siglo XIV fue sede del Sacro Imperio Romano bajo el reinado de Carlos IV. La perla de la plaza es el Reloj Astronómico del Ayuntamiento. Como un imán atrae a los viandantes que contemplan obnubilados sus atractivas esferas tratando de entender el significado. A las doce, los doce apóstoles salen marcando el paso del tiempo y el gallo dorado remata el paseo cacareando la hora en punto. En los laterales, la muerte, el avaro, el presumido y el turco, hacen de vigías de la esfera principal, y nos recuerdan con su presencia que el tiempo se acaba para todos, que En el reloj astronómico, las figuras de la muerte, el avaro, el presumido y el turco hacen de vigías de la esfera principal y nos recuerdan que el tiempo se acaba para todos la avaricia no conduce a nada, que la presunción es efímera y que la parsimonia del turco quizás sea la mejor forma tomarse la vida. La iglesia de San Jakub, el gótico del templo Tyn y los mágicos edificios que se alzan a cada lado hacen de esta plaza una de las más bellas del mundo. Praga ha sido fuente de inspiración de Mozart, quien alumbró aquí su Don Giovanni Y hogar