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30- 31 D 7 LOS DOMINGOS DE ROSA BELMONTE Expediente Ñ No a la vida real Blanca Cuesta, la novia de Borja Thyssen, elige vestido con el diseñador ABC Manuel Mota para la boda a la que no acudirá su suegra, Carmen Cervera los novios e insisten en que su amor está por encima de todo. Con las espadas desenvainadas, ahora todo son proclamas. Critican a la baronesa por arremeter contra los Cuesta y dejar a su hijo al margen de responsabilidades. La verdad es que flaco favor le hace su madre hablando así, puesto que el papel en el que deja a su hijo es el más ridículo de esta comedia o drama, cuyo final aún está por descubrir. Ni el encuentro que Tita mantuvo con el Dalai Lama durante su viaje a Barcelona ha podido aplacar su ira. Lo dicho, como no cambie pronto, el día 13 los novios se quedarán sin madrina, la exclusiva sin su mejor protagonista y los Cuesta sin unas disculpas públicas. Hasta ese día Borja y Blanca, las dos B, siguen haciendo caja con su boda. La parejita posó en la sede de Pronovias donde Manuel Mota diseña el vestido nupcial que por supuesto será un regalo. Según me cuentan, antes de decidirse por esta firma los novios han sondeado a otros diseñadores de trajes de novia para ver quién les pagaba más por lucir una de sus creaciones. ¿Quién dijo que esta parejita no trabajaba? Otros novios más discretos en gustos y maneras son Jacobo Martos y Ana Bono. También prepa- ran boda pero lo suyo va de íntimo y privado. Jacobo y su socio del dúo Mota actuaron en la fiesta que se celebró para presentar la nueva línea de Tous in Heaven en el restaurante Le Marquis, donde estuvo como anfitriona Rosa Oriol y sus hijas. La familia Tous ha pasado el verano en su casa de Cadaqués en busca de la tranquilidad y el descanso que no han tenido en los últimos meses. Ha sido una de las Tous, Marta, la que ha creado la nueva línea de la firma con su clásico osito ahora en plan heavy metal mucho más divertido y rompedor que el original. Como musa de esos aires modernos se eligió a la actriz Verónica Echegui (la Juani de Bigas Luna) que estaba encantada de representar el espíritu de Tous in Heaven y tener una noche de fiesta con sus amigos. Entre los invitados vi a Eugenia Martínez de Irujo luciendo sus nuevas creaciones para Tous y sin ganas de hablar de novios, amores o ex parejas, y a las hermanas Morales, Shaila y Carmen, muy ilusionadas con los proyectos que tienen con sus respectivas carreras y muy pendientes de su padre, que está pasando unos momentos delicados. hace de Jane Austen en una película. Y ella no quería, oiga, pero Ang Lee, su jefe en Brokeback Mountain la convenció. Que sí, que tú puedes interpretar a la escritora inglesa. Al parecer, que Ang Lee hubiera dirigido Sentido y sensibilidad lo hace experto en la materia. La primera Hathaway citada (Ann) es la mujer de William Shakespeare, de quien la Greer acaba de publicar un aclamado libro Shakespeare s Wife La segunda (Anne) es la joven actriz de la boca- buzón. A las artistas anglosajonas (o a sus graciosos padres) les encanta colocarse nombres históricos. En España a ninguna actriz se le ocurre ponerse Catalina de Salazar. Sin embargo, por ahí no tienen empacho en llamarse Jane Seymour (como la tercera esposa de Enrique VIII) o Anne Hathaway, casi como la contraria de Shakespeare. Becoming Jane la película para la que también se pensó en Sienna Miller o en Keira Knightley (como si no hubiera nadie más sobre la capa de la tierra, señor, qué pereza de tías) es la que ha dado a Anne Hathaway la oportunidad de convertirse en Jane Austen. El filme está inspirado en la novela Becoming Jane Austen de Jon Spence, un estudioso de los Austen. Un estudioso incluso de los testamentos de un siglo de la familia. La portada de esa novela la ilustra el rostro de Jane Austen, en el boceto hecho por su hermana Cassandra que es la única imagen de la escritora extraída de la vida real. No tengo ni idea de cuáles eran las dotes para el retrato de Cassandra, pero si captó la esencia de su querida Jane: hay que ver lo fea que era la condenada. Sin embargo, Somerset Maugham recoge en Diez grandes no- M thaway, Anne Hathaway ientras Germaine Greer reinvindica a Ann Ha- velas y sus autores que se había dicho de ella que era una mujer muy atractiva. Que, vamos, que no soltó (tampoco lo esperábamos) lo de belleza serena (ya sabemos que belleza serena suele equivaler a ser fea para perro) Y, tomado prestado de Jane Austen. Hechos y problemas de R. W. Champan, escribe lo siguiente: Era bastante alta y esbelta, su andar ligero y firme, y todo su aspecto rebosaba salud y viveza. Tenía la tez morena clara, de color vivo, las mejillas redondeadas, la boca y la nariz pequeñas y bien formadas... Eeeeh, para el carro, nena. Vaya, vaya, y si tenía la boca pequeña, qué demonios hace Anne Hathaway ahí. Alguien que podría meterse por vía bucal un ejemplar de Emma con la misma facilidad con la que yo me introduzco una galleta María. Claro, que teniendo en cuenta que en la escena de la playa se ve una grúa en el horizonte (en la esquina superior derecha de la pantalla) pues lo de la boca- buzón tampoco es para tanto. También es verdad que su imitación del acento inglés no es que esté muy conseguida (nada comparable, en la dirección contraria, a Hugh Laurie calcando el inglés americano para House Pero, acabados los peros, la peliculita es un divertimento para amantes de Jane Austen, como un divertimento es la propia obra de Jane Austen, aunque Mark Twain se quedara con las ganas de utilizar su cabeza rizada de tambor y sus tibias de baquetas. Becoming Jane especula sobre la presunta historia de amor de Jane con Tom Lefroy y sobre la influencia de la misma en su vida y en su obra. Todos los personajes supuestamente reales de la película parecen escapados de sus novelas y no al revés. Por ejemplo, la tiparraca interpretada por Maggie Smith (Lady Gresham) es, sin mucho disimulo, la Lady Catherine de Bourg de Orgullo y prejuicio El fallo está en que por mucha fantasía que haya, a poco que conozcas el estado civil de Austen pues tampoco esperas un desenlace espectacular. Decía Nabokov, a propósito de Mansfield Park que el buen lector sabe que no tiene sentido buscar la vida real, la gente real, y demás, cuando se trata de novelas. Que no existe vida real para un escritor de genio. Sólo podemos gozar plenamente del encanto de Mansfield Park aceptando sus convencionalismos, sus reglas, sus encantadores fingimientos. Mansfield Park no ha existido jamás, y sus gentes no han vivido jamás Es difícil estar de acuerdo con Nabokov, pero esta vez lo estoy. Yo también quiero que Elisabeth Bennet y el señor Darcy no hayan existido jamás.