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9 9 07 OPINIÓN TIRA Y AFLOJA Por César Oroz PILAR CERNUDA Política Elefante en cacharrería urante un tiempo tocó insistir en la necesidad de un cambio en la política territorial; luego la apuesta se centró en negociar la desarticulación de ETA, porque dijo y sigue diciendo el presidente que había que aprovechar la oportunidad, que contaba con información que aseguraba que la banda terrorista estaba dispuesta a negociar su punto final. Y ahora toca hablar de las cuestiones que afectan al bolsillo, así que el presidente se ha largado un mitin en Rodiezmo en el que nos ha contado el país de las maravillas que va a construir cuando vuelva a ganar las elecciones. Paralelamente a esas iniciativas, el PP en su momento hizo una oposición demoledora a la reforma del estatuto catalán- -no tanto a otros- -con recurso al Constitucional incluido; intentó sacar los colores a Zapatero cuando creyó ver que el presidente se extralimitaba en sus negociaciones con los etarras, no cumplía con las condiciones que le había marcado la resolución parlamentaria y además, según el PP, engañaba a los ciudadanos al negar lo que era obvio, con ETA se estaba negociando políticamente del derecho y del revés. Y ahora, cuando lo que preocupa es la economía porque llegan tiempos de vacas flacas y de apretarse el cinturón, tanto Zapatero como Rajoy han levantado la bandera de las promesas electorales. Con una diferencia: Zapatero basa la mayoría de ellas en poner más dinero del Estado para paliar los problemas, como si el Estado fuera un saco sin fondo dispuesto siempre a la subvención; Rajoy, en cambio, quiere una España que se esfuerce por ser más productiva y competitiva y, por tanto, no peligren los empleos ni los salarios, que es- D tos días han dado un disgusto a Caldera con los datos del paro en agosto- -no hay quien se crea que se deben al mal tiempo- -y con los informes que recogen que han disminuido los contratos indefinidos, que son los que de verdad importan. Rajoy, que ha regresado de vacaciones con intención de imponer autoridad y no permitir ni una salida de tono- aceptaré sugerencias, pero no presiones Ya se le dijo a Zapatero en todos los idiomas del mundo que la política magrebí es delicada, pero ni caso venía muy concienciado respecto a las cuestiones del bolsillo. Justo antes de irse de vacaciones a Galicia le fueron a ver un grupo de empresarios inmobiliarios importantes, relevantes, de tronío. Y le contaron que la venta de pisos había disminuido en un 50 por ciento en los últimos meses, y eso llevaba a que el ritmo de la construcción cayera por su propio peso y, por tanto, miles de personas se quedarían sin trabajo, la mayoría de ellas inmigrantes. Un desastre. Por eso regresó Rajoy de Galicia con el discurso económico bien preparado, consciente de que ahí es donde va a estar la preocupación de los ciudadanos en los próximos meses. Pero no solo inquieta ese sector, sino que perdemos presencia en el exterior- -hace tiempo que están sonando las alarmas pero Zapatero no quiere oírlas- -y eso significa no solo que nos apartamos de la posibilidad de ser miembros del G- 8 ampliado, como hemos estado a punto de ser, sino que desde Argelia nos pegan un palo monumental con la cancelación de los contratos de Repsol y Gas Natural para explotar los yacimientos de Gassi Touil, una pésima noticia. Y eso que se le había dicho a Zapatero en todos los idiomas que la política magrebí es extremadamente delicada... pero no hizo caso, entró como elefante en cacharrería pensando que, como siempre, tenía bula. El que no tiene la menor intención de entrar en ningún tipo de cacharrería es Rodrigo Rato, tan incómodo con las especulaciones sobre su futuro, que ha cancelado algunos actos previstos como director gerente del FMI para evitar dar pie a los que digan que está en la estrategia de dejarse presionar para volver a la política. Que no, que no vuelve. Que no.