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16 9 07 CLAVES DE ACTUALIDAD La guerra según los lápices de colores del Vietcong Los dibujos de Tran Huu Chat, ilustrador del periódico de liberación del Vietcong, estaban descoloridos, roídos, manchados de humedad y de tierra... hollados por las vicisitudes de su nacimiento en el frente de guerra. Ahora, recuperados y agrupados por un español son la estampa de la otra cara de la moneda POR VIRGINIA RÓDENAS Vietnam Patrulla fluvial en el sur de Vietnam (1968) arriba, y marinero escribiendo poemas para el diario de su unidad fechado el 3 de octubre de 1966 etratos de la actividad de los guerrilleros en el puerto de Hai Pong- -esa ciudad de la flor que Richard Nixon ordenó minar y bombardear para cortar las rutas de suministro del enemigo- de soldados bebiendo y comiendo en Son Tay, de unidades de artillería en Dong Hoi, de combatientes de la aldea de Dak Xay, de la impresión del número especial del periódico Liberación del 19 de mayo de 1968- -cumpleaños de Ho Chi Minh- de la madre soldado con el récord de peso en la carga de proyectiles anti- tanque B- 40 en Kontum, del paso de milicianos en el pico de Truong Son, de la formación de tropas con equipos de cine, de marineros, de patrullas de comunicación, del montaje de munición, de las sandalias de los guerreros- -hechas de viejos neumáticos y que no evitaban la picadura de serpiente en la jungla- del día a día de la guerra, del movimiento sigiloso durante la noche... la terrorífica noche de Vietnam. Son imágenes de la vida pintada durante más de treinta años y tres guerras- -con especial dedicación al periodo denominado de intervención americana -por el ilustrador Tran Huu Chat, testigo de la dureza de esos tiempos, y que el empresario Ivo Fornesa se encontró casualmente cuando husmeaba por tenduchos de las calles de Hanoi. Fornesa, al que las lecturas de los fascículos de Historia y Vida que llenaban los domingos barceloneses de su infancia hicieron querer por encima de todo un salacot como los usados por el Vietcong- -luego se conformaría con el casco de la guardia urbana de Barcelona que un chófer de su padre le repintó de verde oliva- sintió siempre una profunda admiración por el pueblo vietnamita. Confeso anticomunista, explica que por enci- R ma de las ideologías está el reconocimiento de las cualidades y el valor de quienes viven y mueren por ideales tan nobles, y tan básicos, como la familia, la dignidad y la libertad. El fenómeno del comunismo en Vietnam es diferente al de otros países porque en su génesis fue la herramienta al alcance de muchos patriotas que querían sacudirse el yugo colonialista, y porque en su aplicación, y tras la intervención americana, si bien se produjeron las esperadas depuraciones políticas, no se zambulló como Rusia, China o Cuba en una desenfrenada carrera de ejecuciones y tropelías. Incluso llegó a enemistarse con su antiguo faro ideológico benefactor y vecino, China, a quien no quiso seguir en su demencial experimento de la revolución cultural Plegarse a los chinos hubiera sido fácil para un país que salía de un periodo bélico con más del 15 de su población muerta o herida, pero no lo hizo. Y en 1970 repitió su osadía cuando el gobierno vietnamita ordenó a sus tropas cruzar la frontera camboyana para liberar a sus atormentados vecinos del terror de los jemeres rojos. De nuevo, David se enfrentaba a Goliat, esta vez chino, que apoyaba a los seguidores de Pol Pot, y de nuevo salía victorioso. Hoy sigue renaciendo como un inagotable Fénix, recibiendo a los embajadores de los que antaño fueran sus enemigos y que han resuelto que a los vietnamitas lo mejor es acercarse como amigos. ¿Cómo no sentirse fascinado ante semejante currículo y ante la ausencia de odio en la mayoría de la gente? Esta falta de animadversión entre las partes no puede dejar de sorprenderme, en especial viniendo de un país como España, que aun hoy en día y por motivos tan bajos como los electoralistas, se refocila con la evocación de su guerra civil. Quizás se trate de una reminiscencia budista, pero nada en su hacer revela