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14- 15 D 7 LOS DOMINGOS DE Milicianas de los cuerpos de autodefensa en la imprenta del periódico Giai Phong (Liberación) en Hong Chinh Hien. Abajo, chicas de artillería en Hai Phong, en 1966 odio hacia quienes depauperaron su país y prefieren trabajar por el futuro en vez de escarbar en el pútrido fango de la venganza Será tal vez por esa razón que Tran Huu Chat (Chau Tien, 1933) guarda silencio. Pocas batallitas salen de su boca a pesar de haber sobrevivido a tres guerras. Recordar la que les enfrentó a los americanos tampoco despierta en él el menor entusiasmo. De una humildad casi enfermiza, sus palabras hay que leerlas en las descripciones que usó para datar sus dibujos y en las que llenan de música sus poemas. Mi amada, que de piedras blancas ruedan bajo los pies de combatientes en marcha. El ruido que hacen atropellándose diez mil veces en mi corazón despierta tu memoria Tras una infancia marcada por las hambrunas y miseria que caracterizaron el periodo de ocupación japonesa, Huu Chat fue asignado en 1946 al Departamento de Información y Propaganda de su distrito. Su primer trabajo fue el de escribir y dibujar las proclamas y consignas del partido. Al no haber ni papel ni tinta, empleaba hojas de plátano secas que luego blanqueaba con cal para pintar con carbón. Del 46 al 48 luchó contra la ocupación francesa, y en 1952 ingresó en el ejército revolucionario, donde fue adscrito al periódico de las tropas locales de Bellas Artes de Hanoi, en el que trabajó hasta su jubilación en 1993. Hoy sigue dedicado a su taller de pintura, ayudado por su esposa y alentado por sus hijos que han heredado su alma de artista. Me cuenta Ivo Fornesa, presidente de la Fundación Fornesa (www. fundacionfornesa. com) y editor y prologuista de Dibujando en las trincheras que ha dedicado A José Moscardó Ituarte y a sus compañeros por la defensa numantina que llevaron a cabo del Alcázar de Toledo, que el día que visitó por primera vez la casa de Tran Huu Chat, en Hanoi, se quedó estupefacto viendo como unos niños trataban de amaestrar a una rolliza y repugnante rata de cloaca como si se tratara de un inofensivo hámster. Le pareció que aquello era un ejemplo más de obstinación irreductible. Ese afán férreo, cuasi genético, de no rendir su historia. Robert McNamara, ex secretario de Defensa norteamericano y principal arquitecto de la guerra de Vietnam, dio en el clavo al reconocer en el enemigo indomable la fuerza del que conoce las privaciones y la muerte y tal vez por ello se empeñó en borrarlo de la faz de la tierra. Pero Tran Huu Chat no quiere hablar de eso, ni de la añoranza del hogar, ni del miedo, ni de las enfermedades, especialmente la malaria. Sus dibujos lo hacen por él. Vinh, en el centro del país, como ilustrador y corresponsal de guerra. Una de las tareas de entonces que recuerda con más cariño era la de recopilar versos escritos por los combatientes. En 1964, y durante la intervención americana se alistó voluntariamente para servir en el Frente B, en Quang Nam Danang. Allí su misión consistió en convivir con las gentes y las tropas y retratar su vida cotidiana. Fueron tiempos extremadamente duros, en los que incluso fue capturado por su propia guerrilla en el pueblo de Dac Xay, donde estuvo a punto de ser fusilado al creerle sus camaradas colaborador de los americanos. Después, en 1979, estallaría la guerra tras la invasión china y de nuevo acudió a primera línea de fuego encabezando un grupo de dibujantes que tenía la misión de plasmar los avatares del combate. Más tarde llegó a ser jefe del Departamento de Colecciones Artísticas en el Museo de