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10- 11 D 7 LOS DOMINGOS DE Francisca González, que se hizo pasar por víctima hasta su detención, tras los féretros de sus niños estrangulados. Inconmovible, cumple 40 años de condena SALVADOR MATA Parricidas POR VIRGINIA RÓDENAS ¿Quién puede matar a un hijo? Al ejecutivo Alberto Izaga le acusa el juez de matar a su Yanire, de 2 años; Rosa María degolló el miércoles a su Irene, de 6, y apenas sorprende un recién nacido en la basura. Los parricidios crecen un 50 Algo se descompone en nuestra sociedad. Qué tinieblas ciegan a un padre para acabar con la vida del hijo tilizaron sierras eléctricas para despedazarlos, hornos para abrasarlos, cuchillos para degollarlos, cables para estrangularlos, martillos para destrozarlos, veneno y fármacos para aniquilarlos, un gran vacío al que arrojarlos, pistolas y escopetas, la furia brutal de las propias manos para reventarlos o tiempo, poco tiempo, cuando, simplemente, recién nacidos, les impidieron respirar envueltos en una bolsa de plástico o les dejaron extinguirse lentamente, la vida es- U trenada atravesada por el silente azote del frío, en el sórdido fondo de un contenedor de basura. Sus víctimas no les plantaron cara. Imposible cuando no se han cumplido ni los cinco, ni los diez, ni los doce, ni siquiera tantas veces unos pocos minutos, segundos, de vida. Se dejaron hacer por los mismos que les engendraron y que justo en ese momento determinaron que para ellos todo había acabado. Les habían dado la vida y se la quitaron. ¿Por qué? Cuando esta periodista preguntó a José María Maciá Navarro, de 38 años, por qué mató a martillazos a su esposa Tere Susi y a sus dos pequeños de 2 y 6 años mientras dormían, el parricida de Elche respondió no lo sé y cuando quiso saber si le tembló el pulso al levantar la maza contra el cráneo de sus niños, contestó no era mi mano quien lo hacía ¿Está arrepentido? Sí Pero el arrepentimiento tres meses después del brutal crimen, que llega con el temor de saber lo que se te viene encima, ¿qué vale? ¿Y no piensa en quitarse la vida después de asesinar a sus hijos? quisimos saber. No, porque el cuerpo es el tem- plo de Dios. Yo a mis nenes- -fueron sus palabras- -los adoraba. ¡Si fue cuando operaron al de dos añitos de la cabeza y andaba siempre diciendo que tuvieran cuidado no fuera a caerle al nene algo de punta en la cabecica! Ni una lágrima, ni una frase entrecortada por la emoción, por el dolor, por la rabia, por la impotencia. Nada. Lo mismo que la parricida de Santomera, la Paquita aquella Francisca González que el 18 de enero de 2002 estranguló a sus hijos pequeños de 6 y 4 años con el cable de un cargador de teléfono móvil y que ante los cuerpos aún calientes de las criaturas fabricó una coartada por la que supuestamente un ecuatoriano se había colado en la vivienda y que, tras agredirla para robarle, había dado muerte a los chiquillos en su huida. Lo hizo celosa por despecho hacia su marido, para herirle en lo que él más quería Fue detenida tras el entierro y hasta entonces, en ningún momento, la madre asesina flojeó en su determinación de pasar por víctima. Funcionarios de prisiones no han podido olvidar cinco años después cómo aquella primera noche que la criminal pasó en la cárcel, y que como dicta el protocolo para estos casos estuvo (Pasa a la página siguiente)