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18- 19 D 7 LOS DOMINGOS DE Marzo de 1946. Von Ribbentrop se inclina para hablar con su abogado, ante un impasible Rudolf Hess, mientras Herman Goering habla con Karl Doenitz, con gafas oscuras rrespondía, por tanto, como a los otros, tener dos miembros en el Tribunal de Nuremberg. En el proyecto y en su organización inicial no tuvieron mucho protagonismo y yo creo que lo prefirieron, ya que estaban también las historias de Vichy, que podían resultar un poco incómodas. Las incomodidades mayores, sin embargo, afectaban a los rusos, y por eso, entre otras razones, se resistieron a aceptar el proceso. Temían que cuando se acusase a Alemania de haber atacado de repente a Polonia y los Estados bálticos, cualquiera de los procesados recordara que lo habían hecho ayudados por los soviéticos, con dos de sus representantes en el tribunal. Fueron, por lo tanto, los americanos quienes se encargaron de preparar y estructurar la parte jurídica, e incluso logística, del proceso de Nuremberg. El presidente del jurado fue el juez estadounidense Jackson. Sin la documentación que encontraron los aliados en las oficinas de los ministerios o en otros lugares oficiales- -especialmente en Wilhemstrasse- -el proceso no hubiera salido adelante, ya que el sistema jurídico americano exige muchas pruebas, no siempre fáciles de aportar. La necesidad de revisar, seleccionar y evaluar toda la documentación hizo que el proceso se alargara mucho y desorientara a la opinión pública. En el momento de iniciarse el proceso los acusados eran 23. Pero en el banquillo de la primera audiencica del Palacio de Justicia sólo se sentaron 21: Robert Ley se suicidó en su celda; Gustav Krupp, el famoso industrial, fue retirado por enfermedasd, ya que su físico no le permitía moverse. Se pensó en sustituir a Krupp por otro industrial, pero, al final, en el paquete de Nuremberg no hubo nadie en representación de los hombres de negocios que ayudaron a Hitler fabricando enormes cantidades de armas pesadas y de todo tipo. Me propuse captar, debido a la monotonía del proceso, no sólo su parte humana, sino, en la medida de mis posibilidades, la atmósfera que allí se respiraba, algo que, a diferencia de las pruebas positivas que estaban a disposición de todos los periodistas, enseguida se pierde y se olvida. A continuación ofrezo en su integridad uno de los artículos que publiqué, que refleja mi intento por ofrecer al lector una visitón un poco diferente. Los procesados en el Carnet de un Corresponsal: Goering (4 de diciembre de 1945) Nuremberg 3, 10 noche. Según cálculos de los más enterados, el proceso de Nuremberg, que el próximo día 20 se suspenderá por quince días, no terminará sus sesiones antes del mes de marzo. La labor y, sobre todo, la documentación es enorme y para el solo caso de Checoslovaquia, que se se ha empezado hoy, el Ministerio Público presenta más de 60 documentos- -algunos firmados por Keitel- cifra que no es de extrañar cuando se sabe que los aliados aportarán en conjunto más de 2.000 documentos para montar la prueba de la preparación por los nazis de una guerra general de agresión Hago examen de conciencia: ¿Por qué observo durante tantas horas fríamente a estos veinte hombres? ¿Lo hago exclusivamente para servir a mis lectores? ¿No habrá en ello una gran parte de cu- ABC Aquel año, en la Europa central hubo una gran helada- -fue uno de los más fríos del siglo- -y aún conservo aquella impresión sobre la piel. Era difícil escribir ¿Por qué observo durante tantas horas fríamente a estos veinte hombres? ¿Lo hago exclusivamente para servir a mis lectores? ¿No habrá en ello gran parte de curiosidad? riosidad? Por otro lado, el cercado de los bancos de los procesados no encierra solamente a veinte hombres. Encierra- -salvo por la falta de cinco o seis hombres- -la historia de Europa durante casi diez años. Diez años decisivos para Occidente, como diría Spengler, otro germano. Y encierra también el pensamiento secreto y testarudo de esta numantina Alemania, que ha preferido hundirse en sus propias ruinas o encerrarse en campos de concentración a perder un solo eslabón. Una Alemania vencida, a la cual los aliados desesperan ya de ver convencida Los propios americanos, también movilizados por su liberalismo, ya ni siquiera lo intentan. Una Alemania- -me hierve desde hace días la palabra- -trágica. Una Alemania que se ofrece ante mí con nitidez y precisión, líneas que únicamente tienen las tragedias, que sólo porque están faltas de claroscuro no son dramas. Todo ha sido fatal y directo, sin que en el camino se hayan presentado derivativos condicionales. En ese invierno desolado de ruinas- -nada se evoca mejor en Nuremberg que una pintura surrealista de Salvador Dalí- -no hay ni la sombra de una cosa amable, ni la luz de una esperanza. No hay ni lágrimas, casi