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14- 15 D 7 LOS DOMINGOS DE Entre los universitarios no es difícil encontrar amantes del idioma de Cervantes ABC Costa de Marfil POR CÉSAR JUSTEL Español, segunda lengua Recitan párrafos de El Quijote, piden más libros en castellano y se quedan prendados de nuestra lengua al son de la música sudamericana. En Costa de Marfil y Senegal cunde la fiebre por aprender español en detrimento del inglés, que ya no les gusta tanto egún el Instituto Cervantes hay 14 millones de estudiantes de español como lengua extranjera en el mundo. De ellos, seis millones están en los Estados Unidos, uno en el Reino Unido, dos en Francia, y medio millón en Alemania. Pero la sorpresa llega en Africa. Allí lo aprenden otro medio millón de estudiantes, de los cuales 235.000 están en Costa de Marfil y 100.000 en Senegal. Los dos países africanos donde más crece el interés por el idioma de Cervantes. El francés es la lengua oficial en Costa de Marfil, luego está el inglés y a continuación el español. Es en la enseñanza secundaria (alumnos entre los 12 y los 19 años) donde una segunda lengua se hace obligatoria y la mayor parte de los alumnos se decanta ahora por el español. Fue en 1968 fue cuando se creó un departamento de español en la Universidad Nacional de Abidján, principal ciudad del país, tras la capital, Yamoussoukro. También hay estudios de español en la localidad de Bouaké. En la universidad de Abidján es fácil encontrar a es- En estos momentos el acento español tiene otro sentido, más allá del cultural. Un total de 15.000 niños de la República fueron vacunados este verano contra la meningitis AC, las fiebres tifoideas y la fiebre amarilla en zonas norteñas donde ha habido hasta ahora más epidemias. La iniciativa fue de la ong española Africa Arco Iris que ha realizado, con este año, la tercera campaña de vacunación en el país. Para llegar a su destino, el equipo de vacunación debe recorrer cientos de kilómetros y pasar controles policiales vigilados por el ejercito. Cuando llega el equipo de vacunación español, los jefes y los notables de las aldeas están, con sus mantos y sus coronas doradas, sentados en la gran plaza mientras cientos de niños esperan en largas filas. Saben que muchos se salvarán aunque, desgraciadamente, nunca hay vacunas para todos (el precio de una vacuna multidosis es de 4,80 euros mientras que la de la fiebre amarilla sube a 7,70) Las aldeas se esfuerzan en mostrar su agradecimiento: En el nombre del jefe y de la población aquí presente yo os hago la tradicional akwaba (bienvenida) El jefe derrama aguardiente en el suelo. Luego vienen los discursos, las danzas y al final. la vacunación. Los pediatras pinchan a los niños (de seis a doce años) pero ninguno se queja y se marchan con el certificado de vacunación. Para ellos es fiesta. S tudiantes que te recitan párrafos de El Quijote, piden libros en castellano, y solicitan tu correo electrónico para escribirte, o por si alguna vez consiguen saltar a Europa, que es la aspiración de casi todos ellos. La razón de este interés, que también se da en el vecino Sene- gal, Togo, Burkina Faso o Benínparece deberse a que durante la época de relaciones con Cuba se potenció su estudio, ya que aquél país ofrecía becas a estudiantes que así podían viajar a la isla. El gusto por la música sudamericana también ha influido en esta elección. Esperanzas y conflictos La llegada de médicos españoles para vacunar es una fiesta ABC Con 18 millones de habitantes y una extensión parecida a la de Alemania, Costa de Marfil intenta salir de un conflicto entre el norte, de mayoría musulmana y donde están las principales plantaciones de cacao, y el sur, donde reside el gobierno. Actualmente el presidente del país es Laurent Gbagbo que ha nombrado primer ministro a Gillaume Soro, jefe de la guerrilla. Pero esta no ha desaparecido. Curiosamente, en un país castigado por la guerra civil y la crisis económica destacan obras faraónicas como la Basílica Notre Dame de la Paix en la capital Yamoussoukro, que es una réplica de la de San Pedro del Vaticano, y al lado el palacio del antiguo presidente con una de las mayores mezquitas de África. Medio olvidados hay varios cooperantes españoles que han decidido quedarse en el país para intentar ayudar sobre todo desde el punto de vista sanitario donde falta de casi todo. Quien sabe bien de esto son el sacerdote Francisco González que lleva 23 años en Costa de Marfil o Pilar Donoso que dirige un dispensario desde hace más de veinte años.