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2- 3 D 7 LOS DOMINGOS DE REUTERS do en más de 20 millones de dólares al llegar a la Casa Blanca, el que hace el número 43 en la lista de presidentes recuerda que su padre, el 41, se cotiza muy bien en el negocio de las conferencias pagadas y que Clinton está haciendo un montón de dinero Su intención es tener una buena casa en Dallas, desde donde organizará su propia FAES en forma de un fantástico Instituto de la Libertad dedicado a promover la causa de la libertad por el mundo. Además de entregarse a placeres imposibles por ahora, como conducir su propio coche o perderse en su rancho. Aunque antes de recuperar el lujo de aburrirse, Bush insiste en que su prioridad es estabilizar Irak. Su esperanza es que, con el refuerzo de tropas, se muestre que hubo avances sustanciales entre octubre y noviembre. A ver si así logra apartar la opción de una retirada militar del debate electoral en curso para determinar el próximo ocupante de la Casa Blanca. El libro de Draper y las transcripciones de sus conversaciones presidenciales facilitadas al New York Times también confirman las preocupaciones de Bush sobre cómo será juzgado por la historia, a pesar de que el mandatario suele declararse ajeno a cuestiones de legado o imagen. El presidente atribuye sus actuales niveles de impopularidad al resultado natural de sus necesarias decisiones. Si bien a su juicio la cuestión fundamental no es su popularidad, sino si el mundo mejoró con su liderazgo. En estas comentadas confesiones, Bush reconoce toda clase de momentos emocionales, depresiones e incluso dudas privadas. Y aunque en su trabajo no se puede tener mucha autocompasión no duda en admitir que ha llorado a menudo durante su presidencia, sobre todo por el coste humano que habrían provocado algunas de sus decisiones. Presiones que sobrelleva con ayuda de su fe religiosa y del respaldo de su esposa. Bush también confirma la soledad del poder dando la razón a la famosa pero cínica frase de que si alguien quiere tener un amigo en Washington, es mejor que se consiga un perro. Desde un sentido de responsabilidad solitaria, el presidente también parece encarar los reproches de haberse dejado embaucar en la guerra de Irak por un obsesionado grupito de neoconservadores: Solo hay una persona que puede decidir y esa persona es el presidente Además de desmentir con vehemencia que haya gobernado sometiendo decisiones clave al voto de sus asesores de confianza. Un llamativo remordimiento de Bush sobre Irak es el desmantelamiento en mayo del 2003 del Ejército y la Policía de Sadam, con el consiguiente caos e incentivo para la insurgencia. A pesar de increíbles lagunas en su memoria, el presidente no hace suya esa decisión. Lo cual ha generado la amarga reacción de Paul Bremer, ex procónsul americano en Bagdad, desmintiendo que esa fatídica y precipitada decisión fuera exclusivamente suya. Bremer llega a enmendar a Bush con una serie de cartas que desmienten la aseveración de que él disolvió las fuerzas militares de Irak sin el conocimiento o respaldo de la Casa Blanca. En este ambiente de fin de régimen, el libro de Draper también revela las grandes dudas del gurú del presidente, Karl Rove, sobre la elección de Richard Cheney como vicepresidente con extraordinarios poderes. Mientras Cheney se lamenta del nombramiento de Bremer en lugar de un gobierno provisional iraquí. O el resentimiento de la primera dama hacia Karl Rove, a quien siempre consideró como un mal necesario ansioso de protagonismo. Este caudal de incómodas revelaciones de recta final se extienden a Condoleezza Rice. En otro libro que está dando que hablar, The Confidante (Saint Martin s Press) del corresponsal diplomático del Washington Post Glenn Kessler, la secretaria de Estado es presentada como una mujer con un muy limitado éxito a la hora de solucionar los graves problemas internacionales que ella misma habría ayudado a crear durante el primer mandato de Bush. Y en esta misma racha, el ex asesor legal de la Casa Blanca, Jack Goldsmith, también detalla en un nuevo volumen The Terror Presidency Ed. Norton) los continuos esfuerzos para expandir los poderes del Ejecutivo y obtener el respaldo del Congreso a cuestionables estrategias antiterroristas. A partir de todo este todo alarde de novedades editoriales plagadas de ajustes de cuentas, revisionismos y construcciones interesadas de reputaciones, no falta combustible para la hoguera de vanidades que ilumina Washington. Sin olvidar la certeza absoluta de un presidente que, a diferencia de Clinton, promete que en seis años no me van a encontrar pasando el rato en el lobby de la ONU (Más información en página siguiente) Rove, Cheney, Rice... Éxodo en la cúpula P. R. Con un año y medio de gobierno pendiente, la Administración Bush acumula en estos momentos una larga lista de puestos vacantes empezando por el decisivo puesto de fiscal general de Estados Unidos tras la dimisión del desacreditado Alberto Gonzales. Además, a estas alturas, también ha quedado diezmado el grupo de personas de confianza de la Casa Blanca procedentes de Texas encabezado por el asesor electoral Karl Rove. Durante este año, según la Oficina de Responsabilidad del Gobierno, se han acumulado más de noventa dimisiones en la cúpula del gobierno federal. Un éxodo asociado con el cansancio de seis años y medio de sacrificado trabajo y las tentadoras oportunidades de rentabilizar toda esa experiencia en el sector privado. La situación ha llegado hasta el punto de que el jefe del gabinete de la Casa Blanca, Joshua Bolten, se ha visto obligado durante el verano a establecer una especie de ultimátum. Con la insistencia de que los altos cargos que retengan sus puestos después del Día del Trabajo (3 de septiembre) quedan comprometidos a servir hasta el final del mandato de Bush. Junto a la búsqueda de un titular para el Departamento de Justicia, la Casa Blanca también tiene vacante la cartera que supervisa las prestaciones sociales de los veteranos militares, la presidencia de la Comisión de Seguridad de Productos de Consumo y un puesto en la Comisión Federal de Elecciones. Situación que demuestra las dificultades de encontrar fichajes dispuestos a pasar por contenciosos procesos de confirmación en el Congreso dominado por la oposición. Además del atasco de casi un centenar de confirmaciones pendientes en el Senado.