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26- 27 D 7 LOS DOMINGOS DE cuadro donde predominan los colores blanco y azul (aunque su nombre, Greenland, signifique tierra verde convertidos en símbolos (las iglesias luteranas están decoradas con ellos) Estos mismo colores son los primeros que capta la retina del viajero- -si tiene la suerte de contar con un día despejado- -poco antes de aterrizar en el aeropuerto de Nasarsuaq, punto de partida de muchas de estas expediciones de aventureros urbanos. Desde este punto comienza un itinerario que se desarrollará a lo largo de los numerosos fiordos- -en barco o kayak- contemplando a lo lejos las cabezas emergentes de las focas, mientras el avistamiento de ballenas es casi anecdótico, ya que estos cetáceos se han alejado en busca de aguas más frías; y por tierra- -trekking- donde se pueden contemplar caribús (renos) y liebres polares, entre otros animales. El recorrido pasará por poblaciones como Nanortaliq (donde se encuentra la primera fuente construida en la isla) y Narsaq; recalará en los espectaculares fiordos de Tassermiut, después de hacer una parada en las termas de la isla de Unartoq, y Qaleragdlit, donde se encuentra el impresionante glaciar- -venido a menos- -del mismo nombre. Es en estos dos últimos puntos donde se produce la verdadera comunión con la naturaleza, pues son lugares aislados a los que sólo se puede acceder por barco. No disponen de ningún tipo de infraestructura- -hotel, albergue- sólo de un campamento de pequeñas tiendas que deberán resistir al frío, la lluvia y el viento. Tres elementos que determinarán el curso del viaje, pues impedirán la salida de barcos y aviones; y por consiguiente, modificarán la agenda del viajero, obligándole a convivir de manera más sosegada con sus anfitriones, los inuits, habitantes de estos pequeños pueblos de casas multicolores construidas con madera, siempre preparados para entablar conversación con quien se preste, chapurreando un poquito de inglés. Si la suerte acompaña, se puede disfrutar de las auroras boreales, un fenómeno espectacular- -quizá el más codiciado por el viajero- -que se produce cerca de los polos magnéticos (Norte o Sur) creándose en el cielo fantasmagóricas figuras, en distintos colores. Se suelen producir cuando la oscuridad es más profunda (preferentemente a partir de septiembre) En agosto, la fortuna nos acompañó y se pudieron contemplar desde el albergue de Nasarsuaq. Un broche de oro para una experiencia única que debe defenderse de la masificación, verdugo indiscutible de aventuras como ésta. Clima extremo Las casas de colores forman parte del paisaje de Groenlandia. En la imagen, Nanortaliq blación de Groenlandia asciende a tan sólo 56.000 personas. Pero el silencio también desaparece por otras causas más loables. Lo hace soterrado por los espectaculares sonidos de la naturaleza. Las bandadas de gaviotas se convierten en un escandaloso coro que sirve de preludio al sonido provocado por el deshielo y desmoronamiento de los glaciares. Lenguas de hielo que se convierten en una prolongación del Inlandis (un enorme desierto helado que se extiende 2.500 kilómetros de norte a sur, y mil kilómetros de este a oeste, alcanzando un espesor de hasta 3.000 metros, lo que le convierte en la superficie glacial más grande después de la Antártida) Sus derrumbes, externos e internos, que sonoramente se pue- Una parada para darse un baño en las termas de la isla de Unartoq den asimilar a los truenos de una tormenta, no cesan ni de día ni de noche. Pero el caos también deja paso a la calma y a otros matices, como el sonido del discurrir de los ríos que fluyen en el corazón del Inlandis. El agua, en todas sus formas- -sólida, líquida y gaseosa (la niebla hace acto de presencia con tanta rapidez como desaparece) -se manifiesta como la gran protagonista de este