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12- 13 D 7 LOS DOMINGOS DE El caso de la parricida de Santomera aún conmociona a la Guardia Civil Rosa María, en tratamiento psiquiátrico, degolló a Irene, de 6 años, este miércoles en Gerona ra de Melilla ocultó durante catorce años el asesinato de su primera hija, Florinda, de sólo 5 meses, para, tras ese tiempo, repetir y multiplicar sus crímenes, acabando con su segunda hija, Sandra, de 15, con su marido, y de intentarlo con otro vástago, Antonio de 12, que se libró por los pelos: Para ellos aliñaba la comida con cianamida y anestesiaba sus digestiones con bromazepames Hace un año el TS confirmó su pena a 84 años de prisión. Sin embargo, otros, tras el pronto del infanticidio, como el del padre que el mes pasado disparó en la nuca de su pequeña de 18 meses mientras la madre la sostenía en brazos en un parque de la madrileña localidad de Torrejón de Ardoz, no hallaron más salida que la propia muerte. O la barruntaron durante años como aquel parricida de Valencia que asesinó a sus dos hijos y años después, preso en Nanclares de Oca, y cuando creyeron superado el horror, se ahorcó. O se da el caso, como el del ejecutivo bilbaíno Alberto Izaga, guapo, divertido y risueño que acaba de ser acusado por el juez de la muerte de su hija de 2 años, reventada a golpes en un lujoso apartamento londinense por interrumpirle mientras yacía con su mujer, y que ni pudo disimular, ni matarse ni huir. Cuando al profesor José Sanmartín, director del Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia, le preguntamos de qué pasta están hechas estas bestias explica que se suele decir que entre estos agresores predominan los que han sufrido maltrato infantil, que aprendieron y reproducen; pero esa es una hipótesis que aunque mucha gente sustenta, la verdad es las cifras reales que se barajan son bastante más bajas de las que intuitivamente otros presentan, entorno al 18- 20 Sin embargo, una característica bastante común entre los que maltratan a sus hijos es la existencia de deficiencias cognitivas en el procesamiento de la información, en general, y, en particular, de la que procede de los niños, es decir, son padres que interpretan de manera incorrecta las señales y algo tan sencillo de entender como que un niño se haga pipí encima, lo interpretan como un reto a su autoridad. Esas deficiencias cognitivas suelen ir acompañadas de deficiencias emocionales, que interactúan, y sobre todo de deficiencias en la empatía o habilidad para ponerse en el lugar del otro. Según mi experiencia de campo, con estas deficiencias no se nace, sino que proceden en gran parte de una educación que ha hecho a la gente profundamente egoísta y egocéntrica. Y si eso lo une a que el hedonismo ha cala- EFE do en general, y más en ciertos colectivos, ya tiene usted una bomba que puede estallar en cualquier momento. Son padres egoístas, que no empatizan con los hijos y que los sacrifican en su búsqueda del placer. Y de ahí que los padres incluso droguen a sus hijos para que no los molesten cuando deciden marcharse de fiesta Todo eso- -añade el catedrático- -métalo en un ambiente empapado por estrés que minusvalora el uso de sustancias tóxicas: según nuestros estudios, de cada 10 casos de maltrato infantil, en 4 está presente el alcohol cuando era el padre el maltratador, o las drogas, cuando era la madre el verdugo. También influyen otros factores, como los económicos y la carencia de redes de apoyo suficientes- -6 de cada 10 agresiones tienen lugar en viviendas inadecuadas- Luego está la cifra de los enfermos mentales, pero no supera el 15 Mar, psicóloga de Instituciones Penitenciarias, está acostumbrada a tratarlos cara a cara. No son tantos como pueda parecer los que llegan a acabar con la vida de sus hijos, pero sí son muchos los casos de violencia sexual- -esta semana conocíamos que una pareja guipuzcoana violó durante 8 años a su hijo- -y de media y alta intensidad. A prisión no llegan tantos porque muchos son enfermos mentales, como la madre que mató a la niña el miércoles en Gerona, y lo que sí hay que decir es que la psiquiatría española está en pañales y los deja desasistidos, sin seguimiento, con diagnósticos tardíos... En los que me he encontrado en prisión siempre hay detrás una historia personal que analizar y unos déficits que no justifican su acción pero sí Cara a cara con el mal nos ayudan a comprenderlos Mar nos tranquiliza: Desde luego, cualquier persona no es capaz de matar a otra. Alguien equilibrado es capaz de encontrar otras salidas, y no estoy diciendo que estén locos, sino que tienen detrás un cúmulo de experiencias que han hecho que su comportamiento, emociones y pensamiento se escoren hacia el abordaje de las situaciones de la vida de un modo negativo. No son personas malas, sino que han hecho cosas malas. Trabajando con ellos ves que también hay muchos aspectos positivos de su personalidad Mar dice que en ellos ha observado dos reacciones: la frialdad estremecedora, una anestesia emocional que les permite seguir viviendo después de lo que han hecho y el suicidio o su intento en la desesperación absoluta. Pero añade que son más los que ni se inmutan, esos a los que hay que deshelar con terapia, y recuperarles para la empatía, y reordenarles las ideas y los valores e inculcarles criterios éticos y morales en cuya ausencia justifican lo injustificable. Y escudriñar en el tiempo previo a la atrocidad, seis meses o un año antes, cuando les pudo sacudir el estrés, los problemas de pareja, laborales, económicos, el abuso de alcohol y drogas... Porque Mar no deja de buscar, para extirparla, esa semilla del mal que amenaza con anestesiarnos un poco a todos. Con la maldición de un contradiós. Porque está escrito que asesinar al hijo es matar el proyecto de seguir vivo en él, de acabar con la garantía de inmortalidad Pero todos estos parricidas ya han grabado para siempre a sangre sus nombres en las páginas brutales de la insaciable crónica negra.