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6- 7 D 7 LOS DOMINGOS DE -Pues si no satisface, por lo menos apasiona ¿no? Desde luego es apasionante... apasionante Su afirmación queda flotando en el aire. ...Y no digo que el poder no satisfaga, lo que quiero explicar es que por sí mismo no puede justificarse. El poder sólo se justifica en función del cumplimiento de unos objetivos, por supuesto no personales. Además, yo no he disfrutado las compensaciones personales que el poder comporta. Nadie puede negar que soy un hombre volcado en mi trabajo; no se me ve en cócteles ni en cenas, ni en ninguna de esas facetas agradables de la vida pública... Paso el día estudiando documentos, leyendo expedientes, analizando acontecimientos. Despacho los asuntos urgentes... Recibo visitas; me entrevisto con economistas, con especialistas en los temas que me preocupan. Procuro hablar con las personas que tienen una opinión diferente a la mía para ahondar en sus razones... Son muchos deberes. Mi primera obligación es convencer. Tengo un partido político que apoya mi gestión. Y no puedo decir: esto se hace así porque yo lo he decidido. Vivo convenciendo... Ni siquiera estoy demasiado tiempo sentado. Me levanto y paseo muy a menudo. Necesito moverme ¿Por qué? ¿Por una constante tensión nerviosa? Bueno, yo soy un hombre inquieto, vital... Pero me domino muy bien Lo observo. La mirada, directa. El apretón de manos, firme. Las palabras, ahora que ha vuelto de su mundo interior, decididas. Es un hombre segurísimo, convencido. Lo he pasado muy mal. Pero cuando uno ha sido cocinero antes que fraile, y ha conocido muchas situaciones, aprende a dominarse De nuevo vienen a advertirle de la hora. Les preocupa el programa de mañana: presidente, tiene que madrugar... -Si está cansado lo dejamos, señor Suárez. Se pasa la mano por los ojos. Estoy un poco cansado... Sí -Seguiremos en otro momento, ¿no? En realidad me quedan por hacerle todas la preguntas... Por supuesto- -me tranquiliza- Además, hemos quedado en que esta entrevista la haremos en varias ocasiones Un día después, en el vuelo de vuelta a Madrid, lo miro mientras habla con los periodistas. Tiene algo de pez escurridizo. Con la cara de frente, los ojos miran de perfil. Parece inmóvil, pero se escapa. En cambio, la noche anterior el Soy un hombre inquieto cansancio, el silencio y la soledad sacaron a flote otro hombre agotado. Me faltó preguntarle si al final de la jornada siempre repasa los buenos y los malos momentos, si reflexiona y hace autocrítica. Todavía en el avión, en un momento de distracción general, me promete bajito: Seguiremos hablando. Habrá otra ocasión Sin embargo, la ocasión no se presentó o sus adjuntos la impidieron. A saber. No obstante las insistencias de mis idas y llamadas a La Moncloa. Y cuando yo, por compromiso y deferencia, le envié la trascripción de la conversación mantenida en la madrugada de Lima, sus consejeros dilucidaron y discreparon si se debería o no publicar. A pesar de Josep Meliá o del apoyo de Chencho Arias, triunfó el no porque el presidente no puede ser tan sincero Pero el hecho es que lo había sido. Demasiado sincero. Y la entrevista quedó encerrada en un cajón y en mi debe indignado. Ahora, releída con la serenidad sabia que dan los años, reconozco que un presidente no podía ser públicamente tan sincero. Pero ahora también, cuando le llueven los homenajes y las nostalgias, creo que es bueno que quienes lo criticaban tanto, de los que se dolía, o todos los demás que apenas lo han conocido sepan cómo pensaba y cómo se sentía. Por aquella época, y al final de algún segundo encuentro, Adolfo Suárez, todavía presidente, me dijo: Es usted la única persona en España con la que estoy en deuda. Le debo una entrevista -Y si no, publico ésta. Y si no, en su día, publica ésta... Dos meses después dimitió. DE VIAJE CON UN CARISMÁTICO SUÁREZ En sus giras deslumbraba con su simpatía, pero en aquella visita a Perú no estaba en su mejor momento rios, corresponsales... iajar con Adolfo destetados profesionalSuárez era expemente en el franquismo, riencia gratifirememoramos con inevicante. La transición espatable nostalgia el insólito ñola, la Santa Transición interés y admiración susminimizada ahora, mocitados por nuestro país a laba -en algunos de través de Suárez. (Lo veaquellos países con regíría repetido en un viaje de menes no democráticos, Inocencio Felipe González a ArgentiChile, Argentina... podía Arias na) El Adolfo de Iberotener un efecto miméti- Diplomático américa era el mejor de co- -y el Presidente espalos Suárez, coherente, entrañol, en su elemento sin el tador, naturalmente carismámiz engorroso de la traductico. ción, arrasaba. Literalmente. Probablemente, síndrome uniAunque los entresijos internos versal, el político encontraba en se le complicaban ya, en Lima, el entusiasmo foráneo, en las ore 1980, toma de posesión de Belaunjas y rabo cortados en plazas ibede, se repitió el guión venturoso. roamericanas, un bálsamo apeteSuárez deslumbró con su conviccible para aliviar la honda divición, su simpatía en su envidiable sión de opiniones en nuestro país. cuerpo a cuerpo. Políticos y perioLa procesión iba por dentro. En distas se rindieron a su encanto y mayo de aquel año, con tarascaen el hipódromo las damas lo acodas de la propia UCD, Suárez hasaban como a un mito de la pantabía sorteado dificultosamente lla... Meses antes, en Ecuador, una moción de censura. El partiSuárez le había robado el show en do socialista, pasmado de haber los faustos presidenciales a inviperdido las elecciones, hacía entados como Rosalyn Carter o el cajes de bolillos con barones suasandinista Edén Pastora entonristas. La disciplina, con suspences muy de moda. En aquellas case, se impondría en el Congreso, pitales los colaboradores de Suápero la fronda centrista tenía carez encargados de la prensa forcelado. Como escribe Calvo Sotelo, jeabamos para cribar la avalan no es ya que Suárez no confiara cha de peticiones incluso de estaen los barones, es que sabía que dounidenses desplazados ex proellos ya no confiaban en él feso, que querían minutos con él. Había también sinsabores exMuchos de nosotros, funcionaternos. Francia remoloneaba frenando nuestra entrada en Europa y gobierno y prensa estadounidenses, después de dos iniciativas con el sello Suárez, nuestra presencia en La Habana en los No Alineados y la recepción de Arafat, primicia europea, en Madrid, se enfriaban. A pesar del tónico limeño, su imagen en España y su estado de ánimo interno no eran los mejores. (En Perú recibió la noticia del fallecimiento de Garrigues que le afectó) Por ello, con disensiones, varios nos inclinamos por una entrevista en profundidad a ABC, pequeño revulsivo que le deseábamos los que le apreciábamos. En diciembre, aniversario de Bolívar. fui con él a Colombia. En Santa Marta, al salir al balcón con otros seis presidentes, sería el más ovacionado y reclamado. Allí, su popularidad seguía intacta. No podíamos ni remotamente imaginar que un mes Guiado por una vocación de convivencia en libertad, Suárez lideró el delicado proceso más tarde- ¿et tu, UCD? -dimique permitió la celebración de las primeras elecciones democráticas tras la muerte de Franco tiría. V