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2 9 07 CLAVES DE ACTUALIDAD Álvaro Soler ante la armadura del caballo del príncipe Don Carlos, hijo de Felipe II, hecha en Nuremberg a mediados del XVI. Irá a China junto a otros tres caballos armados Poder y lujo POR VIRGINIA RÓDENAS FOTOS: JULIÁN DE DOMINGO Vuelve el caballero (armado) Cuando se cumplen 95 años del último torneo caballeresco celebrado en España, el alma de la Armería Real sale por primera vez de Palacio para enseñar a China el poder y el lujo del imperio español del XVI y, de paso, hacerle un guiño al imperio comercial del XXI la luz del sol poniente desfilaron todos los grupos de participantes entre los aplausos de miles de espectadores Era domingo, 8 de septiembre de 1912, cuando en la Lonja del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial se cumplía con la liturgia final del último torneo caballeresco celebrado en España. José María Florit, que fuera conservador de la Real Armería, representó a Felipe II, la Infanta Isabel Clara Eugenia estaba encarnada por la señorita de Borrell, un tal Lauffer se metió en el pellejo del archiduque Alberto, y el Príncipe Felipe revivió en el niño Echineque. La Infanta- -re- A coge la crónica de La Ilustración Española y Americana -iba acompañada de una corte de bellezas... En liza, el mantenedor (Vianor Sánchez Mesa) con el nombre de el Caballero de San Lorenzo y el señor Ibarrola, con el de Caballero de San Andrés Ambos se presentaron cubiertos de brillantes armaduras y acompañados de sus escuderos, armados igualmente; rompieron las lanzas convenidas, luciéndose todos como consumados jinetes en este torneo, en el de espadas (combate a pie) y en el juego de la rosa De todo ello fue testigo de excepción la Infanta Isabel La Chata quien, como da fe el cronista, salió complacidísi- ma y felicitando a cuantos habían tomado parte en tan culta y artística fiesta evento con el que se conmemoraba otro torneo que debía de haberse celebrado en 1593 en honor de la hija del Rey y su esposo, y con el que tres siglos después el municipio escurialense obsequiaba, tocando el estío a su fin, a la colonia veraniega. Eran los últimos coletazos del espíritu romántico que desde la primera mitad del XIX, tal y como explica Álvaro Soler, sucesor del ilustre Florit y actual conservador jefe de la Armería Real, anhelaba algunas formas de vida y manifestaciones propias, sobre todo, del bajomedievo y primer renacimiento