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20- 21 D 7 LOS DOMINGOS DE M. FRANCISCO REINA Cultura La cultura de la obviedad ientras los fuegos del estío inician sus suaves declives, con él tenemos que lamentar las pérdidas de algunas voces fulgurantes de la cultura. Voces llenas de matices y protagonistas de la gran historia de las artes y las letras del siglo pasado y de este incipiente, como Francisco Umbral o Lucciano Pavarotti. Personalidades con un pie en la tradición y otro en el presente, que dieron el peso y la talla de la grandeza. No andamos sobrados de ellos. Su ausencia viene a hacer más leña del árbol caído de la riqueza intelectual, de la capacidad de trascendencia del ser humano, en tiempos estos, en los que imperan y se premia una cultura de la obviedad, zafia y ramplona hasta ser preocupante. Comprendo que uno no puede encastillarse en posiciones rígidas y que este tema responde a un problema global y sin soluciones fáciles. En él confluyen la cultura de lo inmediato, los medios de comunicación, con una exigencia de calidad en niveles escandalosos, y una incapacidad crítica de los consumidores, reforzada por un sistema educativo también bajo mínimos históricos, sin acuerdos de estado a largo plazo, que hace que con cada nuevo gobierno se deshaga lo anterior, sea válido o no, y no se cambie lo importante, que son los criterios básicos a exigir a los alumnos y una formación general frente a la minimización y especialización excesivas de hoy. Varias generaciones están ya perdidas, en una falta de interés por su historia y un infantilismo vital y mental que, aunque no lo crean, afecta a cuestiones básicas como el conocimiento de nuestra historia reciente, el desconocimiento de la Constitución y las instituciones, o el respeto de los derechos humanos M fundamentales. Todos somos responsables del desastre, pero quienes detentan poder, mucho más. Tampoco los intelectuales están libres de culpa, enfrascados en su propio ombligo, en sus vanidades u odios personales, delegando su responsabilidad con el mundo. No es la primera vez que alguien ha restado méritos literarios a alguna colega por insidia, considerándola ligerita de cascos o refiriéndose a otro como un maricón como si eso no hiciese más que menoscabar a quien lo dice. Se dispara contra los medios de comunicación, y no sólo ellos tienen responsabilidad. En la presentación de su novela En Primera Línea, el periodista Baltasar Magro decía que a diferencia del periodismo histórico, el periodista está condicionado por la empresa en la que trabaja; los periodistas estamos divididos en la medida en que en cada empresa forman una cuadrilla diferente, con lo que la profesión está enfrentada Yo siempre he sostenido que los medios no son perversos en sí, sino quienes hacen uso malintencionado de los mismos. A menudo he asistido al espectáculo televisivo como al de la Parada de los Monstruos Sin embargo uno se sorprende esta semana viendo cómo los insultados, periodistas de corazón acaban defendiendo valores fundamentales como el respeto a los demás y a sus distintas opciones sexuales, mientras que presuntos psiquiatras, profesionales y catedráticos como los señores Enrique Rojas Marcos, Aquilino Polaino, de la Universidad Complutense, una tal Patricia Martínez Peroni, profesora de la San Pablo CEU, o un vocal del Consejo Superior del Poder Judicial, se manifestaban con expresiones homófobas, desechadas por no científicas e inaceptables como que la homosexualidad es una aberración un desorden de la conducta que se puede modificar con terapia o el perfil psicopatológico de los homosexuales, que han sido educados por padres hostiles, alcohólicos, distantes, y por madres sobreprotectoras, sobre todo, con los hijos varones No comprendo cómo a estas alturas, y superado este tema en países desarrollados como el nuestro, que se apoyan en el Derecho Internacional y sus instituciones, estos señores no son retirados del ejercicio público por sus compañeros y asociaciones colegiadas de forma fulminante. Uno se cansa de defender lo evidente, pero en esta cultura de la obviedad es la trinchera que nos toca. El precioso mandamiento único del amor al prójimo sigue pendiente, pero la ley del hombre debe ser aplicada. Como los bienaventurados, tenemos hambre y sed de justicia JESÚS GARCÍA Economía Congoja hipotecaria ema, 35 años, dos hijas, un hermano disminuido psíquico. 