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D 7 2 9 07 En el ámbito de la danza, es uno de nuestros grandes talentos. Artista de robusto carácter y espíritu entusiasta, Antonio Márquez (Sevilla, 1963) lleva años transitando por los escenarios españoles al frente de su propia compañía, con la que ha rodado, también, por múltipes rincones del planeta. Fue figura en el Ballet Nacional de España y estrella en distintas formaciones internacionales, hasta que en 1995 se lanzó a la aventura de crear una compañía a su medida, con la que, recientemente, se ha presentado en la capital. Asegura que la suya es una carrera de fondo, y lo dice como si, en su caso, lo mejor estuviera por llegar GUTIERREZ Y DE LA FUENTE 32 D 7 LOS DOMINGOS DE Antonio Márquez BAILARÍN La valía se pierde bajo el divismo ISABEL GUTIÉRREZ- -Al frente de su compañía, acaba de pasar por Madrid. ¿Teme lidiar en plazas como ésta? -Madrid me provoca sentimientos de todo tipo, aunque, básicamente, estoy agradecido a esta ciudad, pues aquí he logrado mi parcela, mi rincón. Desde aquí se me ha reconocido. ¿Y se reconoce, hoy, en el chaval que fue, el que nació en Sevilla y se crió en Ibiza? -Me reconozco como un chico en el paraíso. Aquel era un lugar totalmente virgen donde crecí cerca de la familia, pero con una libertad asombrosa. Por allí pasaba gente de todo tipo y de todos lados. En Ibiza aprendí y vi cosas que, quizás, en Sevilla no me hubieran permitido. ¿Bailar entraba en sus planes para cuando se hiciera mayor? -Entró en mis planes cuando, en una escuela, vi al que luego sería mi maestro, Paco Torres. Más que bailar, me parecía que estaba toreando. Eso me hipnotizó. ¿Bailar duele? -Mire, he fallado a muchas cosas en mi vida, pero jamás he fallado al baile. Porque el baile me compensa y me sana: me quita ese malestar, esa fiebre, ese dolor de cabeza, esos malos rollos que en ocasiones, y por tonterías, se generan en esta profesión tan bonita a la que rodean demasiadas cosas desagradables. Bailar no duele: libera. Pero lo que hoy en día rodea al baile, y en general al espectáculo, duele bastante. ¿Por qué? -Porque muchas veces no puedes hacer lo que verdaderamente quieres. Porque por circunstancias, muchas de ellas políticas o puramente personales, se obstaculiza a artistas que pueden aportar mucho. El público no tiene que cargar con esa culpa. ¿Por eso se define usted como un bailarín de raza y no de photocall -Eso se refiere a que he aprovechado más el tiempo dedicándome a mi trabajo que a los medios. Si hubiera actuado de otra manera, quizás todo hubiera sido mucho más rápido, pero también puede que ya hubiera desaparecido. SIGEFREDO El escaso reposo del guerrero Es difícil que me relaje, y es que tengo una energía que no me deja tranquilo. No puedo permitirme el lujo de parar e irme quince día de vacaciones; pegarme una paliza de muerte y, luego, tumbarme a la bartola durante semanas. Lo que me gustaría es que mi compañía encontrara una continuidad, alguien que, poco a poco, fuera tomando el relevo La mía es una carrera de fondo. Para perdurar, hay que aguantar y aguantar. ¿Qué es lo más bonito que le han dicho? -Lo más bonito no es nada de ¡viva la madre que te parió! y cosas de esas. Lo más bonito es ¡viva tus meniscos! De cualquier manera, el mejor piropo es la cara de satisfacción que se le queda al espectador cuando ha disfrutado de lo que ha visto. ¿Es mitómano? -No, jamás lo he sido. Más que al artista, valoro al público. Esas personas que te siguen con fidelidad. Algunos, de hecho, van detrás de uno a todas partes. La verdad, yo no lo entiendo, pero lo respeto muchísimo. Y, sí, hay gran- des artistas que me gustan, pero será que el roce y la amistad es suficiente para no idolatrarlos. Por eso me quedo de piedra cuando enciendo la televisión y veo lo que por allí desfila. De muchos de ellos, me pregunto cómo congregarán a tanto fan. -Es que eso es lo que tiene la tele, poder de convocatoria. -Qué curioso, los hay famosos sin hacer nada. Si se subieran a un escenario, seguro que lo llenarían. ¿A quién es capaz de dar un buen consejo? -A los jóvenes. A los nuevos talentos les aconsejo que no se olviden de que somos personas normales con un don, igual que otro puede tener el don de curar o de escribir. Nuestro don es el de bailar, alegrar la vida a aquellos que quieren pasar un buen rato viendo un espectáculo. Y no creerte nada más. Toda valía se pierde bajo el divismo. Para ser un buen artista, no hay que ser un dios, sino una persona. -Fuera de España, ¿tiene dotes de conquistador? -Fuera de España, no son tontos. Aunque nuestra cultura no es la suya, no les resulta ajena. Tienen muchos conocimientos. Fuera hay que hacer otra carrera de fondo. Si quieres conquistar un país, no puedes llegar como Dios. Tienes que ir rinconcito a rinconcito, un teatrito, una plaza, un pueblo... En los 12 años que llevo con la compañía, no hay un año en el que no haya bailado en Italia tres y cuatro veces, con giras de un mes, quince o veinte días. ¡Dios mío! ¡y que en tu propio país no puedas hacerlo... ¡Que siempre te pongan impedimentos! ¿Hay algo ajeno a la danza que le interese? -Me encantan los misterios de la tierra. Siempre miramos a las nubes, siempre invertimos más tiempo en pensar en lo que hay arriba que en lo que hay abajo. ¡Hay tantas cosas que me maravillan! Me quedo extasiado con los que investigan para los demás, los que se entregan a los demás, los que constantemente están salvando vidas en el anonimato. Y que otros nos creamos el centro del universo... Es lamentable.