800 euros de salario. 600 euros de hipoteca, a 26 años. Se sobresalta cada vez que escucha en la radio hablar de un tal Jean Claude Trichet, el presidente del Banco Central Europeo, el hombre que decide los designios de los hipotecados europeos desde Francfort. Gema es la economista jefe de su casa en Vallecas y administra con esmero lo poco que le queda tras la inyección de liquidez que supone cada mes el dinero extra de la pensión de su hermano, que es el que les permite a todos vivir en el límite. Si siguen subiendo los tipos de interés no sé qué vamos a hacer. Estamos acojonados Y en septiembre además los colegios de las niñas, los libros, los uniformes... El precio del dinero se ha duplicado en dos años, del 2 al 4 y una familia con una hipoteca de 149.000 euros a 26 años paga unos 2.000 euros más en sus cuotas hipotecarias. Los diez millones de españoles que se han embarcado en pisos al calor del boom y de unos tipos de interés en mínimos históricos ven que el euribor está en el 4,80 en sus cotas más altas en seis años. Y que los motivos de estas tensiones se encuentran al otro lado del Atlántico, en algo que les suena como es la crisis del sector inmobiliario por que de eso se está hablando ya en España. Pero en Estados Unidos la cosa está peor con las llamadas hipotecas basura- -sin garantía- -de miles de americanos que han comprado por encima de sus posibilidades. De 44 millones de hipotecas el mes pasado se ejecutaron vía judicial 286.000. Un récord y las empresas de tarjetas de crédito empiezan a estar desbordadas por la magnitud de los números rojos de algunas familias. G El problema de las subprime se ha trasladado a los mercados por que las hipotecas basura han sido usadas como activos financieros, sometidas a la especulación, empaquetadas, titulizadas y manejadas en los mercados de derivados de modo que se ha creado un castillo crediticio que nadie sabe ahora mismo a cuánto y a cuántos alcanza. La principal preocupación de los bancos centrales es recabar información sobre el impacto real de la crisis en la banca y en la economía. No lo saben y se temen una cadena de impagos, amén de una drástica caída del consumo americano que podría devenir en una recesión mundial. Por lo pronto, el mercado en el que se prestan dinero los bancos- -el interbancario- -está seco. Han dicho adiós a la época dorada del crédito. Hay desconfianza y los bancos centrales tienen que acudir una y otra vez en auxilio de los bancos comerciales. La OCDE y el FMI han revisado a la baja las expectativas de crecimiento de los países más industrializados. En España, una de las economías más saneadas, pero también más recalentadas de la zona euro, la incertidumbre empieza a instalarse en algunos sectores. Han cerrado un 10 de las más de 60.000 boutiques de venta de vivienda que crecieron al amparo de la fiebre del dinero barato y cientos de promotoras pequeñas están siendo liquidadas. La preocupación es tal que las 14 mayores inmobiliarias del país se han unido para crear un lobby y contrarrestar este pesimismo reinante. En Estados Unidos hay tres millones de personas que pueden perder sus casas por impago de hipotecas. Hasta el Gobierno de Bush, siempre ajeno a la intervención, se ha visto obligado a salir en supuesta defensa de los damnificados de un sistema engordado al amparo de la euforia crediticia sin freno. En España, Pedro Solbes ha advertido de los malos tiempos para la lírica económica, de la incertidumbre que puede tornarse en señal de fin de ciclo. La clave está en el desempleo. Si crece y cae el consumo, con una inflación que vuelve a galopar y un déficit por cuenta corriente mastodóntico, sectores como el constructor y el inmobiliario pueden entrar en barrena y muchos hipotecados podrían tener créditos por un importe superiores al precio en mercado de sus pisos. Eso es lo que pasa en Estados Unidos, amén de que la subida de tipos ahoga a las economías familiares. Desde Winsconsin a Vallecas hay muchas Gemas con ahogo a final de mes. Pura congoja hipotecaria mientras que el BCE ha aplazado su próxima subida de tipos.